Alicia en la fila de confesión

June 6, 2016

 

  • Tienes media hora de atraso. ¿Cuál es tu excusa?

  • No tengo una excusa, pero con gusto te explico qué me paso.

  • Eso cuenta como excusa Alicia.

  • No. Mi perro no me atrasó ni perdí el Metro Bus.

  • ¿Y entonces qué fue?

  • Estaba en la fila de la confesión…

 

(Por Alicia)

 

¿Por qué siempre voy tarde a todo? ¿Dónde estaba la virtud de “estar a tiempo” cuando me repartieron mis dotes? Mariee me iba a matar. Sí, porque iba tarde a acompañarla a buscar el primer lote de libros que publicó. Ella de verdad que tiene que revisar sus prioridades como decía Hermione en la piedra filosofal, ¿cómo es posible que se vaya sola a entrevistas y grabaciones pero no pueda ir al bendito local de entrega de encomiendas sola? Entiendo que teníamos una semana sin vernos, sin embargo, había escogido hacer un mandado como excusa para encontrarnos. Y de paso iríamos al nuevo centro comercial a ponernos al día con algunas compras. Pero la entiendo. Vivimos solamente a media hora de distancia y resulta todo un dilema ponernos de acuerdo para ir por un café o hacer una salida semi improvisada durante la semana.  

 

La semana pasada que habíamos quedado en vernos yo había olvidado por completo que en mi agenda personal que poco reviso tenía en planes ir a confesarme. Sí, porque hasta para eso tengo que hacer agenda. ¿Ya les había dicho que mi vida está saturada de cosas que ni yo misma entiendo cómo quedé involucrada? La Universidad, las clases de danza y las visitas semanales al diario dónde publico como voluntaria resultan tan agobiantes que sólo falta que ponga en mi agenda el punto de “dormir, descansar, no hacer nada”. En fin, tenía más de 5 meses (da pena, lo sé) sin confesarme y ya el cargo de conciencia no daba ni un día más, por ende, tuve que advertirle a Mariee de que existía la leve posibilidad de llegar un poco tarde al parque dónde nos encontraríamos para luego buscar su paquete. Ella accedió (porque sé que estaba intensa ya con el asunto de vernos) y como era un día de semana me pareció que podía pasar por la iglesia, confesarme y llegar al parque en una hora. Vaya , vaya…qué hora ni qué hora.

 

Llegué al confesionario justo cuando recién indicaba el horario que el sacerdote empezaría a confesar. ¡Qué desmadre! Había una fila como de 15 personas delante de mí, un solo sacerdote y la tentativa opción de que podría llover. Definitivamente no iba a llegar a tiempo al parque.

  • Llegaré algo tarde, espérame en el café que está cerca, va a llover.

  • Qué raro.

  • Mariee…

  • No, dale. Relax. Todo bien.

  • Voy a confesarme. Relájate.

  • ¿Hoy?

  • ¿No te dije? Ups…haha. Espérame en el café. Espero no tardar.

  • Dale, cuidado y te pasa algo gracioso por allá.

  • Créelo. De seguro algo pasará.

Y Mariee tenía razón. Esa fila de la confesión estaba llena de personajes. Como última persona en espera pude ser testigo de conversaciones poco discretas, miradas intensas y comentarios que me dejaron algo asombrada. Entonces, porque soy algo observadora y me gusta enumerar a veces lo que veo, aquí dejo algunos prototipos de personas que vi en esta dichosa fila de confesión:

  1. El que hace examen de conciencia por chat: o al menos eso parece. Mis padres me inculcaron de la confesión no es como una cita médica que esperas haciendo lo que sea afuera, sino que desde antes de hablar con el sacerdote debes revisar tus pecados, prepararte en oración y estar en reflexión profunda. No sé si mi amigo en cuestión tenían una nueva app para consultar los pecados o buscar arrepentimiento, pero el susodicho estaba muy hilarante con su celular en mano chateando y escuchando música. Y de paso jugaba Candy Crush. Sólo soltó el celular cuando la señora que acababa de salir del confesionario le avisó de que ya era su turno, porque ni de eso estaba pendiente.

  2. Las mejores amigas del chisme: increíble, de verdad si así me vería con Mariee en un par de años prefiero ir trabajando en eso desde ya para evitarlo. Dos señoras, probablemente  de unos 55 años o más no paraban de hablar en la fila. Pero okei, si fuese que hablaran de cosas productivas o alegres… Pero no, tenían una tanda de conversación de arriba a abajo contemplada por chismes, críticas a sus colegas del club de jubiladas y una burla bastante intensa con Clara, una de las señoras que al parecer no soportaban ninguna de las dos. Lo peor es que justo antes de que una de ellas entrara a confesarse le pudo decir a su amiga en un tono no muy bajo: “ahora que salgo te cuento un chisme exclusivo y penosísimo de Ana”. Vaya, ¿qué tipo de confesión iría a hacer? ¿O iba a confesarse para seguir hablando mal de las demás?

     

     

  3. La mamá de los niños traviesos: sin duda alguna este personaje me sorprendió de más. Una señora muy bien vestida se encontraba sentada con sus dos hijos, ambos iban a confesarse, pero ella no. Durante la espera, se dedicó a recordarle a sus hijos todos los pecados que habían cometido. En voz alta. Para que todos supiéramos literal. Los pobres niños solo se mantenían con la cabeza agachada y leyendo entre líneas un libro bastante grande de literatura infantil. Lo peor es que cuando ambos salieron, cada uno de un confesionario distinto porque otro sacerdote había llegado, su expresión no pudo ser más incómoda para todos los que estaban en fila: “¿en serio ya se confesaron? ¿tan rápido? Tendré que preguntarle al padre a ver si fueron honestos, eso fue demasiado rápido.Eso hasta a mí me dio pena.

  4. El colado: en seriiiooo, un tipo se coló. Llegó, vio la fila, se quedó parado cerca de la puerta y en cuanto salió una señora, se metió. Y como la señora que venía en realidad en la fila estaba bastante tranquila y quería mantener todo en paz, simplemente lo dejó colarse. ¿Es en serio? ¿Hasta para confesarte eres un juega vivo que no tiene conciencia, prudencia y respeto?

     

     

Cuando entré a confesarme tenía como 3 pecados agregados por todas las rabias que había pasado en la fila. Gracias a Dios el sacerdote supo aconsejarme muy bien, me escuchó con calma y me invitó a ser ejemplo y a calmar mi rabia a través de la oración. Hay mucho en qué trabajar para ser mejores católicos, porque si así somos cuando estamos en “camino” a quedar en gracia y convertirnos, no sé qué pasa cuando no estamos en esa onda. Al final, llegué tarde como por una hora donde Mariee, pero ella estaba hablando por teléfono con la editorial para unas entrevistas concretas y estaba bastante feliz, por ende, se pudo amortiguar bien mi tardanza. De camino a buscar el pedido de libros le conté mi vivencia y ella me motivó a escribir sobre eso, porque se aprovecha de la situación para generar contenido para ustedes. Luego fuimos al centro comercial, bajé mi rabia comiendo helado y de regreso a casa me senté en el borde de la cama para poder orar de forma más tranquila y sin distracciones. Creo que esta experiencia me hizo abrir los ojos un poco más en la forma en qué estamos viendo el sacramento de la confesión. No es un protocolo o una liberación superficial de los pecados, es en efecto, un momento que debemos tomar en serio y prepararnos debidamente para el mismo, y sin un examen de conciencia y un verdadero sentido de arrepentimiento, no será lo mismo. Con esta vivencia, sólo quiero dejarles claro que la confesión no es algo que debemos hacer porque así lo dice la iglesia, sino porque creemos verdaderamente que ese sacerdote es instrumento de perdón hacia Jesús y nos permite estar en gracia, no para volver a lo mismo, sino para ir mejorando y dejando esos pecados atrás para no repetirlos. Que la confesión sea un encuentro con Jesús para seguir caminando a su lado. Gracias Mariee por siempre dejarme plasmar mis experiencias.

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