Alicia y el católico que FU.MA.BA

June 27, 2016

12:45 p.m….Tiene un nuevo correo de Alicia M.

 

(Por Alicia)

 

Arturo necesita revisar sus prioridades. Como lo dijo una buena vez mi querida Hermione en “Harry Potter y la piedra filosofal”, es peor ser expulsado que morir, sin embargo, Ron se encargó de hacerle ver que tenía un concepto demasiado errado por su bloqueo mental ante la intensa necesidad de poner sus estudios de prioridad.

Arturo era el típico caso del católico F.U.MA.B.A. Sí, desde que tenía 18 fumaba, sin embargo no era el concepto al que aplicaba, sino que era un católico que iba solamente a:

 

F.U= funerales

M.A= matrimonios

B.A= bautismos

 

Y vaya que no se perdía ninguno. A pesar de que éramos amigos desde primaria, mis encuentros más casuales con Arturo eran ante la puerta (ahora santa) de la parroquia tomando en cuenta que de unos meses para acá todos habían decidido casarse, bautizarse, o morirse. Lo más cómico del asunto es que Arturo era de esos católicos taquilleros que cada vez que pisaban el Templo para algún evento donde vestían de forma elegante, debía documentarlo y hacerle saber a su amplía comunidad de seguidores lo buen cristiano que era. ¿Por qué no tenía entonces fotos un domingo en Misa o no se hacía una selfie mientras estaba en la hora santa? Pues, primero porque eso sería el colmo de la taquilla y la verdad es que con todo y su egocentrismo, Arturo no tenía muchos seguidores ni personas que le interesaran en efecto de lo que hacía con su vida y segundo, nunca estaba ni en horas santas ni en misas para documentar dichas situaciones. Su novia, Virginia, era la culpable de todo esto. No sólo de que fumara desde hace dos años (Arturo tiene 20), sino de que se le hiciera toda esta idea loca de que estaba “fine” el hecho de abandonar literal la iglesia para sólo aparecerse en eventos “especiales” según él, obviando por completo el sacramento de la Eucaristía. Entonces, aparte que Virginia (sí, la misma que les había comentado en los fantasmas de Semana Santa) no era muy amiga mía, se había llevado al lado oscuro de la fuerza, al lado “light”, al lado tenebroso e innombrable de ver la Eucaristía como algo “whatever”. Y a pesar de que Arturo y yo éramos muy buenos amigos y en efecto, habíamos iniciado nuestra amistad gracias a la pastoral juvenil (porque antes de que la bendita Virginia apareciera, Arturo era un joven súper involucrado en la vida de fe y eclesial), ahora nuestras conversaciones se limitaban a cortos “chats” cuando Virginia no estaba (porque ella es una insegura psycho que no deja que su novio hable con nadie” y a los saludos de lejos que nos dábamos cuando concordábamos en estos eventos sociales (porque otra regla de oro de su relación actual con Virginia era que debían ir juntos a todo)…

 

Por eso, sólo bastó enterarme que Virginia se iría una semana de viaje a Estados Unidos a visitar unos parientes para poner mi plan en marcha. Tenía que recuperar a Arturo y sus ánimos por retornar a la Casa del Padre. Y justo como una Dioscidencia de las que caen como anillo al dedo, el fin de semana que Virginia estaría aún por Estados Unidos había un retiro espiritual para jóvenes, donde yo evidentemente asistiría y a como dé lugar me llevaría a Arturo conmigo.

  • Quiero que vayas conmigo al retiro Arturo. Porfaaaaaa

  • Alice, no tengo ganas. Virginia no está y así puedo salir solo un rato.

  • Turo, tienes como un año sin ir a un retiro. Vamos. En serio necesitas ir.

  • ¿Por qué?

  • ¡Pero qué obstinado! Antes amabas ir a todo, hasta al mínimo encuentro o taller Bíblico. ¿Y ahora qué?

  • Alicia, en serio no tengo ganas.

  • Hazlo por mí por favor. En serio Arturo, por mí. Prometo dejar de ser tan intensa con el tema si vas. Y bueno, si después del retiro sigues pensando igual de verdad que no haré nada al respecto.

  • ¿Tres días, cierto?

  • Dos y medio, entramos el viernes en la noche y salimos el domingo al mediodía.

  • Bien, en ese caso tienes que acompañarme mañana a buscar una tienda de acampar.

 

En eso, esbozó una sonrisa que me devolvió un poco de esperanza a todo el asunto. Los siguientes días fueron diferentes, una vez que el vuelo de Virginia despegó, Arturo se dedicó a reencontrarse con su yo antiguo, su verdadero yo. Luego de inscribirse en el retiro fue  a la hora santa el jueves, peleó con Virginia porque según ella no era necesario que fuera a un retiro y yo en cuestión lo ayudé a conseguir la tienda de acampar y hasta convencimos a otros amigos de él para que fueran. El panorama se mostraba bastante positivo y Arturo estaba animado, lo cual me hacía remontarme a años pasados dónde todos teníamos esa llama encendida de servir a la Iglesia y ser miembros activos de la misma.

 

Llegado el día del retiro emprendimos un viaje de unas dos horas hasta llegar al destino del fin de semana. Un playa de fondo, excelentes cabañas y amplio campo para recrearse y una capilla con un salón de conferencias convertían el área en el paraíso espiritual para todos los que asistimos. Y aunque lo antes mencionado hace suponer que estaríamos todo el día en la playa o jugando, era todo lo contrario. Creo que tenía rato sin ir a un retiro tan emotivo y profundo. Lo particular del retiro era que iba dirigido a jóvenes universitarios, por ende, los temas tratados estaban alejados del cliché común del tema paternal o del noviazgo, sino que golpeaba temas más pesados y de carácter personal que aparte de desarmar emocionalmente a los jóvenes, les hacía entrar en razón. Mi experiencia fue fascinante, a pesar de ir con un corazón dispuesto había descubierto nuevos vacíos y a la vez había encontrado como llenarlos gracias a Jesús. La experiencia de Arturo me dejó impactada. Más que volverlo a conectar con la Iglesia había despertado en él una duda vocacional. Un enigma de sentimientos y ahora sentía un amor tan intenso en su pecho que no sabía cómo calmarlo. Virginia me odiará tanto después de esto, sin embargo, nadie puede ir contra la voluntad de Dios y ahora mismo Arturo se encuentra en un proceso de discernimiento, sin Virginia, para asimilar y descifrar todo lo que sintió en el retiro.

 

La verdad es que más que una misión por cumplir siento que toda experiencia de fe que pude compartir con Arturo se tornó en un testimonio personal de cómo el Señor trabaja de forma cautelosa pero siempre acertada. Llevé a Arturo con la intención de volverlo a animar para estar en un grupo pastoral y bajarle la intensidad con el tema de dependencia emocional de Virginia, sin embargo, resultó ser más fuerte que eso, dejándolo ahora con un posible llamado vocacional y con ánimos fortísimos para servir en la iglesia. Dios sabe cómo hace las cosas y aunque muchas veces sintamos que el efecto o resultado llegará en mil años, el Señor se encarga de mostrarnos su misericordia, amor y darnos las respuestas que buscamos cuando menos pensamos. No sé qué decidirá Arturo, pero sea cuál sea el camino que vaya a emprender de aquí en adelante, me siento agradecida y feliz de haberlo sacado de esa etapa FU.MA.BA

 

 

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