Alicia encuentra el amor

May 9, 2016

 

La verdad es que Alicia me hizo dudar de esta publicación. Sé que suele contarme vivencias y lecciones aprendidas en su vida, sin embargo, este testimonio va más allá de encuentros casuales con chicos en el bus o de fotos de Instagram. Le pregunté mil veces si de verdad quería que esto se publicara porque entiendo como su amiga lo delicado que fue contar algo que de seguro muchos desconocían para evitar murmuros o malos entendidos.

Entre insistencias de omitir este testimonio y dudas de por qué quería en sí dar a conocer algo tan delicado comprendí que Alicia solo quería desahogarse de una forma positiva: dejando que su testimonio y vivencia personal pudiese abrir la mente de una u otra chica o chico que de seguro había o estaba experimentando lo mismo. Sé que siempre cuento con mis palabras lo que Alicia me dice, pero hoy quiero que sean sus palabras y su esencia la que llegue a ustedes como un mensaje de que el amor está en cada rincón del mundo y no necesita de una búsqueda implacable o de intentos forzosos que causan dolor, sino de un corazón listo para amar y ser amado luego de encontrarse a sí mismo en la soledad y la oración.

 

(Escrito por Alicia)

 

Hay un par de cosas que debo confesar:

  1. Soy demasiado enamoradiza

  2. Aunque sé que no es lo correcto, soy fan masoquista del refrán “un clavo saca a otro clavo”

  3. Me tomó 22 años despertar del erróneo pensamiento de que el amor iba ligado a otra persona cuando siempre tuve al amor de los amores a mi lado.

El amor me ha tocado la puerta en un par de ocasiones. Desde pequeña supe que terminaría en un altar (o al menos eso sueño) porque siempre fui una fiel creyente de que el amor tenía que llegar en forma de un hombre caballeroso y amoroso que quisiera mis virtudes y defectos de una forma particular y diferente. Por muchos años, fui esclava del falso sentir de que el amor podía expresarse en la primera persona guapa a mi gusto que me tratara bien, y eso me llevó a sufrir un sin número de desilusiones que no sólo mataron poco a poco mi esperanza sino que cultivaron en mí un rechazo previo y terror al hecho de ser vista de forma diferente por un muchacho. Las películas de Disney que llenaban el estante de DVD en mi casa se convirtieron en un hazmerreír luego de corroborar que los cuentos de hadas no estaban hechos para las personas reales como yo, y sumándole problemas de autoestima y complejos personales, me parecía demasiado mágico que alguien llegase a amarme.

 

Tuve un par de amores fallidos que no involucraron mucho tiempo, semanas, meses, pero nada ni siquiera cerca al año de relación. Luché por mucho tiempo con mi temible defecto de que podía enamorar o hacerme esa idea de querer a alguien en días, semanas y si era muy tétrico el panorama, en horas. La idea casi desesperante de que debía conocer a alguien que me amara y que cumpliera mi sueño Disney de pequeña se había convertido en algo que no esperaba con paciencia, más bien trataba de encontrarlo en cualquier situación disponible.

Eso, con el tiempo sólo generó un dolor profundo que me hizo perder cualquier ánimo de amar. Hasta que un día conocí a alguien que no sólo me devolvió las esperanzas, sino que cuidó y sanó mi alma de una forma indescriptible. En la mirada sincera y llena de amor de un amigo fiel, encontré el amor que tanto había soñado. Y así fue por un par de años. Fueron años donde mi mente se dejó llevar por la mágica esencia de tener a alguien a quien abrazar, besar y apoyar en todo momento. Fueron años de peleas, pero también de alegrías combinadas con momentos dulces y únicos, donde amar era la mejor experiencia del mundo. Y en ese tiempo, que llenó mi ser hasta borrar cada vacío emocional que residía dentro de mí, olvidé el problema de enamorarme rápido y enfoqué todo mi amor y mi sentir hacia una sola persona. Y puedo decir abiertamente que fueron los mejores años de mi vida y que siempre estaré agradecida con esa persona, ese primer amor real, que supo cuidar de mí y darme todo el amor que tenía en su corazón.

 

Cuando eso terminó, independientemente del motivo, lo primero que invadió mi espacio personal y emocional fueron los comentarios ajenos que sólo buscaban sembrar una semilla de cizaña y aumentar el dolor que de por sí sentía por la ruptura. Sin escuchar versiones ni preguntar, personas completamente ajenas a mi persona se encargaron de abrir un hoyo aún más profundo al tema para cavar sin pena y misericordia una situación que de salida debía ser propia de dos personas en cuestión, no de una fraternidad entera. Y cuando sentía que el dolor de no tener a esa persona a mi lado no era suficiente, la mala vibra externa de personas poco sensibles y libres de culpa logró esparcir chismes, cuestionamientos y declaraciones jamás verídicas que terminaron de cavar mi propia tumba emocional que me llevó a meses de estrés, tristeza y enfermedad emocional.

 

En ese lapso mi corazón aprendió entre piedras y sollozos a ser fuerte. Quizás no de la forma adecuada, pero en los próximos 3 meses aprendí a ser diferente y a canalizar mis heridas. Al principio debo admitir que no fui la más inteligente y caí en el temible abismo del clavo que saca a otro clavo. Busqué ilusiones pasajeras en personas que sabía que no llenarían aquel vacío y sólo logré encontrarme con la terrible soledad en su máxima y majestuosa expresión. Me envolvió tan bien y de forma tan fuerte que mis días se volvieron una sombra gris llena de falta de apetito, muchas horas de sueño y terminé eliminando todas mis canciones románticas del playlist del celular. Más de 5 veces a la semana le escribía a ese amor fallido con deseos de volver porque no aceptaba la realidad, incluso, aun estando consciente de que habíamos terminado por nuestro bien, mi falta de amor y de paz me llevaban una y otra vez al mismo camino, tratar de reparar un amor que ya debía irse para que ambos siguiéramos adelante de forma sana y tranquila. Los amores pasajeros llegaron y corrieron de forma casi instantánea, llegando al punto de que las ilusiones de un nuevo amor se esfumaron y la soledad terminó de abrazarme, como una triste aliada.

 

No fue hasta un retiro pre cuaresmal de carnavales dónde por obra y gracia de Dios, por mis amigos que siempre me apoyaron y por el instrumento de asesores y predicadores que me escucharon, pude comprender que había estado buscando el amor luego de esa desilusión sin darme cuenta que el verdadero amor de los amores estuvo siempre conmigo y ese era Jesús. Cuando pasé por la ruptura NUNCA busqué consuelo en la oración ni en el Señor, no busqué lo positivo del asunto ni empecé a aceptar todo lo que me pasaba para ver que mi problema era que no me amaba a mí misma lo suficiente como para ser feliz sin depender de otra persona. Entonces, pude ver una pequeña luz y sentir que ya sabía qué camino debía coger. Busqué esa paz interior y consuelo entre lágrimas y entrega en oración a Jesús, la fortaleza fue llegando como una dulce caricia que toca tu rostro y fui aprendiendo a controlar mis emociones. Decidí amarme a mí misma y dejar que el mismo Señor fuese mi amor fiel y mi paz.

 

Al final, es un amor que sigue enseñándome cada día más de mí misma y que me ha hecho comprender muchas dudas y ver que por mucho tiempo busqué el amor en cosas pasajeras. Aprendí a ver el amor en la confesión, en Jesús Sacramentado y en la oración. Empecé a vivir la nueva aventura de ser amiga de la soledad, no para desilusionarme, sino para aprender a amarme y así estar lista cuando el amor de pareja tocase mi puerta. Es una aventura que sigue en pie a la fecha y que sigue cultivándose para amarme cada día más y aceptarme. No ha sido fácil, pero he ido descubriendo el hermoso misterio del amor de la cruz, manifestado por una acción de amor tan radical y fuerte que sólo Jesús era capaz de realizar. Morir en la cruz por mí, por ti, por amor es una acción que sólo el Mesías podía hacer para salvarnos. Y ese amor hace que mis ánimos crezcan cada día por seguir trabajando mis actitudes, por esperar en Dios y cuando sea su voluntad esa persona especial que pueda recibirme con amor y sin desilusiones. El amor es un enigma, es un regalo y más que todo, es una decisión. Pero debemos amarnos a nosotros mismos y al Padre, para estar listos para dar ese paso de amar al prójimo en su máxima expresión y sin ataduras, sin clavos que sacar y sin vacíos que llenar. Es allí, cuando nuestro corazón es libre y somos felices con el amor de Cristo y sin dependencia afectiva, que tenemos todo lo necesario para amar a los demás de esa forma de pareja que muchos soñamos. Sigo en ese camino lleno de aprendizajes y aventuras, cosechando el amor y orando por el amor de pareja que puede que llegue cuando menos lo espere, todo conforme a la voluntad de Dios y viviendo en alegría y plenitud mi vida.

 

Este pequeño testimonio sea una luz tenue que toque tu corazón agobiado y frío para que puedas ver amor dónde quizás no querías ver, abriendo tu corazón a Jesús de una forma tremenda y sin miedos, para conocer la misericordia y el fundamento básico de amor de la mano del único amigo fiel que no te abandonará. Esperar en Dios con la confianza plena es el mejor camino que puede haber escogido. Oro por mi futura pareja, por aquel que llegue sin buscarlo a compartir conmigo esta historia de amor, aquel hombre que me haya encontrado porque ama más a Jesús y así dio con el paradero actual de esta servidora. Que el amor reine en tu hermoso corazón y que como yo, ante un amor fallido, seas un testigo del verdadero amor de Cristo manifestado de tantas maneras hermosas e inigualables. Dios te bendiga.

 

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