Señor, me rompieron el corazón

December 3, 2014

A todos nos ha pasado. Al menos a todos los que en algún momento nos hemos enamorado de alguien. El término de “romper el corazón” va más allá de un simple dolor, es un sentimiento que hace que muchas veces perdamos la noción de lo que nos rodea y caigamos en un dilema difícil que sólo nosotros vemos oscuro. Es cierto que cuando sentimos cosas fuertes por alguien damos todo a esa persona, y cuando me refiero a todo lo defino en el buen sentido, sentimientos, confianza, amor. Sin embargo, como dice el dicho, el amor es un misterio complicado, dónde algunos se hunden y otros sobreviven, pero si llegamos a vivir una ruptura o una desilusión, el dolor que llegamos a sentir es grande y es allí dónde entramos en el tema de hoy.

El amor de Dios sana nuestras heridas. ¿Cuál es la primera salida que toman las personas, en especial los jóvenes cuando sufren un desamor? ¿Van al Santísimo a pedir fuerzas? ¿Pides apoyo o consejo a sus padres? ¿Se dejan sanar por el Señor? Ojalá así fuera, pero no, la mayoría busca desquitarse, alejarse de la realidad y perderse en las opciones ofrecidas por el mundo que aprovechan estos momentos de oscuridad que enfrentamos para disfrazarse y ponerse máscaras de soluciones al dolor que resultan ser momentáneas y que al final sólo nos derrotan más.

 

 

Para hacer válido y más expresivo este tema, les comento un testimonio…

 

 

Cuando Roberto creyó haber conocido el amor de su vida tenía apenas 19 años. Se enamoró de una chica dulce, que amaba servir a los demás, ambos estaban ya en la Universidad, tenían la misma edad y ya llevaban buen tiempo siendo amigos cuando sus sentimientos empezaron a florecer. Roberto vio la oportunidad de iniciar una bonita relación con Emily, tomando en cuenta que tenían una base fuerte de amistad de varios años. Ella también sentía cosas por él, por lo que le dio la oportunidad. Su relación inicio como todas, linda, llena de momentos románticos y de detalles y mucho amor. Ambos pertenecían a la pastoral juvenil en sus parroquias, por lo que el Señor fue siempre un miembro determinante en su noviazgo. Así estuvieron por unos años, hasta que poco a poco y como cosas de la vida, Emily fue perdiendo el interés en Roberto. Las salidas se llenaron de excusas, los mensajes escasearon y las llamadas desaparecieron. Roberto seguía orando e intentaba que las cosas funcionaran, así se mantuvieron medio que a la deriva, hasta que un día Emily se dio cuenta que necesitaba alejarse de Roberto para seguir con su vida. Con esta decisión, Roberto quedó desconsolado. No entendía como una relación tan linda se había desmoronado, y mucho menos siendo un noviazgo que había tratado en lo más que podían seguir al Señor y tenerlo como consejero. Emily siguió adelante con su vida, pero dejó un vacío enorme en el corazón de Roberto, un vacío que Jesús, nuestro mejor médico quería llenar y sanar, sin embargo, Roberto se cerró ante esta ruptura y eso lo llevó a ignorar el amor de Dios y seguir otros caminos para tratar de aliviar su dolor. Fiestas sin control, embriagarse, empezar a fumar, incluso enredarse con otras chicas, todo por gusto, ya que al final sólo volvía a sentir ese dolor inmenso que le había dejado Emily al irse. La razón de la ruptura de la relación se debía a que Emily, como en toda relación, había estado analizando la misma y a medida que conocía a Roberto se había dado cuenta que no se sentía conectada a él como creía, por lo que había decidido terminar todo antes de darle más larga y hacerle daño. La razón era comprensible y aceptable, ya que como saben, un noviazgo no es un matrimonio, y todos tienen derecho a finalizar una relación ya que para eso son, para conocerse y determinar si pueden estar juntos. Volviendo a Roberto, éste viendo que su vida estaba tan mal, y que las decisiones o caminos que había tomado no lo habían ayudado en nada, escuchó por fin el consejo de un viejo amigo de la pastoral que lo había escuchado mal desde que se había enterado de la ruptura. Su amigo lo invitó a que orara, y que no permitiera que su situación lo alejara de Dios, al contrario, que se aferrara a él. Roberto empezó a ir al Santísimo más seguido, logró hablar con Emily para finalizar la relación en paz, y dejó que el Señor actuara en él, transformando poco a poco su corazón y quitándole el dolor. Y fue en una hora santa juvenil, dónde Roberto, estando de rodillas y escuchando al sacerdote, sintió un cálido abrazo en medio del silencio y aquella oscuridad que aún mantenía en su corazón. Sintió un abrazo y un susurro que le decía: Déjame sanarte. Fue allí cuando Roberto dejó sacar aquellas lágrimas que su orgullo le impedía mostrar, agachó el rostro y entregó por completo su dolor a Jesús, soltando y desprendiéndose de más de un mes de heridas retenidas por los malos pasos que había usado para zafarse de la situación y fingir que estaba bien. Luego de eso, se sintió más aliviado. Decidió esperar en paciencia y en el Señor, dejó de jugar con las chicas, poco a poco dejó de tomar y fumar, y como si volviera a empezar, retornó a sus labores pastorales, esta vez con esperanzas y lleno de motivos para compartir con sus hermanos de comunidad. Hoy en día, Roberto tiene ya un año de estar de excelente ánimo y se encuentra feliz y a la espera de que Dios haga la voluntad en Él.

Este testimonio nos da sólo un vistazo de las maravillas del Señor. A veces cuando tenemos malos momentos, especialmente experiencias dónde nos rompen el corazón, nos podemos preguntar… ¿Cómo el Señor permite esto? ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal? Y entonces empezamos a torturarnos. Somos muy difíciles con nosotros mismos, y no dejamos que nuestro mejor amigo, Jesús, nos hable y diga…Tranquilo(a), tengo algo mejor para ti. Ten Paciencia. Espera en Dios.

¿Mi mensaje con este tema? Dejémonos guiar y conocer el verdadero amor, el de Dios. Dios es amor, y nadie nos amará más que el Señor. Ante las caídas, y en este caso, las rupturas o desilusiones amorosas, Dios nos da la mano para levantarnos siempre y cuando no seamos tercos y nos dejemos sanar por Él. Entonces, la próxima vez que pases por una situación parecida y sientas que el mundo se te viene encima, recuerda que tiene un amigo fiel que te escuchará, te sanará y te hablará de una forma diferente y especial al resto del mundo.

 

Y para complementar este tema, es de mi agrado invitarte a la próxima Hora Santa Juvenil en la Parroquia San Francisco de Paula este viernes 5 de Diciembre de 2014, iniciando con la Eucaristía a las 6:30 pm y seguido la Hora Santa. ¿Tienes algún problema amoroso o de otro tipo? Deja que Jesús te de su amor y te ayude a salir adelante y a renovarte. La Pastoral Juvenil de la Parroquia te espera 

 

 

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