De encuentros, hashtags y otras confusiones

September 14, 2015

No sé si se ha vuelto una tendencia así como los hashtag de Twitter, pero lo que sí sé es que los encuentros juveniles han ido tomando importancia y convocatoria en los últimos años. Ya sea en Chitré, en la ciudad, en La Chorrera o en cualquier otra provincia de Panamá, asistir a un encuentro juvenil está ahora en la agenda de todo joven católico. Ya sea que estés en una comunidad o movimiento de tu parroquia, que estés en un colegio dónde promueven asistir a un encuentro, o simplemente lo escuchaste por ahí, la juventud busca en los encuentros esos “yo no sé qué” que tanto les hace falta en su corazón. Hablando de forma muy personal, el primer encuentro juvenil al que asistí junto a mi comunidad juvenil me sacó dolor, me hizo llorar, me tumbó las fuerzas, y después me levantó en una nueva persona. Me hizo sentir que el vacío que tanto buscaba llenar hace rato tenía dueño, sólo que yo no lo había dejado entrar. Y era Jesús, el amor de los amores, aquel que te ama con locura y que te da su enseñanza a diario. Aquel encuentro juvenil tocó y marcó mi vida, dejándome sanar heridas viejas, y ver hacia adelante después de estar varios meses buscando personas y cosas que hace mucho tiempo habían quedado atrás, cerradas, sin necesidad de retornar.

 

Veamos…¿por qué se hacen estos encuentros juveniles? ¿Para que sean documentados? ¿Para que los jóvenes conozcan más jóvenes? La verdad es, que cada parroquia cuenta con un grupo juvenil y eso es maravilloso, sin embargo, la cantidad de muchachos que no asisten de forma activa a la iglesia es preocupante, y como bien dice el dicho… “Si no pueden venir dónde ti, llévales el encuentro a ellos”, y analizando la tendencia juvenil, los eventos masivos captan la atención de muchos aunque no se sientan completamente identificados con algo. El hecho de que una gran masa de chicos vaya a un lugar y ese evento tenga algún gancho de atención, hace que los jóvenes quieran asistir para experimentar nuevas vivencias. Y en base a ese análisis, recae la importancia de salir de las parroquias o abrir las puertas de las mismas para que los chicos que están en colegios, en las calles o sólo en confirmación tengan un acceso directo a algo que atienda sus problemas, dudas y necesidades de forma directa y clara.

Para un joven que no participa de forma activa en la iglesia, no es lo mismo ir a una Eucaristía que ir a un encuentro dónde salta, canta, baila, conoce gente y también asiste a Misa. Y sí, quizás los encuentros son un tanto sociales desde un punto de vista o enfoque, pero mirándolo bien, son una estrategia para atraer a la juventud y conectarlos a través de sus gustos y edades al Señor. Con un canto lema pegajoso, una buena promoción en redes sociales, un equipo joven alegre y comprometido, venta de suéteres, buena comida y hasta el esfuerzo de tener que sacar dinero y echar el viajecito a otra provincia, conviertes una experiencia espiritual en todo un viaje de emociones que crean un impacto positivo en aquel muchacho que ya sea por curiosidad, invitación o un llamado interno acude a estos encuentros.

 

No perdamos el norte

 

Sé que la descripción de arriba te animó a asistir al próximo encuentro que venga si no has tenido la experiencia antes. Y si hablamos del señor de los encuentros, que viene siendo la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con el Papa, el viaje a otro país, los millones de jóvenes, el kit, la comida, el turismo y todo el paquete peregrino, las ganas de ir a un encuentro supongo que son bárbaras. Pero ¡cuidado! No caigamos en lo social y mucho menos en la esencia errada de lo que vamos a hacer a un encuentro juvenil. No vamos a tomarnos fotos como taquilleros, ni a buscar nuevos prospectos. No vamos por el paseo ni porque es una excusa para estar varios días fuera de casa. Y ni hablar de que estando allá vamos a estar tirados o recostados en alfombras, o chateando durante la prédica. No vamos a un encuentro de católicos “light” ni ignorantes en la fe. Es más, si no sabes a qué vas, simplemente no vayas.

 

Debemos tener cuidado, porque una vez más el mundo está haciendo de las suyas entre los jóvenes que de una forma u otra desean buscar al Señor. No basta con tener perdida a la juventud que no le interesa conocer a Jesús, sino que también va detrás de los muchachos que por más pecadores que seamos, tratamos de seguir en el camino de Cristo. Y estando en el encuentro nos salen distracciones, el calor nos quita el interés, perdemos el norte de qué vamos a hacer el encuentro, y caemos en el abismo común de que se duerma esa parte de nosotros que fue hasta allá para tener un encuentro personalizado con Jesús. Y ojo, vas allá quizás con un grupo grande de chicos, pero el encuentro lo vives tú sólo con Cristo. Cristo y tú.

Entonces, abramos los ojos y busquemos motivos verdaderos para ahorrar y hacer actividades y buscar de Jesús en estos eventos. No somos jóvenes que trabajan para ir a un retiro, ni mucho menos somos chicos que buscan una historial de encuentros dónde no recibes ningún mensaje o enseñanza. O estamos o mejor ni vamos. Por eso, hoy mi invitación va a tu corazón, para que recuperemos el verdadero sentir de estas actividades. Para que vivamos cada prédica, cantemos cada canción de corazón, para que el Santísimo signifique algo en nuestro corazón, y vayamos a encontrarnos con una juventud viva del amor de Dios, peor también busquemos ese espacio personal e íntimo con Cristo aún rodeados de la muchedumbre.

 

Y tú…¿por qué vas a un encuentro juvenil?

 

 

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