Alicia y su visita al súper en Nochebuena

December 28, 2015

Alicia siempre encuentra algo que contarme. Incluso en Navidad. No le basta con sus clases de baile y los horarios apretados de la Universidad para traerme nuevas lecciones de vida. En esta ocasión Alicia sí que me sorprendió. Yo estaba en casa esperando que fuesen las 12 para orar en torno al pesebre con mi familia cuando mi celular vibró. Sí, había estado vibrando la última hora porque ya estaban empezando a llegar los mensajes navideños y demás, sin embargo, el mensaje de Alicia me hizo ver que no estaba pensando en darme una feliz Navidad por el momento. O al menos eso haría después de contarme lo que vio.

¿Ya les he dicho que Alicia es bastante observadora? Dónde sea que esté siempre está viendo qué acción o situación ocurre para sacarle un aprendizaje. Y esta vez sí que se lució.

 

-Necesito que leas mi correo. He visto algo alucinante que me ha sacado de onda.

 

-¿Podrías esperar hasta que sean las 12 y algo? Es Navidad Alicia.

 

-Precisamente por eso necesito que lo leas lo antes posible .Sé que te gustará y ayudará. Es para el blog.

 

-Bien. Apenas tocan las 12 lo veo. Por cierto, feliz Navidad.

 

-Sabes que iba a escribirte de todos modos. Feliz Navidad amiga. Dios te bendiga.

 

Se hicieron las 12 y oré en familia en torno al pesebre, abrimos los regalos, nos deseamos Feliz Navidad y cenamos un menú navideño épico con jamón, arroz con guandú y mucho ponche. Luego, abrí el correo de Alicia. Quedé en shock con su historia y sí, estaba perfecta para una tremenda reflexión navideña.

 

Alicia celebraba la Navidad de forma muy parecida a mí. La Nochebuena iba a la Eucaristía con su familia y después todos los tíos, primos y su abuela se reunían en alguna casa que eligieran para cenar y compartir los regalos y la fiesta. La familia de Alicia es enorme y era una tradición fiel el hecho de pasar Navidad juntos. Este año no había sido la excepción y como buena jefa de familia, su abuela había puesto a disposición su casa como sede de reunión. Para la cena, todos se dividían el menú que armaban y se convertía en una celebración de “traje”. Eso sí, la familia de Alicia tenía claro que el sentir de la Navidad era el Nacimiento del Niño Jesús. Por eso, cada familia antes de ir a la reunión iba a la Eucaristía y luego a sus casas a colocar al Niño en el pesebre del Nacimiento.

Esta vez, a Alicia y sus padres les había tocado comprar el dulce. Por enredos de la semana con el trabajo y el fin de cuatrimestre, ni Alicia ni sus papás habían podido comprar o encargar el dichoso dulce navideño, por lo que se vieron obligados a hacer una parada en el supermercado más grande de la ciudad  para conseguir el dulce y así llegar con el mismo en mano para la cena familiar.

Llegaron al supermercado a eso de las 11:15 p.m, una buena hora para hacer compras navideñas porque supuestamente a esa hora todos están en casa esperando Navidad y listos para dar gracias a Dios por la llegada de Jesús al mundo. ¿No?

Cuando llegaron al súper, los padres de Alicia le tendieron un billete de 10 dólares y literalmente la eligieron en ese momento como la compradora oficial del dulce navideño. Ella sólo fingió una sonrisa y se bajó del auto lo más rápido posible. Quería llegar antes de las 12 a casa de su abuela porque había invitado a su novio a pasar Navidad con ellos y siempre le hacía la misma gracia de llegar después que él. Y a pesar de que él se sentía ya en bastante confianza, ¿acaso no podía estar la anfitriona de primero para recibirlo y evitar los saludos cargados de nerviosismo? En fin, Alicia sólo debía encontrar una plancha de dulce de frutas o nueces que alcanzara para unas 40 personas y listo. Sí, 40 personas muy hambrientas.

Encontrar el dulce fue sencillo, más de lo que ella imaginó. Justo al llegar a la panadería visualizó una enorme plancha de frutas con fondant verde y rojo. Era perfecto, un paraíso culinario. Sin dudarlo, pidió la plancha, le dieron el tiquete de pago y se dirigió a la caja. Lo que venía bajando era el asombro de la noche. Caminando con dificultad con la plancha y tratando de revisar los mensajes de Carl, su novio, Alicia llegó a la enorme fila de la caja registradora. Okei, quizás ella no era la única que hacía compras de último momento en Navidad. Pero no fue la fila lo que asombró a Alicia, sino lo que la gente estaba comprando.

Por un microsegundo, Alicia se había confundido si estaba en vísperas navideñas o de carnavales. Filas, tandas, cantidades brutales de cerveza y licor era lo que había en las carretillas de los susodichos delante de ella. Era tan abrumador que Alicia como mala disimuladora no sabía que cara poner. Y la única que le salió en el momento fue una expresión apagada, de tristeza. ¿Cómo era posible que en plena Navidad hubiese tanta gente con el sentido errado? ¿Cuándo se volvió Navidad en una fiesta de borrachera y reggaetón? Sin ofender a los que aman este género. Alicia no sabía dónde meter la cara. Ella, vestida con un traje rojo y unos tacones negros que brillaban, estaba rodeada de personas que iban a celebrar de todo esa noche, menos el Nacimiento de Jesús. De todos los departamentos del supermercado, el área de licores era el más lleno. Grupos de amigos, familias y parejas no se daban abasto para cargar entre dos o tres los six pack de cervezas o las botellas de licor. Daba dolor ver como niños aéreos, sin conocimiento de qué sucedía estaban allí sin remedio alguno acompañando a sus padres o el tipo de familiar que fuese a llenar su estantería de tantas bebidas.

Alicia sólo pensaba en aquellos niños que deberían estar en casa durmiendo o siendo instruidos en el verdadero significado de la Navidad. Pensaba en todas esas personas, que de seguro no tenían idea alguna de que esta fecha no era para beber hasta el amanecer, sino para celebrar un acontecimiento que marcó la historia de la humanidad, la llegada de Jesús como un niño indefenso al mundo, naciendo en un humilde pesebre, en Belén. El amor de María y José hacia el Niño y todos los símbolos presentes en aquel momento habían sido opacados por la música, los regalos y en el peor de los casos, por cerros de alcohol y de personas con la mente en otro mundo completamente paralelo a la festividad. ¿Estarían aquellas personas conscientes de qué significaba la Navidad? ¿Nacería Jesús en el corazón de esas personas aquella noche?

La fila se fue acortando para Alicia, sin embargo la cantidad de personas con grandes cargas de cerveza seguían detrás. La cajera al cobrarle le deseo una “Feliz Navidad” y Alicia sólo se limitó a darle una sonrisa junto un “Igualmente, Dios la bendiga”. Al llegar al auto, entregó el dulce y mantuvo silencio el resto del camino hasta donde su abuela. Ya allá, pudo ver cómo la realidad de esta fiesta se ha tornado confusa y hasta oscura. Mientras todos en casa de la abuela Tati se saludaban y oraban torno al pesebre, Alicia miraba por la ventana  a la casa de enfrente, dónde llegaba un auto con 5 jóvenes, quiénes bajaban unos 7 six pack de cervezas. No pudo distinguir la marca, sin embargo eso no importaba. Allí, a sólo unos metros de distancia y una calle que los separaba, se vivían dos Navidades completamente diferentes, como el vil reflejo de la sociedad actual, dónde todo se celebra bebiendo y sin la más remota idea de quién era aquel niño que nacía para traernos amor y salvación.

Alicia lo había hecho otra vez. En medio de una fiesta tan bonita, me había sacado un trago amargo pero me había hecho reflexionar. Mi pregunta para ti es: ¿Y tú, con quién celebraste esta Navidad? ¿Con el mundo o con Jesús?

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