Sé cómo Alicia

January 11, 2016

 

Hola. Me llamo Alicia. Tengo 22 años y soy una de las mejores amigas de Mariee. Y soy hasta la fecha su pluma invitada en el blog. Sé que Mariee siempre redacta las vivencias que le cuento, sin embargo, en esta ocasión le he pedido que me permita presentarme y darles mi testimonio. Soy una chica común y corriente. Llena de aspiraciones, sueños y enredos personales como cualquier otro. A mis 22 años, he visto gente cercana decir adiós, he llorado por amor y he saboreado el amargo vino del fracaso. Pese a todo, considero que mi vida ha estado llena de bendición y felicidad. ¿Por qué? Porque ante cada situación, tanto buena o mala, he tenido el apoyo de un amigo fiel llamado Jesús. Ese amigo que sé que tú también tienes, la diferencia es que yo quise que Jesús fuera mi amigo hace varios años ya y hay muchos jóvenes y adultos incluso que hasta la fecha ni siquiera le han dado “aceptar” en su solicitud de amistad. Cuando conocí a Jesús era una niña recién graduada del colegio que quería comerse al mundo. Mi infancia fue ejemplar, sin embargo, mis deseos desde pequeña de salir al mundo o de la burbuja personal dónde había crecido me tenían ansiosa por descubrir la vida cuando por fin tuviese esos brazos abiertos por la Universidad. Para mí, la vida de joven adulta sería una ruleta de emociones y aventuras que me ayudarían a redimir el tiempo perdido en mi cerrada adolescencia que sólo consistió en ir a la escuela y salir a pequeñas reuniones en casa de mis amigos. Por eso, cuando me gradué, fue como si una luz resplandeciente me llegara del más allá diciéndome que ahora venía lo bueno por vivir.

 

Estaba dispuesta a experimentar todas las vivencias que pudiese recolectar, y para mi enorme pero agradable sorpresa a futuro, la primera vivencia que tuve fue asistir a un encuentro juvenil. Mi mejor amiga me invitó aprovechando que mis padres ya no me tenían la soga al cuello en protección y me fui con ella por un fin de semana a un encuentro en el interior. Debo admitir que tenía expectativas distintas del mismo. Fui con la idea de conocer más personas, de expandir mis contactos en redes sociales y si la suerte pegaba, conseguir algún buen prospecto. Atiné con lo de los contactos pero conocí de forma inesperada y poco casual a alguien que me llenaría el corazón de tanto amor y paz, una paz que no creía ser posible experimentar. En ese encuentro conocí a Jesús. En medio del silencio y la oración, como una suave brisa tocó mi corazón, lo llenó de esperanza y sacó a flote mis emociones más vulnerables, emociones que había tenido encerradas por mucho tiempo por miedo a ser expresadas. Y como un amigo que ama y que quiere lo mejor, tomó cada parte de mi ser que estaba rendida y adolorida para sanarla. Me hizo sentir paz y ánimos por seguir conociendo su caminar. Después de ese encuentro, entendí que tenía una vivencia a largo plazo que vivir. Había sido invitada en esa primera experiencia con Jesús a vivir caminando de su mano, aprendiendo de la Palabra y dando mis conocimientos y talentos para permitir que otras personas como yo tuviesen esa hermosa experiencia.

 

Después de ese encuentro mi vida tomó un nuevo rumbo. Entré a la Universidad a estudiar mercadeo y danza, mis dos grandes pasiones. Ingresé en un grupo de pastoral juvenil de la parroquia a la que había asistido toda la vida y empecé ese camino espiritual dónde encontré jóvenes como yo con ganas de aprender y crecer en la fe y poco a poco fui desarrollando mis talentos para el Señor. Descubrí que amaba escribir y puse a disposición ese talento y un par de años después conocí a Mariee en una cita eucarística dónde ella trabajaba para un canal de televisión católico y yo estaba de voluntaria en redes sociales. Allí intercambiamos contactos y más adelante quedé siendo la pluma invitada de su blog, un proyecto que inició poco después de habernos conocido.

 

De esta breve historia, mi conclusión y mensaje es lo siguiente: conocer a Jesús fue la mejor experiencia de mi vida. Me hizo sentir libre y darme cuenta que todos somos igual de importantes para Él y que estamos llamados a trabajar bajo su morada para evangelizar de la forma en que mejor nos salga. Todos tenemos talentos diferentes y tenemos esa oportunidad o regalo de ofrecerlos para que el pueblo de Dios crezca cada día más en esperanza y caridad. ¿Qué talento tienes? Yo escribo y ofrezco eso para transmitir un mensaje a ti que lees esto y todos los que gracias a Dios y la tecnología tiene acceso al mundo digital. No te quedes de brazos cruzados con ese don que tienes. Quizás tú eres el próximo gran instrumento que Jesús tiene para llegar a más y más personas. ¿Te sumas al movimiento de llevar a todos el evangelio?

 

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