• Mariee Gómez

Mira en el espejo...


¿Te has visto en el espejo últimamente? ¿Has notado lo valioso que eres como ser humano? Espera... ¿no lo notas aún?

Hace unos días estaba pasando por esos momentos increíblemente melancólicos en que no sabes si salir huyendo o si llamar a alguien o si buscar a ese ser que sabes que no tienes que buscar y se te viene encima una tanda completa de emociones negativas que te hacen cuestionar mil cosas. ¿No te ha pasado que justo cuando estás pasando por un mal momento es cuando de una forma u otra ves a todos los demás felices y realizados con su situación actual? No sabes si se trata de un juego de tu imaginación o si en efecto está dándose una buena racha de situaciones para los demás o si saben ocultar muy bien sus problemas porque en redes sociales sólo ponen lo bueno, pero de la nada todo parece estar bien en el mundo, menos tu vida. Si estás pasando por una ruptura amorosa notas que todos están felices con sus parejas o están comprometiéndose o casándose, si acabas de perder tu trabajo de la nada todos están con aumentos de posición, nuevas oportunidades o hasta becas para el extranjero y si estás teniendo problemas financieros o algo un tanto más personal la mayoría de tus amigos andan de viaje, ganando premios o exteriorizando que su vida es color de rosas. A mí me ha pasado bastante y es un sentimiento tedioso. Llegas a un punto cumbre en que te cuestionas, ¿por qué no puede estarme pasando todo eso a mí? ¿Por qué yo, en cambio, tengo tantos conflictos sin resolver?

Como les comentaba, este bajón emocional me tomó desprevenida y por un lapso de dos días me hizo cuestionarme muchas cosas de mi vida. Con todo y que sé que tengo muchas virtudes y bendiciones desde distintos ámbitos empecé a preguntarme a mí misma de forma algo grosera por qué hay cosas en mi vida actual que no están como yo quisiera. En ese momento mi historial de cosas por hacer o de asuntos que me hacen sentir mal se hizo más notorio que nunca. Me sentía estancada, sola, me puse dramática y empecé a interrogarme a mí misma. ¿Por qué no hiciste esto? ¿Por qué no cediste a lo que te pidió? ¿Qué pasa conmigo?¿Cómo llegaste a sentir de tan poco valor?

Tantas preguntas y auto ataques me llevaron a volver a un estado anímico que no tenía desde inicios de año, un sentimiento de culpa y de ganas de volver el tiempo atrás para cambiar cosas y hasta hacer cosas que sabía que no iban a ser las correctas o las más dignas sólo para sentirme un poco más lejos de ese vacío emocional que estaba enfrentando y de mis demás ataques personales. Entonces, sin saber el motivo (quizás Dios me llevó hasta allí) me levanté de mi cama y sin pensarlo mucho me paré junto al espejo. Un espejo de cuerpo completo con acabados de madera adorna mi cuarto, ese mismo espejo dónde me veo todas las mañanas mientras me maquillo o dónde doy un último vistazo de cómo se ve mi “outfit” completo, ese mismo espejo que tenía frente a mí ahora tendría una acción diferente. Me coloqué frente al espejo, no tenía maquillaje, aún vestía mi pijama de la noche anterior y las ojeras se asomaban de forma brutal por llorar tanto. Me quedé allí viéndome, analizándome y después de unos minutos comprendí algo. Valgo mucho. De verdad soy una persona que vale mucho. Sonreí frente al espejo y pude sentir una paz interior muy fuerte y recuerdo haberme dicho a mí misma: “El tiempo de Dios es perfecto, ámate”. Creo que a partir de esa frase todo tuvo sentido. A veces olvidamos lo valiosos que somos como persona. Y no lo digo en un sentido de superioridad o de sentirse mejor que todos ni caer en el narcicismo, pero existen muchos jóvenes que están pasando por tantos problemas emocionales, profesionales o de otra índole que llegan a ese punto letal en que se cuestionan su dignidad o si merecen algo bueno en la vida. ¿Cuántas personas persiguen parejas que les han hecho daño emocional o incluso físico sólo porque piensan que nadie más los va a querer? ¿Conoces a algún amigo o amiga que no logra zafarse de su melodrama amoroso porque va y viene con su pareja y no lo deja ir por miedo a quedar solo o sola? Esta situación es seria y creo que todos hemos llegado a sentirnos poca cosa o a dudar de nuestras virtudes al punto de estar dispuestos a aceptar cualquier cosa sólo porque no nos sentimos aptos para una mejor vida o una pareja que te quiera de verdad o mayores oportunidades.

Estamos durmiendo en una pesadilla cuya única forma de despertar es por nosotros mismos. Y es tiempo de levantarnos de la tumba emocional que tanto nos atasca y explorar nuevas aventuras, conocer personas cuyas personalidades serán geniales, darse la oportunidad de ver el amor en otra persona que te valore de verdad y de esperar en Dios, porque cada realidad es distinta y no todos cabemos en el mismo tren. Al final, la vida no se trata de alcanzar todos un estilo de vida que es el ideal, sino de buscar y conquistar nuestros propios sueños conforme a la voluntad de Dios pero viviendo cada día con alegría y buscando aprendizajes. No te frustres si aún no tienes trabajo o si no llega esa persona ideal, el tiempo de Dios es distinto para cada persona y eso trae distintas enseñanzas desde la realidad de cada uno. Empieza a verte en el espejo cada día y más que ver el maquillaje, la ropa o si estás subido de peso, mira lo increíble que eres, eres maravilloso ante los ojos de Dios y mereces amor, éxito y una vida llena de bendiciones y alegría. Dios te bendiga, ¡a sonreír más!