Entre 4 paredes y un techo

October 27, 2015

Sé que hablé de algo similar hace un tiempo, sin embargo, este enfoque va dirigido no sólo  a la misión, sino a un contexto social de “hacer el cambio en el mundo que tanto anhelamos ver”.

¿Recuerdas cuando estudiabas ese examen sumamente difícil y sentías que no había forma de salir bien? Era allí cuando caías en la práctica de orar con toda tu concentración y pedirle al Señor que te ayudara a salir bien. ¿Adivina? Si bien es cierto Cristo es el médico, el consejero, el amigo, pero mi estimado o estimada, si no estudiaste no puedes esperar salir con la nota máxima. Era un trabajo de dos en verdad. Bueno, con este común ejemplo me dirijo al tema de esta ocasión y empiezo con una simple pregunta que espero que puedas responder inmediatamente:

¿Qué estás haciendo para evangelizar afuera de la iglesia?

 

¿Te confundí? Yo sé que como jóvenes activos en un grupo parroquial, ya sea coro, acogida, baile, oración o cualquier carisma, casi siempre trabajamos con personas que profesan la misma fe que nosotros. Cantamos en misa, ayudamos en la limpieza de la iglesia, recibimos con una sonrisa que generalmente nos devuelven en la puerta del templo ante cada misa, vamos a dar charlas de motivación o doctrina en confirmación, asistimos a los eventos católicos, tenemos retiros, encuentros, formaciones, jornadas y ahí nos vamos todo el año, siempre en un ambiente contemplado por la aceptación a la fe y las ganas de crecer espiritualmente. Y aclaro, todo eso está bien. Más que bien, por ende, debes sentirte bendecido y feliz de acoger con gozo y entrega ese llamado de Jesús y ahora ser un instrumento y testimonio de su Palabra. Sin embargo, entre 4 paredes que nos mantienen en una zona de confort obvia, muchas veces la juventud católica huye o no tiene la iniciativa de ensuciarse las manos y abrir esa puerta del templo para ir más allá de los feligreses que ya siguen al Señor, aunque sea yendo a misa una vez por semana, e irse a los rincones más oscuros y carentes de fe y esperanza. ¿Por qué nos cuesta salir a enfrentar la realidad? ¿Por qué a veces queremos quedarnos en esa burbuja llamada templo?

 

 

Con el tiempo, hemos visto el alcance mediático y popular que han adquirido las ONG o movimientos juveniles que buscan aportar un cambio positivo a la sociedad. Hay fundaciones que ayudan a construir viviendas, otras que son promotoras de valores o buenas acciones, algunas se enfocan en la problemática educativa o de alimentación y otras con aspiraciones más directas buscan erradicar la pobreza o prevenir enfermedades de alto riesgo.  Y si hay algo que me llama la atención como joven activa en un grupo parroquial es que muchas veces aunque cuesta decirlo y aceptarlo, esos jóvenes voluntarios de ONG ayudan más a la sociedad que nosotros. Ellos se ensucian las manos, madrugan para pedir colaboración en semáforos, pasan fines de semana entre sudor y cansancio, persiguen esos ideales de sus organizaciones sin desmayo y con ideas brillantes y son agentes de cambio alucinantes para la sociedad y enfatizando más aún, en la juventud. Estas ONG buscan alejar a la juventud de tantos vicios y a la vez crean ese impacto tan “wao” que vemos día a día en nuestro país. Ahora yo me pregunto, ¿por qué carrizo no podemos salir las comunidades juveniles a hacer esto mismo y mucho más si se supone que somos la llamada juventud viva de Cristo? ¿O es que sólo nos conformamos con cantar en misa y servir a aquellos que se acercan a la parroquia? Considero que nuestra mentalidad debe ir mucho más allá de esto y buscar tal y cómo decía Jesús en una parábola: traer las ovejas perdidas. ¿Y qué mejor forma de evangelizar que con acciones notables?

Sé que muchos grupos juveniles sí lo hacen y es maravilloso saber que es así, pero para todos los demás que estamos aún algo sedentarios de acción y sentimos ese llamado fuerte de salir a hacer líos como los grandes y llegar a esos jóvenes y también personas que desconocen a Jesús, que sienten que los abandonó, que dicen no necesitarlo en su vida, que están muy ocupados o los que en algún momento sintieron ese fuego interior pero lo dejaron extinguirse, para transmitirles todo lo que recibimos en formaciones, en oración, en cada enseñanza que nuestro corazón reflexiona junto a la Palabra de Dios. Te invito a abrir esa puerta de tu templo y observar la realidad del mundo, ese mundo dónde vivimos aunque busquemos no estar en él como tal, a conocer la problemática no sólo espiritual sino social de la ciudadanía, a explorar lugares alejados, olvidados por todos y llevar a la sociedad un granito de arena que no sólo les ayudará a ver la vida de una nueva perspectiva sino a comprender que Cristo se manifiesta por las acciones de buena voluntad y caridad. Sigamos sirviendo y trabajando junto a aquellos que están en el camino, pero a la vez busquemos llegar al corazón de los que no conocen a Jesús, para que crezcan las vocaciones, aumente el amor y las ganas de servir, para que nuestro trabajo evangelizador sea integral, porque todos estamos llamados a la Santidad y a seguir a Jesús, sólo falta que tengamos la disposición de conocerlo y darlo a conocer. Dios te bendiga joven que lees esto y te invito a jugártela por Cristo de verdad, ser un joven con acciones claras y a ser un agente de cambio en el mundo para gloria de Dios.

 

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