Frío, frío...como el agua del río

June 9, 2015

No, no es la canción, aunque la pensé mientras escribía el inicio de esta publicación. A ver…como jóvenes católicos, ¿estamos fríos o calientes? ¡Mariee pero qué pregunta!  Yo voy misa todos los domingos, estoy en un grupo pastoral, voy a cada concierto habido y por haber de Alfareros, El encuentro de Chitré es un #MUST en mis vacaciones y soy super amiga del párroco. Okei…te vuelvo a preguntar, ¿estás frío o caliente?

 

 

 

Vamos directo al grano y por eso lo empiezo con un testimonio. Yo inicié este hermoso caminar en la iglesia de lleno hace 5 años, y parece mentira que se han pasado tan rápido. En estos 5 años he experimentado emociones fuertes, encuentros personalizados con el Señor, he conocido grandes amistades y he crecido espiritualmente. Sin embargo, como el camino no es tan sencillo y las  piedras caen cuando uno menos quiere, he pasado también por esa conocida frialdad espiritual. Y vaya que he estado en un congelador a veces. ¿Qué quiere decir esto?

 

Pues que incluso estando de forma “activa” en la iglesia podemos sentirnos vacíos, y no porque el Señor tenga la culpa, sino porque nosotros nos volvemos rutinarios o demasiado activos en lo que no debe ser. Vamos a todos los eventos católicos, no faltamos un domingo a Misa y vivimos más en la iglesia que en casa por estar en reuniones, limpiezas, más reuniones, formaciones, etc. Pero…¿y cómo está nuestro interior? ¿Qué pasa con esa conexión personal con Cristo, con el tiempo dedicado a orar, con la reflexión profunda de la Palabra o la constancia en que me confieso o que de verdad presto atención a lo que acontece en la Eucaristía? ¿Ya ves que estamos medio tibios, y cuidado que fríos?

 

 

 

Ser un laico comprometido con nuestra Madre iglesia es hermoso, es una entrega de tiempo y trabajo que otorgamos sin refunfuños, felices y con ánimos, sin embargo, no debemos pasar por alto lo primordial, que viene siendo nuestro caminar espiritual. Antes que ser conocido como el que más cosas hace en la iglesia, debemos sentirnos regocijados porque tenemos una relación con Cristo bastante fuerte, porque oramos todos los días y porque en medio de nuestra ajetreada vida de joven, Dios es el agente principal y quién es el centro de nuestra vida. Está bien participar de todo lo que ocurre en la parroquia o ser alguien que está en pastorales o movimientos, pero no podemos dejar de lado que la base o raíz de todo es el amor de Cristo y nuestra entrega hacia Él de forma espiritual, y si estamos bien espiritualmente podremos trabajar de forma más amena y feliz para la gloria de Dios.

 

 

 

Si te sientes identificado con esta situación, de que asistes a Misa pero no logras prestar profunda atención, o si sientes que no hay necesidad de confesarte, o si llevas días sin que puedas establecer un período de oración con el Señor o pasas al lado de la puerta del Santísimo y no te nace entrar, ¡tranquilo! Dios nos ama y es por eso que nos da las fuerzas para todo. Ni tibios, ni fríos, busquemos esa calidez espiritual para poder servir mejor a Cristo y la iglesia. El Señor te eligió a ti para que trabajes en su viña, da gracias por eso y busca servirle de la mejor manera, con una integridad espiritual mayor, porque es cierto que somos pecadores y caemos en tentaciones, recesiones y debilidades, pero lo bonito de todo eso es que seguimos siendo amados por Dios y nos da la oportunidad una y otra vez de levantarnos para seguir en su camino.

 

Yo sé qué hace frío a veces por diversas situaciones, sin embargo…busquemos estar siempre de la mano con Él. 

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