• Mariee Gómez

El clic de la discordia


Las redes sociales son para publicar. Quien tiene redes sociales y no publica nada, o no comprende el concepto o simplemente le gusta ser “stalker” de sus cuentas seguidas o amigos. Día a día publicamos fotos, vídeos, compartimos pensamientos y nos exponemos un poco al mundo social. Y aunque existen políticas de privacidad muy eficientes que nos permiten restringir lo que publicamos a ciertas unidades por motivos personales o de cuidado, en general, lo que llegas a “postear” en redes lo verán un número significativo de personas. Necesariamente no necesitas ser alguien famoso o “influencer” para que lo que publicas sea tomado en serio. Tus amigos, conocidos y demás seguidores pueden hacerse una idea bastante clara de cómo andas en posición a ciertos pensamientos o ideologías solo por ver qué cosas publicas y compartes. Con un simple clic puedes exponer tus emociones, tu status sentimental, tu sentido del humor y hasta demostrar que tienes un cierto rencor a algunas tendencias o pensamientos ajenos.

Ahora mi punto clave en este escrito, si somos jóvenes cristianos que practican su fe, ¿qué puedo publicar y qué no?

La verdad es que no existe un manual de instrucciones o mandamientos en este aspecto porque la tecnología es algo que viene reciente, sin embargo, creo que la lógica de todos apunta a que somos lo que publicamos y tiene un gran impacto social y de imagen todo lo que expresamos en redes. ¿Por qué? Porque a diario podemos llegar a tener pensamientos o posiciones a situaciones que vemos día a día, sin embargo no todas tienen la misma importancia como para llegar a compartir dichas situaciones de manera pública. Muchas de las cosas que pensamos, sentimos y vivimos a diario quedan guardadas en nuestra mente para análisis propio y si acaso llegan a un grupo de Whatsapp para comentar con amigos en privado. Pero cuando ya publicas algo en tus redes sociales estás dándole un valor adicional a un simple pensamiento y estás aceptando que otras personas que quizás no te conocen tan bien tengan acceso a tus sentimientos conforme a un tema.

¿Cuál es mi punto? Que a final de cuentas tus cuentas de redes sociales sí te definen como persona porque exponen todo lo que tu mente no es capaz de mantener callada. Y sí, cada quién es libre de publicar lo que desee y seguir y compartir lo que le plazca, pero vamos, tenemos que ser muy pinches doble moralistas para tener el coraje de subir un lunes una foto de tú y tu grupo juvenil en un retiro mientras pones de “caption” que están ungidos por el espíritu para que luego el viernes subas una foto con tus amigos de la universidad mientras estás en un vestido que no te deja ni sentarte mientras posas con una botella de vodka en la mano y pones de descripción “que perra mi amiga”. ¿Me explico?

Creo que hemos aprendido a lidiar con el taquillerismo y con las tendencias, pero es inaceptable que un joven que dice ser cristiano católico practicante tenga el descaro de exponer su doble vida en redes. ¿Qué mensaje estás dándoles a los demás? Entonces por personas como este ejemplo que acabo de dar es que nos tildan de mentirosos y confundidos. Y con justa razón.

Y si alguno que le ha caído la piedra se siente ofendido pues lo siento, pero es la cruda verdad. Publicas una foto de la fiesta patronal de tu parroquia y a los tres días compartes un vídeo en apoyo al aborto. Compartes el evangelio diario a las 9:00 a.m pero en la noche subes un “boomerang” mientras te fumas un porro. Estás taquillando como los grandes que la JMJ será en Panamá y hasta compartes recuerdos de alguna JMJ a la que has ido antes pero te encanta subir historias en Instagram criticando cualquier cosa que pasa en la Iglesia.

Basta, en serio. Estamos grandecitos para comprender que las redes sociales son para evangelizar. Y si andas con ganas de publicar barbaridades entonces deja de hacerte el católico practicante porque nadie te lo va a creer. Evangelicemos con el ejemplo, las personas ven lo que publicamos y le toman importancia a eso. Después no te quejes que nadie te hace caso cuando lo invitas a la Iglesia o a que busque de Jesús, quizás vieron tus redes sociales y no hayan concordancia a lo que dices y publicas.