¿Cómo lidiar con una crisis pastoral?

September 19, 2016

La vida no es color de rosa, ni siquiera en la iglesia y los grupos que la conforman. Somos un conjunto de personas comprometidas al servicio de Cristo y su Madre Iglesia, sin embargo eso no nos quita nuestras tendencias, seguimos siendo personas con limitaciones, defectos y a veces mucha mala onda. Y si mezclamos esas actitudes con diferencias de pensamiento, mala comunicación y algo de frialdad espiritual, se puede desatar un enorme caos en medio de un lugar que debería promover la paz y unidad. Queramos o no, todo grupo pastoral pasa por las crisis, peleas y conflictos que pueden poner a un grupo a temblar en la cuerda floja de soltarse y dejarse caer al abismo o de sostenerse, dialogar y mantenerse en pie con todo y las diferencias.

 

Enfocándonos en la pastoral juvenil o movimientos de jóvenes, es súper común que esto suceda en algún momento. Muchas veces se da porque la emoción del inicio llena a sus miembros de ese interés de servir, estar en todo y hasta estar en más de lo que deberían con tal de ayudar y con el tiempo, esa batería súper recargada empieza a sufrir de bajones y queda fría, haciendo que aquel joven entusiasmado se le bajen los ánimos y empiece a sentir pereza de ir a Misa o de cumplir con sus labores dentro de la pastoral. En otros casos, se da porque cada miembro empieza a desligarse emocionalmente de su servicio o compromiso, dejando atrás el grupo y no tomándolo en cuenta como una prioridad, sino como algo que se puede hacer cuando no hay nada mejor que hacer. Otro aspecto que suele salir a flote es la tibieza espiritual, que toca la puerta de muchos en el camino como una brisa suave que acaricia su alma para permitirle sentir otras cosas que por un tiempo puede hacerles ver o creer que existen otras ideologías o caminos que tomar en lugar de mantener un camino firme de fe, aquí es donde se dan los choques espirituales o las confusiones, dejando a los demás miembros con la interrogante de qué ha sucedido con aquellos que estaban un día al 100% entregados a una fe y que ahora dudan de la misma. Uniendo esto y otros factores que quizás a ti se te pueden ocurrir, los grupos juveniles se ven atentados con rebeldía, confusiones, presiones grupales externas y falta de comunicación.

 

¿Qué hacer? ¿Tiene solución un grupo que se ve atascado entre peleas, diferencias y poca tolerancia? Siempre hay formas de aminorar el conflicto o crear soluciones efectivas, revisemos algunos consejos básicos:

  1. Oración: la clave y base de todo. Si vamos atacando y no buscamos de Jesús en estas crisis, créeme que no se solucionará nada. Recuerda: la fe mueve montañas.

  2. Un diálogo sin ofensas: de seguro ante situaciones conflictivas o peleas muchos tendrán miles de cosas guardadas para decir o estarán listos para tirar piedras, sin embargo, antes de empezar a decirse mil cosas de las que pueden arrepentirse o ser groseros, es necesario que de forma individual cada quién se calme en la medida de lo que pueda y busque de forma respetuosa y siempre con horizonte a la solución de conflictos para llevar el diálogo de forma tranquila.

  3. Pedir perdón y aceptar disculpas: dejemos el orgullo para otro cuento. Entre hermanos, es necesario aceptar los errores, pedir disculpas y disculpar a alguien por sus errores. Todos somos humanos y seguiremos equivocándonos en el camino de la vida, por eso debemos aprender a vivir con ello y reconocer nuestras faltas para seguir mejorando.

  4. El realismo siempre cuenta: tampoco se trata de hacer magia. Muchos miembros de grupos juveniles entran por buenas razones y otros simplemente lo ven como un juego. Como madurez de cada cual, es tiempo de ver la situación de cada uno y evaluar si el lugar donde estás sirviendo de verdad es tu carisma o vocación. No se trata de pertenecer a un grupo por decir que estás en algo dentro de la iglesia o por un beneficio, si no estás dispuesto a servir o recibir ayuda cuando se te ofrece o a adquirir un compromiso específico del grupo, es mejor que trabajes de forma espiritual de la mano de un sacerdote o busques tu verdadera vocación dentro de la iglesia.

  5. Ánimos: las actitudes negativas ante crisis como estas no llevan a nada bueno. Si bien es cierto la comunidad debe velar por salir adelante, esto se logra con el deseo de cada uno de sus miembros, por ende, de nada servirán los puntos anteriores si de salida la persona no tiene ánimos o no desea sentirse mejor dentro de la comunidad.

  6. Comunicación: no supongamos, no adivinemos, no seamos psíquicos. Las cosas siempre deben comunicarse. Desde asistencia a reuniones, conflictos o limitaciones, la comunicación es la clave para mantener en una misma sintonía a todos y no morir en el intento de comprender a los demás. Regla de oro: el que no comunica algo no puede esperar que los demás lo sepan o lo comprendan.

Al final, se trata de comunicación, ánimos, oración y poner en práctica la fraternidad. Recuerda que las comunidades juveniles no son grupos sociales, sino que son una familia que eliges acorde a tu carisma para trabajar en pro de Cristo y su Palabra.

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