Carta por Alicia

June 20, 2016

 

Son las 4:00 p.m y estoy frente a la computadora revisando mis correos electrónicos. Acabo de pasar un historial de noticias llenas de violencia, lamentos y sustos políticos y de salud. Ya ha pasado por más de 3 veces en mi mente que definitivamente el mundo se está acabando. Y antes de creer que soy la única que comparte este pensamiento, Alicia me envía un correo que me ha dejado muda. No es una nota de voz, no es un mensaje de 10 líneas en Whatsapp. Es una carta. Una carta de esas que quizás te lees dos o cinco veces porque quieres analizar cada línea y cada situación que lees. Las palabras de Alicia se explican por sí solas, por eso, dejaré que su carta hable por ella misma.

 

(Por Alicia)

 

Estoy triste. El mundo me tiene triste. Las personas también. Me siento como un peón sin rumbo en un mundo consumido por el pecado y las almas negras. No es un tema de exorcismos o de fantasmas. Nosotros mismos cargamos los demonios encima y lo peor de todo es que hoy en día pareciera que eso fuera lo correcto. Nos hemos convertido en personas incongruentes, que asistimos a la Iglesia y defendemos una fe firme y con bases sólidas, pero caemos ante cualquier otro ideal liberal sólo para estar en la corriente y no parecer fenómenos en medio de tantas personas abatidas por los pensamientos erróneos. Decimos creer en la Palabra, pero aplaudimos acciones que sabemos muy en el fondo que están mal, pero aun así ofrecemos un apoyo para no parecer que somos anticuados. Somos enemigos del pecado, pero aun así lo abrazamos como una almohada llena de regocijo porque de vez en cuando nos creemos la tontería de que hacer cosas incorrectas tiene algún sentir de deseo o de tranquilidad. No somos ni fríos ni calientes, no estamos ni en el bien ni en el mal, somos una especie de almas en pena, perdidas, que no comprenden sus propios ideales y que defienden un día algo, y al día siguiente lo aborrecen. Hemos perdido la noción de los conceptos: confundimos la libertad con el libertinaje, la tolerancia con el apoyo incondicional y el amor con la violencia. Y nos hemos vuelto amantes de lo oculto, lo incorrecto, de la doble moral.

 

Vamos a Misa, decimos seguir a Cristo, acudimos a la confesión de vez en cuando, nos auto nombramos hijos de Dios y seguidores de la fe, nos colocamos una camiseta de cristianos católicos a diario, pero otras veces simplemente la ocultamos y la dejamos en el armario, sólo para usarla después, cuando sea de beneficio. Por el otro lado, decimos ser todo lo anteriormente mencionado, pero de nuestro vocabulario salen palabras obscenas, indecentes, como si eso nos hiciera más interesantes. Decimos defender la familia, pero a la vez apoyamos de forma intensa uniones que el mismo Señor no ha aprobado y somos tan confusos que nos volvemos defensores del divorcio pero también de las uniones del mismo sexo. Y ojo, no es lo mismo tolerar y hasta comprender con amor a una persona que ama a otra del mismo sexo a estar apoyando con globos, cornetes. ¿Y lo qué dijo Jesús no cuenta entonces ya? Ya ni nosotros mismos sabemos que defendemos.

 

Y para irme a un tema más radical, que nadie venga a decirme que el hecho de que quemen una imagen de la Virgen o quiebren a palazos una imagen de Cristo Crucificado o que un grupo de feministas sin cerebro vayan desnudas a una Iglesia y ataquen a un Cardenal de forma violenta es un signo de moral. Y ni hablemos de los que van por ahí profanando capillas o parroquias para dejar un mensaje de que son pro abortistas y se creen los más rebeldes y “cool” del mundo. Y ni son lógicos para darse cuenta que si su madre hubiese sido abortista cuando los tenían en su vientre ninguno de ellos hubiese nacido. La gente se ha vuelto ilógica, indecente y han desvalorizado lo que tomó años en construirse y lo que el mismo Jesús enseñó y tomó por cruz por nuestros pecados ¿No vale bestia defender el hecho de que un bebé no puede nacer cuando tú sí tuviste la oportunidad de llegar a este mundo? Déjame decirte que si apoyas el aborto eres un egoísta. Y si lo apoyas porque no estás preparada para tener un hijo porque no puedes darle lo que merece y etc entonces eres un irresponsable egoísta ¡Por favor! Ya basta de atentar contra la fe y de exigir respeto cuando ellos mismos no lo tienen. ¿No eres católico? ¿No crees en la Virgen María ni apoyas nada de lo que creemos? Pues esa es tu situación, pero no por eso tienes que venir a criticar, atacar y denigrar lo que otros sí profesamos con amor y devoción. Nunca pensé que llegaríamos a este punto pero, ¡dejen de atacar a la Iglesia! En la Iglesia somos todos pecadores y siempre habrá cosas que hagamos mal y otras que hagamos bien, pero ya basta de tales expresiones tan horribles contra la fe. Lo dije una vez y lo repito, no es moral ni es pedir respeto si tú mismo irrespetas a los demás. Entonces hay gente que anda por ahí tirándose a la calle para pedir que le respeten sus actos sexuales porque es su trabajo o pidiendo que acepten su cambio de género pero esa misma gente que exige respeto y aceptación se van hasta la entrada de una Iglesia a gritarle barbaridades a un sacerdote o a faltarle el respeto a los que vamos a Misa y entonces, ¿de qué carrizo estamos hablando?

 

 Por otro lado, vemos un mundo colapsado por el odio, donde la solución parece ser más odio. Por otro lado, vemos un mundo colapsado por el odio, donde la solución parece ser más odio. Vemos como personas sin corazón entran a lugares públicos y matan sin compasión a decenas de personas, personas que independientemente de sus creencias o pensamientos son seres humanos llenos de vida y que merecían continuar con sus sueños y metas, pero que les arrebatado la dicha de vivir porque otras personas sin alma y completamente frías han decidido jugar a los dioses y tomar vidas que no le pertenecen. Las personas discuten porque un atentado tiene más atención que el otro, cuando deberían preocuparse más por orar y ver cómo desde dónde estamos podemos aportar algo para reducir la violencia. ¿No se han dado cuenta? Ahora las noticias abundan en tiroteos, amordazados, víctimas inocentes, almas caídas con futuros prominentes, todo por causa de la violencia. El cliché de pedir por la paz mundial se ha convertido en una necesidad porque ya es una situación realista. Ahora, no importa que estés en un lugar “seguro”, ahora matan en conciertos, Universidades, restaurantes, lugares románticos, en todos lados literal. ¿Entonces dónde estamos viviendo? ¿Qué sucede con el mundo? Con el mundo nada, somos nosotros los que estamos cambiando. Los que estamos siendo atormentados y que vivimos con miedo cada vez más. La violencia abunda y el miedo también, llegando a un punto crucial en que nos sentimos acorralados por los ataques y las personas que están faltas de amor, porque aunque parezcan locas, fanáticas y enfermos mentales, están también falta de amor. Y es allí donde sólo nos queda orar y buscar la conversión, porque antes de entrar en un juego apocalíptico o de signos de los finales de los tiempos, podemos centrarnos en que los protagonistas de todos estos episodios de odio no son extraterrestres o seres sin mente o corazón, son humanos. Como tú y como yo. La diferencia radica en que crecieron en un ambiente de guerra, o que tuvieron una vida trastornada, se vincularon a malas compañías y buscaron falsos dioses que los llevaron a un abismo dónde el pecado y la muerte son los compañeros de batalla, dónde ellos deciden por los demás su destino de vida y dónde el odio sólo vence a más odio para exterminar todo aquello que no va con su mentalidad. No podemos cambiar al mundo actual, y aunque suene aterrador, sí estamos ante una sociedad enferma de valores, falta de amor y convicciones firmes, de personas confundidas y arrebatadas de su propia dignidad, personas sin fe, estamos viviendo entre demonios que acarician cada vez más cerca nuestra seguridad, nuestra paz y nuestra familia. ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? ¿Por qué siempre mueren personas inocentes en atentados o ataques? Simple. Porque las personas que tiene un corazón noble e inocente no andan por ahí como bastardos matando. Eso lo hacen los que no tienen una pizca de amor en su corazón y sienten lástima de su propia vida miserable.

 

¡Seamos de verdad defensores de la fe! Basta de incongruencias, basta de defender lo incorrecto y basta de vivir con una doble moral para caerle bien al mundo. Ni siquiera el mismo Jesús pudo caerle bien a todos. Entonces, dejemos de ser tan hipócritas, egoístas y en lugar de pelear por ver quién recibe más apoyo mediático o defender una ley en pro del aborto o de legalizar uniones que no son las correctas, empecemos a ser realistas y a defender lo que de verdad decimos. Una cosa es la tolerancia y otra es la confusión de eso con apoyar y velar por una causa que no debe darse. Es cierto, el amor siempre gana, pero no somos dioses para ir en contra de la voluntad divina. Algunos no apoyarán esta carta porque sentirán que es un rechazo a la mentalidad actual y no lo es, es una opinión libre de alguien que desea mantener firme su ideal de fe y ver un poco más allá de las repercusiones actuales. Duele ver personas defender uniones del mismo sexo y a esas mismas personas decir que el matrimonio no es importante como sacramento. Duele ver mujeres proclamar que son dueñas de su cuerpo y sentirse diosas para decidir el destino de vida de una creatura que ellas mismas han engendrado. Duele ver jóvenes perderse en la violencia porque sus padres no fueron lo suficientemente responsables al criarlos. Duele ver cómo el modelo de sociedad se pierde cada vez más, al punto que ver una familia unida en Matrimonio con sus hijos caminar por el parque sea casi que un caso en extinción porque ahora la disfuncionalidad es la tendencia actual. Y seguirá así mientras seamos rebeldes con nuestra mentalidad y no queramos aceptar que tenemos que convertirnos y dejar de sentirnos los que mandan la ley divina o pensar que podemos cambiar las reglas o romperlas porque ahora todo es más moderno.

 

Mi corazón llora por ver cómo estamos viviendo y a la vez teme porque quizás en un par de años ser una persona decente y con principios firmes sea la nueva tendencia anormal o incorrecta con la que los ojos del mundo nos vean. Por favor, oremos por el mundo y su realidad, porque aunque suene de terror o apocalíptico, con todo lo que hemos visto que sucede, probablemente sean signos que si no buscamos solución o un camino de fe, quién sabe cómo estaremos de aquí a un par de meses, porque de años es mucho. Dios bendiga al mundo, lo necesitamos.  

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