Confirmación...¿qué confirmo?

September 23, 2014

Cuando tenía 16 años mis papás me dijeron que tenía que entrar a confirmación. Había pasado la primera comunión a duras penas ya que siendo sólo una niña no entendía que estaba haciendo y por qué estaba aprendiendo estos temas (¿acaso no bastaba con religión en la escuela?), sin embargo, mis padres estaban claros en cómo debía proseguir mi formación espiritual (gracias a ellos por eso), por lo que me "obligaron" a entrar en confirmación. ¿El ambiente? Bastante normal. Muchachos de mi edad, algunos muy emocionados y claros a lo que iban, y otros como yo, completamente desorientados. Pero Dios tenía una bendición que darme, y fue gracias a la confirmación que tuve mi primer encuentro personal con Cristo, el que me llevó a unirme a la pastoral juvenil de mi parroquia años después, y aquí estoy...4 años más tarde feliz y agradecida con el Señor escribiendo esta entrada en el blog. Bueno, siguiendo... Generalmente la confirmación dura 2 años, y en esos dos años se te instruye de todo lo que se pueda para comprender por qué estamos tomando tal Sacramento, y es a la vez una prueba por así decirlo, para decidir por primera vez si queremos continuar el camino de fe iniciado por nuestros padres. 

 

¿A qué te suena la palabra "confirmación"? Si buscamos un diccionario, confirmar significa afirmar y consolidar. Bien. Pero...¿qué afirmamos?

 

Todo empezó hace muchos años...

 

El día de Pentecostés – cuando se funda la Iglesia – los apóstoles y discípulos se encontraban reunidos junto a la Virgen. Estaban temerosos, no entendían lo que había pasado – creyendo que todo había sido en balde - se encontraban tristes. De repente, descendió el Espíritu Santo sobre ellos –quedaron transformados - y a partir de ese momento entendieron todo lo que había sucedido, dejaron de tener miedo, se lanzaron a predicar y a bautizar. La Confirmación es “nuestro Pentecostés personal”. El Espíritu Santo está actuando continuamente sobre la Iglesia de modos muy diversos. La Confirmación – al descender el Espíritu Santo sobre nosotros - es una de las formas en que Él se hace presente al pueblo de Dios.
 

 

Éste y otros sucesos que podemos encontrar en la Biblia nos dan una muestra que es el Espíritu Santo lo que recibimos al momento de confirmarnos, y es en aquel acto simbólico dónde decidimos por nuestra propia cuenta que somos servidores de Cristo y que queremos formar parte de la comunidad católica. Si repasamos un poco, nuestros padres en su mayoría nos bautizan sin saber nosotros siquiera que está pasando, luego siendo aún muy niños, nos dan la oportunidad de formarnos y recibir la primera Comunión, pero para confirmarnos, se requiere de cierta edad, comprensión y de una decisión propia para hacerlo. Al confirmarnos, no lo hacemos de forma obligada, o para cumplir un parámetro, lo debemos hacer con todo claro y sin dudas, siendo este sacramento un acto propio para decirle SÍ al Señor. 

 

Yo sólo me confirmo para casarme...ah?

 

¿Qué? Una vez escuché a un muchacho comentar que no necesitaba hacer la confirmación porque sólo bastaba tomar un curso de unos meses antes de casarte y te daban por despacho rápido y eficaz la confirmación y así podías contraer matrimonio, por lo que él sólo haría la confirmación en caso  que llegara a casarse y si no, pues mejor, ya que así no habría perdido el tiempo. Cuando escuché eso me puse a pensar que mucha culpa de este asunto de que hoy en día hay más jóvenes que ven este importante sacramento como una burla o pérdida de tiempo es por sus propios padres o tutores. Los padres, como ejemplo y modelo a seguir de sus hijos, deben ser los primeros en inculcarles los valores y en este caso, enseñarles la importancia de la confirmación, sin embargo, muchos simplemente los inscriben en las clases, los mandan obligados y allá que ellos se enamoren solos del sacramento. Entonces es cuando les toca fuerte a los catequistas (los cuáles admito y respeto mucho) lidiar con tanto muchachos rebeldes y hasta ignorantes. Recuerdo muy bien que un catequista me dijo una vez, que la confirmación no era algo que debían darle a todos como regalo de consuelo de Navidad, era algo que debía ganarse y querer adquirir. Tal y cómo dijo Jesús: 

 

"Son muchos los llamados, pero pocos los elegidos"...

 

Cada año entran miles, miles! de jóvenes a confirmarse, en el camino algunos salen, otros los sacan (aunque eso no sucede casi), y de los que llegan cumplir los dos años y se confirman, una minoría tristmente es la que de verdad sale con ánimos de servir al Señor y a la iglesia. La mayoría lo hace por cumplir una meta impuesta por sus padres, o por salir del paso. Pero en realidad confirmarse debe llevarnos a mucho más, especialmente en una etapa tan bonita y activa cómo es la juventud. Cuando te confirmas, estás reafirmando tu fe, decidiendo por ti mismo (a) continuar en los caminos del Señor, y por ende, te comprometes a evangelizar, a servir, a dar tu vida a Jesús. ¿Qué conlleva eso? Compromiso...compromiso a ser un ejemplo para los demás jóvenes, compromiso a participar en las diferentes pastorales, movimientos, carismas, dónde el joven puede desarrollar su aprendizaje, brindar su tiempo, ayudar a la iglesia y no perder esa conexión que estuvo cultivando por dos años en las clases. Sin embargo, casi todos los jóvenes son vistos y desaparecidos al confirmarse, lo ven como una etapa culminada, una obligación menos, algo de lo que ya se zafaron. 

Con todo esto, al punto que deseo llegar, es que la confirmación es uno de los sacramentos más significativos, porque lo deberíamos obtener por interés y deseo propio, por sentir en nuestro corazón ese fuego que nos incita a querer acercarnos más a Él, a reafirmar la fe, a aceptar su llamado para servir, y a establecer ese evento significativo, como un punto de partida, o de continuación para ser jóvenes que pertenezcan a la hermosa comunidad que Cristo lidera. Después de confirmarte, te invito joven a que no digas ADIÓS, sino a que le des la BIENVENIDA a Jesús en tu corazón por siempre. Que este Sacramento sea un comienzo a una vida pastoral, a ser catequista, a seguir asistiendo a la Eucaristía, a eventos de la iglesia, a formar parte de ella, a ser sacerdote o religiosa, a recibir la voluntad del Señor. Cómo he dicho anteriormente, Dios no es una etapa de nuestra vida, es algo a tiempo completo.

 

Anímate jóven a empezar a ver la confirmación como un regalo, una bendición, un privilegio al que Dios te ha llamado y dónde te toca a ti responderle. ¿Qué le respondes? ¿Le abres tu corazón? 

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