Y tú, ¿quién eres? 4 tipos de jóvenes católicos

October 5, 2015

Basado en el Evangelio de San Lucas 8, 4-15

 

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:

"El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.

Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.

Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.

Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,

y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.

Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.

Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

 

La Biblia me sorprende tanto. Como un escrito de hace tantos años tiene una vigencia y aplica  a una realidad tan directa y visible. Si bien es cierto Dios nos creó a su imagen y semejanza, sin embargo, todos somos diferentes. A algunos les gusta cantar, otros bailamos, y están los que aman actuar. Así mismo sucede con los colores, la comida, películas y demás gustos. Y la diversidad es buena. Hace que el mundo sea más interesante y que la convivencia, específicamente en la juventud, tenga rumbos creativos y opciones dónde acudir según tu personalidad.

Por otro lado, en términos de fe, bueno, allí la situación cambia un poco. Todos los que pertenecemos a la iglesia nos hacemos llamar católicos, y puedes considerarte uno si has sido bautizado y asistes a misa y todo lo que la lista involucra. Pero no me dejarás mentir en que a pesar de compartir una misma fe, hay distintos prospectos de católicos que abundan en la iglesia, incluso los que se hacen llamar practicantes. Y no, no es una expresión ofensiva, más bien es comprender una realidad.

 

Para ser más específicos y entrar en materia, vamos a guiarnos de este fragmento del evangelio para comprender que existen actualmente 4 tipos de jóvenes católicos, que dicen, hacen, trabajan, y vemos día a día en la iglesia, en confirmación, en algún grupo parroquial o cerca de la parroquia o capilla, sólo que no se animan a entrar.

  1. El que fue al encuentro pero nunca encontró el llamado de Cristo: estos son típicos. Y hace falta mucha juventud comprometida para sacarlos de esta clasificación. Son aquellos jóvenes que vemos en encuentros juveniles, aquel que fue invitado por la primera tercera al retiro de carnavales porque no tenía más nada que hacer, y la chica de la escuela, que llegó al encuentro porque quería saber dónde estaba pasando el tiempo su novio. Estos jóvenes reciben el mensaje del Señor, lo comprenden y hasta lo viven en el momento, sin embargo, al pasar la puerta del salón o al regresar a casa del retiro, todo lo experimentado queda en el pasado. Como un momento más. Y la palabra sale lentamente de su corazón, para quedar deambulando en el aire en busca de alguien más. Son aquellos jóvenes que ven de lejos la iglesia y su caminar, lejano, como si no les perteneciera. Y en caso tal de que participen de algo, lo hacen en el momento para explorar, sin embargo, hace falta esa semilla de amor que los inspire a seguir conociendo más de Jesús y su palabra.

  2. El de la emoción de un mes: de seguro conoces a alguien que encaja en esta descripción. Es el joven que por algún motivo se inspira a acercarse a Dios, de repente va a un retiro, a una Eucaristía, se anima a ir a la primera reunión de pastoral juvenil, o se le ocurre un proyecto que puede aplicar en la parroquia o capilla y empieza los trámites y formaciones para ello. Pero como todo lo que no está cimentado sobre una buena base tiende a morir, poco a poco la emoción de este joven decae. Después de un lapso ya pierde la efervescencia del inicio y empieza a dudar si de verdad quiere estar en el grupo parroquial, o si la confirmación es para él o ella, incluso ya las ganas de ir a misa se van. Estos jóvenes suelen ser así con otros temas en su vida, pero es importante comprender que la fe no es una etapa que pasa, ya que cada día vamos aprendiendo más y cuando nos vemos concluidos en algún movimiento o grupo por edad o vocaciones, siempre hay otro lugar dónde seguir sirviendo y formándonos. Cabe destacar que aquí también entran los chicos de temporada, es decir, aquellos que sólo vemos en Navidad Semana Santa y fiestas patronales rondando por la iglesia. Nunca están para actividades que se dan durante el año pero quieren ir a las jornadas mundiales con el Papa, o aparecen para la mega producción anual del Vía Crucis en vivo, o peor aún, cuando algo interesante ocurre en la iglesia para beneficiar a los jóvenes.

  3. Más poder y menos oración: aquí entran los jóvenes que tienen algo mejor que hacer que seguir a Cristo. Escuchan su palabra, la comprenden, y hasta se sienten animados por el espíritu para seguir el camino del Señor. Y quizás así lo hacen por un tiempo. Pero cuando llega el trabajo, o las oportunidades grandes de negocios, o si te ganaste la lotería, o tienes hijos, o simplemente creces o logras tener un éxito profesional impresionante, la opción de trabajar para Cristo se anula. De repente, el dinero es más importante que leerla Palabra, o la Misa no puede competir contra un importante seminario de cómo generar más ingresos, dejamos a un lado la necesidad de confesarnos porque de por sí sabemos que seguiremos pecando, y la vida se torna demasiado ocupada e interesante para darle un tiempo al Señor. Y de esta clasificación, surgen los jóvenes que después al llegar a la madurez no logran concretar la fe como parte de su vida.

  4. Amados, bendecidos y en victoria: considero que todos deberíamos aspirar a formar parte de este grupo. Los jóvenes que representan la semilla en tierra fértil no son perfectos, ya que todos somos pecadores y caemos en tentaciones a cada rato. Sin embargo, los jóvenes de este grupo aspiran a la santidad y a pesar de los errores cometidos buscan siempre la misericordia de Dios para seguir adelante sin abandonarlo. Son la juventud que vemos alzar su voz en las calles, los que son constantes en su servicio a pesar de las etapas de la vida, y además de recibir la palabra y aplicarla, buscan transmitirla a otros jóvenes para que la juventud de Cristo crezca, y podamos ser agentes de cambio positivo y próspero en el mundo. Un joven católico amado y en victoria no desmaya, y tiene un estilo de vida junto a Jesús que le permite ser un ejemplo para la sociedad sin dejar de ser humano. Es una invitación a todos los muchachos afuera para que busquen de Cristo de forma leal y verdaderamente entregados a ser un instrumentos de evangelización.

 

¿Te identificas con alguno? Estamos llamados a ser testimonio del amor de Jesús para con sus hijos, y así como jóvenes tenemos el compromiso para llevar este mensaje a toda la juventud que se encuentra afuera en busca de una felicidad inoportuna o de un milagro que probablemente no encontrarán tan fácilmente. Por eso, te invito a ser un muchacho animado en la fe para llevar la misma a todos los rincones del mundo. Deja que tu corazón se convierta en tierra fértil para recibir esa semilla del amor del Señor.

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