El testimonio de Verónica: Y así fue como desperté

 

Hola! Espero que estén bien. Apenas le comenté a mi amiga Verónica sobre la buena noticia de que sería escritora del blog de una vez me quiso enviar su testimonio de vida. Cuando Verónica regresó del retiro precuaresmal de su parroquia ella sintió la necesidad de contar su historia para inspirar a otras personas. Sin más que decir, les dejo el testimonio de Verónica. 

 

Hola. Mi nombre es Verónica. Soy universitaria y católica. Me gusta mucho ayudar a las personas y espero ayudar a alguien con el testimonio que les voy a contar hoy.

 

 Provengo de una familia unida y soy muy bendecida de tener un hogar estable. Mis padres han trabajado mucho en que yo tenga una buena educación y se los agradezco cada segundo que pueda. Ellos siempre han estado ahí para mi. Sin embargo, a pesar de tener una vida prácticamente “perfecta”, no se pueden prevenir los malos momentos. Y yo tuve un horrible momento en mi vida que me llevó a estar en un hueco en el que sentí que no podía salir.

 

Estaba en noveno grado cuando sucedió mi mal año. Recuerdo haber tenido muchos amigos en primaria y parte de mi pre-media pero al entrar a noveno, todo cambió. Muchas de mis amigas se alejaron de mí. Ellas preferían irse de fiestas y yo optaba por quedarme en casa leyendo o viendo películas. De tener aproximadamente 10 amigas pasé a tener ninguna.  Tenía un amigo pero él pasaba su día con su grupo de amigos y poco hablábamos para ese entonces. Yo llegaba a las 6:45 am a la escuela  y me iba alrededor de las 2:00 pm sin hablar con nadie. Estaba completamente sola.

 

Pero en ese entonces no todo era tan malo. Un año antes de que sucediera esto que les cuento, comenzé a hablar con un muchacho que estaba en la misma capilla que yo. Era reservado pero a la vez lindo. Casi imposible de que sucediera algo entre nosotros. Pero yo era feliz como su amiga. Era feliz de contar los minutos que faltaban para verlo. Lo esperaba diariamente a las 3:23 pm cuando regresaba de su escuela para escucharlo reír, hablar y tal vez (si tenia suerte)  despedirnos con un abrazo. Él fue definitivamente mi primer amor.

 

Luego, en la escuela, todo iba empeorando. Pasó de  “nadie me hablaba” a ser “me dicen comentarios feos”. Una vez una compañera me pregunto “¿Por qué eres tan estupida?” y esa pregunta me sigue atormentado una que otra vez actualmente. Me dijeron “gorda”, “fea”, entre otros comentarios. Me fui deprimiendo cada vez mas. No sabía qué hacer. Si se lo comentaba a alguien adulto, ese adulto iría a hablar con el director o los padres de aquella persona y esa persona solo me trataría peor. Me sentía en un hoyo. Mis supuestos amigos pasaron de decirme “te quiero” a decir “eres gorda”. No sabía como desahogarme. No quería llorar ni mucho menos hablar y recurrí a cortarme. Me cortaba en lugares no obvios para que nadie se diera cuenta. Estaba deprimida. Mis notas bajaban y buscaba sólo excusas para no ir a la escuela. “Me siento mal”. “No harán nada hoy”. “La profesora no irá”. Pero la mayoría de las veces me tocaba ir a la escuela obligada.

 

Y para empeorar la situación, aquel muchacho lindo cayó en el hospital. Estuvo meses ahí por una enfermedad. Tuvo una cirugía. Pasé de verlo diariamente a no verlo. Después de 3 meses en el hospital, él murio. Recuerdo perfectamente cuando en la tarde de un martes llamaron al teléfono de la casa y mi madre contestó y se quedó en silencio. Sin yo verla, supe cuál era la noticia. Sentí literalmente como mi corazón se destrozó. Y desde ese entonces, no volví a ser la misma.

 

Me deprimí cada vez más y más. Lloré todas las noches por 6 meses. Prácticamente ya no comía. Entre la escuela y perderlo a él ya no podía más. En ese entonces, mi familia también estaba pasando por un mal momento. No sonreía. No había motivos. Pensé en el suicidio una y otra vez. Si mis supuestos amigos me trataban asi, ¿para qué seguir viviendo? Si mis padres estaban tan ocupados con sus propios problemas, ¿para qué contarles? Si mi primer amor ya no estaba aquí, ¿cuál era mi razón de existir?

 

Pasó un año, me cambié de colegio. Las cosas fueron mejorando poco a poco. Conocí nuevas personas. Le conté lo que pasó a un amigo nuevo y gracias a personas como él, fui saliendo del hoyo. Él me buscaba el almuerzo en la cafetería, se colocaba al frente mío y me decía “De aquí ni tu ni yo nos vamos hasta que termines este almuerzo”. Hizo eso muchas veces y al principio me era difícil. Pero un día pude terminarme toda la comida y al hacerlo lo abracé y le repetí muchas veces cuanto lo quería.

 

Un día mi mama llegó con la loca idea de que fuera a confirmación. Y lo primero que dije fue ¿Qué es eso? ¿No hice eso a los 8 años?. Luego me di de cuenta que me equivoqué, no había hecho ese sacramento. Pero como iban muchos de mis compañeros del salón, fui. (Recomendación: No vayan a hacer un sacramento por influencia de alguien más).

 

En la confirmación, me hice amiga de un muchacho que asistía mucho a misa. Me invitaba a eventos de la parroquia, actividades que hacían que yo jamás pensé que se realizaban. Ese amigo me enseñó muchas cosas de la iglesia. Él sabía mi pasado y me aceptó con mis defectos. Fue una amistad sana.

 

Hice mi confirmacion y él estaba orgulloso de mí. Me habló de un tipo de encuentro que se realiza cada año y me invitó. Fuimos con la parroquia y conocí a más personas. Y ahí, fue donde desperté. En aquel encuentro reconocí cuáles eran mis heridas, mis debilidades, mis miedos y que era lo que me faltaba. ¿Qué fue lo que nunca vi cuando estaba sola?. Que realmente no lo estaba. Dios estaba conmigo y me apena saber que pasaron muchos años para descubrir que realmente lo que me faltaba era confiar en Dios.

 

Fui a más encuentros y retiros con mi parroquia. Actualmente, estoy en una comunidad juvenil. Hace poco regresamos de un retiro y me di de cuenta que he sanado muchas heridas. Aquellas amigas, ya las perdoné. A mis padres, los perdoné. Y por aquel primer amor rezo cada noche para que su alma descanse y tengo la fe de que lo veré algún dia si Dios así lo quiere.

 

Me siento muy bendecida con todo lo que Dios ha permitido que suceda en mi vida. Me ha enseñado a ser más fuerte, a saber que Él está conmigo y a confiar en su voluntad. De igual manera me siento bendecida por la familia y los amigos que tengo. Y entendí el por qué de la frase “Dime con quién andas y te dire quién eres”.  Rodéate de amistades santas y sanas. Rodéate de personas positivas que buscan alegrarte y ser feliz junto a ti. Busca a Dios. En serio búscalo. Él te está esperando desde mucho antes de que tú nacieras. Y créeme, si yo pude salir del hoyo con la ayuda de Dios, tu también podrás. Recuerda amarte y valorarte, eres una creación perfecta de Dios.

 

Espero que con mi testimonio haya podido ser la esperanza de al menos una persona.

 

Sé la princesa o el principe de Dios que ya eres.

 

Dios te Bendiga.

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