Alicia y el taxista controversial

May 17, 2016

 

Cuando conocí a Alicia me dije que por amor a nuestra amistad le ayudaría a conseguir un auto para que su vida fuese más sencilla en términos de transporte. Sin embargo, revisando sus escritos y tomando en cuenta que casi todas las vivencias divertidas y de excelentes reflexiones que me da provienen de transportes públicos, estoy considerando fuertemente omitir esa ayuda del auto y dejarla un rato más experimentando nuevas aventuras gracias al sistema de transporte público de la ciudad.

 

¿Recuerdan a Harry, el chico guapo de la biblioteca que resultó tener los mismos sentimientos que Alicia? Bueno, están saliendo. Gracias a Dios conoció a alguien bueno, o al menos eso aparenta. Como las tardes de conversación en la biblioteca llegaron a su fin, Harry quiso seguir la onda literaria invitando a Alicia a la feria del libro como primera cita. Y si eso implicaba un libro de regalo y una cena casual para terminar la noche definitivamente estaban empezando muy bien. La invitación llegó al escritorio de la oficina con un chocolate en forma de rosa. Harry, ¿no tienes ningún amigo que desees presentarme quizás? :/

Como el evento de la feria quedaba al otro extremo de la ciudad de dónde trabaja Alicia, el metro, el metro bus o las rutas internas piratas no funcionarían. ¿Qué quedaba? Pues taxi. El bendito taxi. Entonces, porque las cosas dichas por Alicia siempre son más interesantes, aquí les dejo su versión completa de la historia.

 

(Por Alicia)

 

¡Tengo una citaaaaaaaaaaa!!!!! ¿Dónde está la cámara indiscreta? Wao, la verdad es que la emoción no me cabe en el corazón. Después de todo el asunto con Carls, las jornadas de diálogo y lloradera con mis amigas y los mil y un vídeos que había visto de cómo afrontar rupturas y lograr la paz mental, por fin me sentía cómoda con la situación de terminar la relación. Y después de haber hablado con mi guía espiritual y sentirme más a gusto sola y con Jesús allí dándome fuerzas por la oración y todo lo demás, era lindo volver a sentir ese nerviosismo y entusiasmo por estar con una persona. Y Harry la sacó del estadio al invitarme como primera cita a una feria del libro. Debo recordar darle un buen regalo a su mamá cuando cumpla años por cuidar y enseñar a tan maravilloso muchacho sobre las bondades del ser humano y cómo tratar a las mujeres.

 

Ahora, Harry trabaja casi al lado de dónde sería la feria, por ende, era demasiado egoísta pedirle que manejara hasta el otro extremo de la ciudad a buscarme para luego regresar al evento. En ese juego perderíamos gran parte de la noche y había que considerar que la feria terminaba a las 9 pm y ambos salíamos del trabajo a las 6. Por ello, el tiempo era súper valioso y la solución más viable era que nos encontráramos directamente en la feria.  Ya de salida el podría llevarme hasta mi casa y si todo salía bien, la cita sería un éxito y yo estaría un paso más cerca de una posible relación de noviazgo con un muchacho súper increíble.

Era un jueves por la tarde y casi que contaba los minutos para que el reloj marcara las 6 y salir literal corriendo a tomar un taxi. Por una extraña razón, dónde trabajo, los radio taxis no son muy amantes de buscar carreras. (Por eso dije que apenas saque la tarjeta de crédito o débito empezaré a usar Uber). Debido a esta situación, me tuve que enfrentar al dilema ancestral y poco civilizado de pedir taxi a ver quién quería llevarme. Para colmo, justo cuando llegaba a la parada para empezar a buscar taxi un mensaje llegó a mi buzón de parte de Harry:

 

“He salido unos minutos antes de tiempo así que literal ya estoy en la feria. He conseguido también un pase doble para la presentación del nuevo libro de cómo ser emprendedor en 10 pasos. Sé que te gustan esos temas. En fin, te espero acá. Sé que será una noche genial. Un beso”.

 

Fantástico. Harry era tan perfecto que tenía iniciativas geniales que ni a mí se me ocurrirían. Ahora tenía un motivo doble para llegar a la velocidad de la luz a la feria. Por ende, en lugar de sacar la mano y agitarla para detener un taxi, prácticamente empecé a saltar para llamar la atención de alguno en cuestión y hacer ver que mi desesperación era intensa, tanto así que podía utilizar la típica frase de película “cóbreme lo que sea, pero lléveme a tal lugar”. A los 5 minutos un taxi en muy buen estado debo decir se detuvo en la parada y sin siquiera preguntarme adónde iba aceptó la carrera. La verdad es que me sorprendió. El señor, que parecía de unos 44 años llevaba música instrumental de fondo, había un agradable aroma dentro del auto y el señor, muy amable, me preguntó la dirección y se dispuso a emprender el viaje. Yo creí de verdad que sería un viaje tranquilo, con uno que otro tema de conversación de por medio y los comentarios típicos del tranque, el clima, los políticos y la crisis mundial, sin embargo, este taxista tomó las riendas de la situación por otro lado. Aquí la conversación que tuvimos:

  • Señorita, ¿podría usted contestarme una pregunta?

  • Pues si está dentro de lo que pueda responder, claro que sí.

  • ¿Cree usted en Dios?

Paréntesis. Wow, bueno aquí ya sabía por dónde venía la historia. O era un evangelizador católico (lo dudo), o era alguien de otra religión o por lo más extremo de todo era un ateo.

  • Sí señor.

  • Bien, me alegra escuchar eso. Ahora dígame, ¿cree usted que Dios está en todas partes?

  • Pues Sí señor, Él está con nosotros siempre y nos acompaña dónde sea que estemos.

  • Error. ¿Se sabe usted el Padre Nuestro?

  • Claro que sí señor.

Paréntesis 2. Es aquí donde creí por un micro segundo que estaba frente a un señor católico que de seguro me daría una mini catequesis, por lo que mi respuesta fue dada con bastante alivio. Qué equivocada estaba.

  • Pues si sabes el Padre Nuestro sabrás que Dios no está en todas partes, sino que sólo está en el cielo. Porque dice la Palabra: “Padre Nuestro que estás en los cielos”…

  • Aja, eso dice, pero yo lo decía en un término algo hipotético sabe. En el sentido del amor que nos tiene y que dicho amor y su presencia está en todas partes.

  • Muchachita, está usted muy equivocada. Sabe, creo que necesita algo de ayuda espiritual para aclarar sus dudas. ¿Está usted interesada en conocer más de nuestra religión? (me omito la religión)

  • Es usted muy amable, pero no gracias. Soy católica y pues estoy en un grupo parroquial dónde también nos formamos y ahí voy aprendiendo poco a poco.

  • Bueno señorita, cuando veo lo que usted y sus hermanos creen y veo los errores que cometen, siento que es necesario darse cuenta de que la escuela dónde usted asiste o iglesia está mal, es necesario optar por cambiarse a una que sí sepa.

PAUSA. Quiero aclarar un par de puntos.

  1. Respeto todas las religiones, incluso tengo muchos amigos que no son católicos y nos llevamos súper bien manteniendo el respeto en nuestras conversaciones y tolerando las creencias de cada quién sin pasarnos de la raya de la forma de expresarnos sobre algo respecto a dicho tema.

  2. Sé que este señor taxista es un caso especial, porque sé que hay miles de personas que no son católicas y que a pesar de eso no atacan a los que lo somos sólo por tener distintas convicciones.

  3. Dicho esto, me parece una falta de respeto de ataque el hecho de no sólo tratar de hacer de cambiar de pensamiento a una persona que ya tiene su fe definida, sino que también hace un ataque indirecto pero bastante claro sin conciencia alguna.

  • Bueno señor, yo aprecio su interés por enseñarme su perspectiva.

  • La perspectiva correcta querida. La única correcta.

  • Bien, escuche. Con mucho respeto le digo que no comparto su perspectiva y por ende, no estoy interesada en aprender de la misma. Respeto su opinión, pero podemos dejarlo allí.

  • Tranquila niña, el que quiere salvarse buscará cómo hacerlo. Si usted no desea, está bien.

 

En este momento opté por callar. Sabía que aunque expusiera mi punto de vista con un powerpoint o un dibujo hecho a mano este taxista en cuestión no comprendería ni respetaría mi forma de pensar. Aquí no estábamos ante una guerra de religiones, sino a una falta intensa y directa de respeto por las distintas creencias. Me daba igual que no profesara mi misma religión, es más, en otras ocasiones he escuchado de forma atenta a hermanos de otros grupos que dan un mensaje bastante neutral y sin ofensa alguna a la religión católica, sin embargo, este tipo no sólo había sobrepasada la línea de respeto, sino que estaba convencido de que de esa forma en cuestión llegaría a mi corazón para que yo pensara como él. Y tras eso, me había cobrado casi el doble de la carrera, pero por la desesperación por bajarme del taxi y no sostener más la comunicación con él, adicionado del apuro por llegar a la feria para des estresarme con Harry, pagué casi que sin dudar ni cuestionar la tarifa. Para ese punto del viaje mi medidor de paciencia se encontraba a punto de explotar, sin embargo, la cordura me alcanzó un poco para dar el dinero de forma amable y despedirme con un “gracias” y un “que tenga buenas noches”. ¡Pero qué desmadre se me iba a desatar por dentro!

 

Había lidiado en el pasado con comentarios o burlas que tiraban al aire sobre la religión católica y la verdad es que siempre me ha resultado absurdo e innecesario, sin embargo, era la primera vez que experimentaba de frente a frente un casi encuentro directo con alguien de otra religión que resultase tan caótico y desagradable. Su tono sarcástico con que decía las cosas y cómo se refería a mí como una miembro de un grupo completamente errado en la fe y al borde del abismo me había sacado de quicio por completo. Entonces, ¿qué ganaba con todo esto? Pues rabia, sí, pero también conciencia de que la fe no es un tema para armar guerras. Cada quién tiene su forma de pensar y hay casos en que simplemente debes tolerarlas hasta dónde tu límite de respeto lo permita. Pero, ¿atacar, para qué?

Gracias a Dios la noche con Harry fue perfecta. Me regaló el libro de “Noches blancas” de John Green y me llevó al restaurante de enfrente a cenar. ¡Vaya primera cita! Pude desahogarme con él sobre el tema y darme cuenta que por encima de las diferencias y de defender la fe, es el amor lo que debe predominar. Si comprendemos la civilización del amor y la ponemos en práctica podemos lograr mucho más que al tratar de arrastrar personas a una religión y de atacar a los que no comparten con nosotros un ideal idéntico o parecido.

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