Si el bullying no existiera...

October 10, 2016

Quizás el mundo tuviese un poco de paz. Quisiera saber quién se cree lo suficientemente extraordinario para hacer bullying, ¿acaso piensan que les dieron un certificado de aprobación para hacer sentir mal a los demás? Probablemente aquellos que se la pasan criticando y haciendo daño físico, emocional y psicológico a los demás lo hacen porque de por sí su vida es bastante desdichada, sin embargo esto no les da la potestad para tomar a personas vulnerables o que han crecido en un ambiente lleno de amor y que por ende no son malas personas y atacarlos sin piedad alguna por cosas que no tienen sentido.

Cuando tenía apenas 11 años sufrí de bullying en el colegio, pero creo que para ese entonces el término no era muy común. Una chica me molestaba porque yo era una niña callada y que le iba bien en cuanto a sus notas escolares, no me gustaba hacer “shows” ni andaba por ahí de “compinche” con nadie. Esta niña tomó sus influencias de ser bastante extrovertida y social para poner a todas mis supuestas amiguitas en mi contra (que en ese entonces sabemos que el término amistad es bastante complicado de definir). Esta niña (que tengo años sin ver) se tomó el tiempo de hablar con cada niña del salón y darle mil y un motivos para que no me hablaran y ellas le siguieron la corriente. Para ese entonces, en mi cabeza el término amistad se ligaba sólo con niñas, años después empecé a tener amigos varones y ya esa mentalidad infantil de niñas de un lado y niños del otro se fue a un abismo hondo y sin vuelta atrás. Pero remontándonos al 2003 cuando la historia era otra, el hecho de que de la nada ninguna niña me hablara significaba el fin del mundo dentro de mi inocente cabecita. Todo comenzó con pequeños aires de ignorarme o no querer salir en el recreo a comer conmigo, luego las veía en pequeños grupitos murmurando mientras me señalaban (sí, las muy lindas no eran discretas en nada) y lo peor vino cuando empezaron a gritarme extraterrestre cada vez que me pasaban al lado. Oh, casi lo olvido… y hacían un ademán como cuando te rocías “spray” o desinfectante cada vez que me pasaban cerca o me rozaban por algún motivo. Fueron días difíciles y recordarlos con detalle para escribir esto me hace sentir algo irritada porque pienso en todos esos niños que actualmente sufren bullying de forma más brutal y no saben cómo salir de allí. Cuando empezó a afectarme directamente lo que esta niña y mis ex amigas hacían las consecuencias se hicieron notorias. Pasé de tener notas altas a bajar horriblemente, tanto que mi mamá me interrogaba a diario a sabiendas si era que requería de algún tutor para ayudar extra. Luego, un fuerte de dolor de cabeza me daba al despertar, según mi mamá era cansancio pero yo sabía que era porque sabía que al levantarme debía ir a clases. Y luego, todo se descontroló. Empecé a llamar para que me fuesen a buscar a clases porque me sentía mal, no estudiaba, lloraba mucho cuando estaba sola en mi cuarto y mi único momento de paz era cuando iba a dormir en la noche. Sí, estaba pasándola mal. Las cosas se tornaron reales cuando ya no podía lidiar con todo sola y decidí contarle a mis papás. Y entonces se convirtió todo en Troya. Se vinieron reuniones con la directora, con una psicóloga, con la mamá de la niña en cuestión y fue un torbellino de emociones tanto buenas como malas que llegaron a sanarse con terapia, una disculpa más o menos sincera de la niña y conversaciones constantes con mis padres. Al final del año, la niña volvió a su país de origen (porque era de Estados Unidos) y prácticamente allí terminaron mis problemas. Pero fue un año duro, demasiado duro para una pobre niña de 10 años cuyos padres habían protegido tan bien que no sabía cómo defenderse ante personas tan malas pasara por eso. Si bien es cierto mis padres fueron un gran apoyo ante esta situación. Gracias a su inmenso amor y sus enseñanzas desde pequeña nunca consideré el suicidio como una “solución” y su compañía luego de esta experiencia me llevó a ser una persona más fuerte (aunque aún soy bastante sensible). Pero, ¿qué hubiese pasado si esta niña en cuestión no se hubiese ido? ¿Hubiese seguido el bullying? Aunque hayan pasado un montón de años esta vivencia marcó mi infancia y es algo que no se merece nadie, especialmente si no hay motivos, porque en efecto, nunca los habrá. El bullying es un escudo protector para personas sin sentimientos que camuflagean sus dolores y limitaciones al hacer creer a otros que sus vidas o acciones están mal. Y debo decir que mi testimonio de bullying no es nada en comparación con lo que afrontan otros niños. Golpes, escupideras, más golpes, humillaciones públicas y hasta acoso sexual pueden conducir a estos pobres infantes que deberían ver la vida de mejores colores a un abismo dónde se es difícil salir si no se atreven a hablar o si no cuentan con padres preocupados o con amigos fieles. A mí me duele cada vez que escucho una historia de bullying o a un niño llorando porque un par de insolentes lo tratan como poca cosa. Hacen sentir que ser un buen niño es malo, que tener buenas notas te hace raro, que creer en la pureza de tu cuerpo es no ser “cool” y que si no perteneces a dicho círculo social entonces debes ser un marginado de por vida. Pues déjenme decirle algo a todos aquellos que hacen bullying en cualquier edad (aunque probablemente no lean esto porque generalmente los acosadores son personas poco cultas y poco inteligentes): sus acciones que dañan a los demás al final son una mera prueba de que su vida es tan marginal y triste que deben contagiar a otros de su desgracia. Y me dan lástima. Existen muchas bases para que alguien empiece a atacar a los demás, a veces hay problemas familiares de por medio, falta de atención y hasta conflictos emocionales que causan envidia. Pero eso no es una excusa para intentar hacer sentir miserables a otros. ¿Cuántos niños y jóvenes se suicidan al año por bullying? ¿Cuántas personas como yo quedan con secuelas leves pero presentes por traumas de infancia como estos? ¿Cuánto puedes llegar a dudar de tus capacidades sólo porque alguien que se cree con autoridad de atacarte te hace sentir que no vales nada?

Señores, el bullying es probablemente uno de los principales enemigos de la paz y por ende, de Jesús. No te comportas como una buena persona (porque esto no tiene que ver con religión) cuando atacas a alguien, más bien al atacar al prójimo, atacas a Jesús. ¿Te imaginas que Jesús nos hiciera bullying por ser tan tarados por pecadores? Porque lo somos, somos literalmente absurdos por cometer los mismos errores y aún así Él nos ama demasiado y nos perdona. Si Jesús no juzgó ni señaló ni atacó a nadie, ¿quién te crees tú para hacerlo?

Por favor, si conoces a alguien que esté pasando por bullying, acompáñalo, defiéndelo y dale palabras de aliento. Sé su amigo, porque todos necesitamos de una mano amiga en este mundo tan contaminado. No permitas que el bullying corrompa a la sociedad. Y para todos los que están allá afuera tratando de ganar gracia por hacer bullying a los demás: dejen de hacerse los más fortachones y los que tienen más poder, porque en sus acciones se nota a leguas el enorme vacío que tienen.

 

 

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