Alicia viajó en el metro y conoció las verdades de la vida

November 2, 2015

 

Ayer Alicia tomó el metro. Se había levantado tarde y tenía clases de baile a las 9 am. Ya eran las 8 am cuando salió de casa a pasos apresurados, sin despedirse de nadie y con mucho estrés encima porque era su primera clase de la temporada, lo cual representaba una necesidad el hecho de dar excelente impresión a los profesores y directivos de la academia. Su mamá se oía al fondo mientras le trataba de decir “hija, ve con Dios”, sin embargo, el apuro y el caos mental de Alicia era demasiado para perder el tiempo en saludos que podían darse más tarde o a su regreso.

Alicia siempre tomaba un taxi en la esquina de la acera, preferiblemente de esos que pides por un “app” de celular y te facilitan la vida, sin embargo, los tranques en la mañana eran un tema pesado y en esta ocasión, el metro suponía ser la solución más rápida. Debía admitirlo, no le gustaba el metro a esas horas. El tumulto de gente, la dificultad para salir de las puertas y el estrés de entrar antes que cerrara el metro eran la lucha cotidiana de todos. Pero para sopesar las situaciones, el metro era rápido, no tenían tranques involucrados y pues en medio de la multitud, tenía aire acondicionado. Alicia esperaba que fuese un recorrido sin atrasos y que su paso por el metro fuese lo más discreto posible. Tenía demasiadas cosas en su cabeza: la clase, el fastidio que le provocaba su mamá al ser tan protectora y el hecho de que había perdido una oportunidad para viajar a un congreso porque sus padres no habían podido solventar el gasto y ella se rehusaba a usar sus ahorros. Sería un día más, solo que de paso por el metro. Lo que Alicia no esperaba es que los próximos 15 minutos de viaje le fuesen a dejar una tremenda lección de vida.

 

Llegó a la estación más cercana y abordó el metro, para su sorpresa estaba bastante vacío por la hora y pudo sentarse sin problema alguno. Luego de dos paradas, el metro empezó a llenarse. Generalmente Alicia buscaba desconectarse del mundo mientras iba en algún transporte. Ya fuese avión, carro, taxi y metro en este caso, su interés por lo que la rodeaba era reducido y se limitaba a encender su “playlist” para no hablar con nadie. Mientras escuchaba música, pudo notar que una señora se le paraba literalmente enfrente, con la mirada caída y las piernas temblorosas luchando por sostenerse. Alicia trató de ignorarla. A su alrededor, reposaban en los asientos hombres y mujeres sanos como ella, sin embargo, ninguno mostraba interés en ceder su asiento a la señora. Alicia, en un remordimiento de conciencia profundo pensó en pararse pero luego recordó que le faltaban al menos 5 paradas para su destino, por lo que se contuvo. No fue hasta dos paradas después que un hombre bajó del metro y la señora pudo sentarse.

 

Parados cerca de Alicia se encontraban dos muchachas, de unos 16 años de edad quienes conversaban eufóricamente sobre lo que parecía ser una fiesta. La chica A le comentaba a la chica B la mini falda que había conseguido y el plan que tenía ideado para llamar la atención de un tal Ernesto para llevarlo más tarde a algún lugar oscuro para….ya ustedes saben qué. Y lo decía tan emocionada. Creo que así hubiese hablado Alicia sobre su baile de promoción o un evento parecido. Las chicas continuaron conversando mientras Alicia ponía su atención en una mujer con su posible pareja que estaban sentados un poco más lejos pero aún eran visibles. El hombre se encontraba bastante ebrio, era eso o le gustaba jugar a la dormilona, ya que se encontraba totalmente despistado y su mujer trataba de erguir su cabeza mientras se le salía una lágrima que trataba de disimular con los anteojos. Cuando su parada llegó, la mujer le dio un severo golpe en el costado al tipo, haciendo que éste reaccionara un poco, le gritara y luego se levantara con ella de apoyo para salir a duras penas del metro. Alicia se sintió incómoda, pero también triste por las situaciones vistas. Parecía mentira que en menos de 15 minutos había visto tantas cosas. Para rematar su estadía, pudo verse reflejada en un muchacho de su edad prácticamente que trataba de estudiar de pie entre el choque de personas. Sus zapatillas estaban bastante gastadas y en su mochila se asomaban un par de orificios. El chico sonreía en medio del ambiente incómodo, leía sin distraerse y cuando dejaba de leer era para moverse o indicarle a alguien que había un asiento disponible. Alicia le prestó detenida atención cuando escuchó su celular sonar y pudo comprender entre el ruido y las personas que el chico hablaba con su mamá, la cual estaba lejos de la ciudad pero se sentía feliz porque su hijo estaba preparándose. Escuchó un “te amo” antes de que el chico colgara el teléfono y se dispusiera a estudiar. Fue allí donde Alicia se dio cuenta que había estado aérea del mundo que vivía desde hace mucho. Leía noticias de maltrato, desempleo, violencia familiar, enfermedades y demás, pero todo lo sentía ajeno y lejano su realidad. Ahora, en estos 15 minutos de metro había aprendido y visto de sus propios ojos como estaban muchas personas pasándola difícil y cómo un chico de escasos recursos parecía comprender mejor que ella la filosofía de lo que vale de verdad en la vida. Allí Alicia pensó en su mamá, siempre cuidándola y preocupada por su seguridad, a quien no le dedicaba ni el tiempo para conversar o cenar juntas. Pensó en sus padres, quienes llevaban ya 20 años de casados y ella nunca les había agradecido el hecho de mantenerse en amor y fe pese a las dificultades. Y pensó en sus amigos, quienes tenían todo en el mundo pero no valoraban absolutamente nada, al contrario, sólo pedían más y más cosas materiales para llenar esos vacíos espirituales que de seguro los atormentaban. Y por último, se lamentó por la sociedad en general. Pudo ver cómo los valores que antes se predicaban fuertemente habían caído hasta el punto de ser normal el trato entre personas actualmente. Se sintió vacía, triste, con ganas de hacer algo. Entre reflexiones y decepciones, llegó su parada en el recorrido. Se bajó y apenas tuvo señal llamó a su mamá para disculparse y decirle que la amaba. Logró llegar a tiempo a su clase, pero se dispuso a cambiar su mentalidad y salirse de esa burbuja social y de dinero que la había rodeado por muchos años. Se dispuso a tomar el metro más seguido, para ceder más asientos, regalar más sonrisas y conocer más el mundo para ver cómo podía ayudar. Con el tiempo, Alicia regresó a la parroquia que la había visto crecer y a la que sus padres asistían cada domingo solo. Ella se les sumó al poco tiempo y cuando tomó algo de confianza se acercó al párroco para crear un movimiento social que ayudar a personas con dificultades de carácter familiar y económico. Alicia permitió que Cristo tocara su corazón una buena mañana mientras viaja en el metro, al enseñarle todo lo que ella había ignorado para sensibilizar su corazón y hacerla actuar en pro de todas esas personas que necesitaban una ayuda o mano amiga como la que ella creo con su movimiento social.

Dejemos que la historia de Alicia sea una motivación y reflexión acertada para cuestionar qué estamos haciendo como jóvenes para cambiar la mentalidad de pocos valores y amor que tiene la sociedad. ¿Te sumas a hacer el cambio que deseas ver en tu comunidad?

Please reload

Nuestra red de escritores"Como un granito demostaza" te da la bienvenida.

¿Tienes algún artículo que deseas publicar? ¡Únete a nuestra red de escritores! Envíanos tu escrito a comoungranitodemostazapty@gmail.com

  • Wix Facebook page
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon
Please reload

Recent Posts

November 15, 2019

October 22, 2019

October 15, 2019

October 4, 2019

September 26, 2019

September 24, 2019

Please reload