Cuando es tiempo de trabajar

October 5, 2016

Hace unos meses en la clase de Psicología me enseñaron un tipo de actitud muy usual. Pusieron el ejemplo de una muchacha que vivía en un apartamento con su pareja. Una noche se escucharon gritos y golpes viniendo de ese apartamento. Muchos vecinos escucharon el ruido pero nadie hizo nada pensando: “el vecino de al lado ya tuvo que haber llamado a la policía”. A la mañana siguiente encontraron a la muchacha muerta y nunca se llamó ni a la policía ni a la ambulancia. Este tipo de actitud es muy usual y es el clásico “¿Para qué hacerlo yo si el hermano de al lado puede hacerlo también?”.

 

Y de hecho, esta actitud se ve hasta en la iglesia aunque no lo crean.

Es algo muy común el bajón de fe y que no siempre será todo color de rosa en una comunidad católica. Y es mucho peor cuando se juntan ambas situaciones. Personalmente cuando existe un bajón de fe es cuando falto un domingo a misa, luego se me olvida orar una noche, luego no leo el evangelio un día y así voy de poco a poco alejándome de Dios. Y aunque no lo crean, mi actitud cambia radicalmente cuando sucede el bajón. Junto a todo esto, lo color de rosa en la comunidad se vuelve color gris. Ambos sentimientos juntos me hacen sentir como si estuviera entre la espada y la pared. Además, erróneamente tomo la actitud de “¿para qué hacer algo yo?”.

Y a veces siento que muchos piensan así. Se deja de escribir en el grupo, de mandar el evangelio u otros archivos (ya sea videos o lecturas) que ayudan a uno a subir su fe o al menos a mejorarlo. Comienzo a pensar “¿para que mandaría este artículo al grupo si nadie lo va a leer?” “¿Por qué mandar esta imagen si no hará ningun impacto en nadie?”. Me hacia muchos tipos de preguntas que giraban en torno al “¿para qué hacerlo yo, si el hermano de al lado puede?”. Hasta que encontré a un Padre de otro país que envía el evangelio junto a una nota de voz que incluye la reflexión del día (lo cual me pareció muy genial y tecnológico). Pensé una y otra vez si valía la pena mandarlo, hasta que me llegó una respuesta a la cabeza.

Tal vez sea un pequeño acto y no muchos lo lean. Pero aunque solo una persona le llegue el mensaje a su corazón sabré que habré hecho bien mi labor de pasar el mensaje de Dios a otros.  Y así fue, comencé a mandar el evangelio junto a la reflexión diariamente.

Luego, se me vino una idea nueva a la cabeza. ¿Por qué no mandar también el tweet diario que coloca el Papa en su Twitter?. A veces un pequeño mensaje de menos de 140 caracteres te puede hacer el día.

 

No esperes que alguien más haga el trabajo que tú puedes hacer. Puede ser un pequeño detalle pero aunque sea a una persona le alegrarás el día. Toma la iniciativa y alégrale el día a alguien. No te olvides de orar por tu comunidad y hermanos. Y por supuesto, ora por los sacerdotes.

 

Sé la princesa o el príncipe de Dios que ya eres.

Dios te Bendiga.

 

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