• Mariee Gómez y Jesús Samaniego

Y así fueron 5 pa' las 12


Desperté esta mañana con las enormes ganas de retomar las clases de manejo y sacar un auto en el año que ya tocó la puerta. ¿Es eso normal? Que me haya despertado con esa desesperación de que ya basta de darle vueltas a algo con lo que sueño cada vez que veo a algún conocido pasar; parece incluso un sueño estúpido al no haberlo afrontado antes con tanta decisión. Quizás son los aires de año nuevo o el sentir de que un año que se va cuenta como un año más en que no dijiste lo que querías o no hiciste lo que escribiste con anhelo y esperanza en enero de 2019. Son tantas cosas, pero supongo que todos tenemos un día y momento cumbre en que despertamos de esa parálisis del sueño y sentimos la necesidad de llevarlo a la acción. Y así como me ha pasado con el auto me pasa con asuntos menos materiales, con lanzadas que no me atrevo a hacer porque no sé qué tan dura sea la caída o con cambios que me rehúso a hacer sólo porque todos los demás siguen en el mismo tramo sin avanzar a nuevos mundos, es como si le dieran cuerda a la misma carrerita todos los días.

Seguramente dudas similares pasan por tu mente, pero existe una fuerza única y extraordinaria que nos rodea durante las fiestas decembrinas y de año nuevo, que nos lleva a preguntarnos: ¿Y por qué no soñar? ¿Por qué no arriesgarme nuevamente? Y asombrosamente decidimos olvidar y lanzarnos a una inmensidad llamada año nuevo, en donde nuevamente tendremos 365 oportunidades para ir tras esos deseos y anhelos que el corazón renueva, tenemos una vez más, para armarnos de valor a vivir un día a la vez, con la certeza de poder dar lo mejor de uno mismo y a su vez con la motivación de poder cambiar y en rumbar nuestro presente hacia el futuro deseado, que quizás sea el retomar las clases de manejo o atrevernos a experimentar aquello que el entorno no comprende, pero que nuestro corazón le emociona solo con el hecho de que venga el recuerdo a la mente o incluso es el pretexto perfecto para entender los “no se qué” surgidos a lo largo de este año y a los cuales muchas veces hemos preferido ignorar, por temor a encontrar nuevos retos, pero no te preocupes pues es parte del encanto natural de la vida encontrarnos ante estas peculiaridades de la vida que ayudan a abrir nuestro panorama.

Y vamos, los escépticos que detestan la idea de usar el año nuevo como motivo para nuevas propuestas es porque quizás hace mucho perdieron la esencia de soñar, de ser optimistas y de buscar nuevas miras en medio de una realidad opacada por tanta negatividad hacia los anhelos ajenos.

Pero de eso se trata, de luchar una vez más contra la mentalidad anticuada y parasitaria de aquellos que pintan el año nuevo como un día más. En teoría sí lo es, pero la magia que denota ver un nuevo año es la razón que nos mueve a aprovechar la oportunidad de una página en blanco en un sentido literario para empezar más o menos de cero a explorar, cambiar y corregir estragos pasados.

La vida es un gran libro en el cual cada uno de nosotros somos escritores de nuestra propia historia, depende solo de ti decidir cómo quieres que se cuente tu historia, lo importante siempre será que tú como actor principal tengas la oportunidad de ser feliz; sin importar cuántos capítulos oscuros y tristes pudieras colocar en tu libro, lo importante es dejar un destello de esa luz a todo aquel que como un bello accidente llega a tu vida y con ello reconocer que la magia de enero tiene un efecto inspirador en la búsqueda de nuevos retos de la vida, es ese “no se qué” que nos inspira y alienta aún a pesar de voltear la mirada y ver que fue un largo caminar hasta el final del año, es esa magia la que nos roba una sonrisa cuando la curiosidad de esperar lo inesperado aguarda en nosotros y nos da la confianza de que todo estará bien.

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