Salud por las viejas amistades

October 17, 2016

 

Y por las nuevas también. Hay amistades que duran toda la vida, literal te conocen más que tu familia y son esos lazos de hermandad elegida que llevas contigo desde tiempos remotos. Pero, ¿qué pasa con esas amistades que en su momento fueron igual de importantes pero que hoy ya no están? Esos amigos que cuando salen tus recuerdos de Facebook de hace 5 o 7 años te preguntas, ¿cómo quedamos tan distantes? Y esos amigos que hoy sólo representan un amigo más de tu lista de contactos en Facebook pero tienes años sin saber de sus vidas y sin verlos.

 

A veces ni siquiera nos damos cuenta cuando nos alejamos de amistades importantes, suele ocurrir cuando terminas el colegio y todos toman rumbos distintos en la Universidad o cuando dejas algún grupo o cambias de ambiente. Es algo bastante peculiar que con el tiempo perdamos contacto con ciertas personas que antes eran súper amigos nuestros y por un motivo u otro, a veces resulta un tanto difícil volver a reestablecer contacto con dichas amistades. Rumbos distintos, estilos de vida distintos o agendas muy ocupados son algunos de los factores, sin embargo, ¿por qué permitimos que esto suceda? ¿Por qué no podemos mantener dicho contacto con nuestras amistades?

En realidad pongo mi ejemplo personal y yo misma quedo dudosa de cómo pasó esto. Quiero contarles brevemente mi testimonio y cómo llegó a inspirarme a escribir este tema.

Cuando entré a la escuela mi círculo de amigos era bastante cerrado: un colegio dónde estuve literal toda mi vida (desde kínder hasta sexto año) hizo que las personas que frecuentaba fueran casi las mismas, sin embargo, entre los nuevos alumnos y los amigos de los amigos pude conocer un buen número de personas geniales y tener buenos amigos con quiénes compartí muchos años de vida. Cuando la ruta colegial llegó a su fin y todos tomamos rumbos separados por nuestras carreras prometimos que no dejaríamos de frecuentarnos y que aunque viniesen nuevos ambientes, nuevos amigos y experiencias de mayor madurez, seríamos amigos como habíamos sido hasta la fecha. Bueno, esa promesa no duró mucho en mi caso particular y hoy puedo analizar que en parte fue culpa mía. Si bien es cierto logré concordar en la misma Universidad y hasta clases con algunos de mis ex compañeros de colegio, yo misma fui creando una actitud que ahora no comprendo y por entrar al grupo juvenil en mi parroquia puedo decir que dejé de lado mis viejas amistades y sólo me enfoqué en toda la nueva onda de estar en un nuevo ambiente con el que me identificaba y con nuevos amigos que quizás me comprendían mejor en temas espirituales. ¡ERROR! Está bien que haya conocido personas maravillosas en mi parroquia y quiénes muchos son ahora mis amigos más cercanos, pero… ¿por qué tenía que alejarme de mis otros amigos?

 

Con el paso del tiempo se tornó más difícil aún volver a conectarnos como antes y llegamos a ese temible punto en que sólo nos hablábamos para felicitarnos por cumpleaños o a duras penas en Navidad. Después, quedamos simplemente como viejos conocidos, como esos que te encuentras mientras haces el súper y saludas con un apretón de manos o abanicando tu mano a la distancia, así como que bueno, en algún momento de mi vida aquella persona fue importante para mí.  Y es por eso que hoy publico este artículo: para brindar y extenderles mi más sincero sentir de extrañarlos viejos amigos. De verdad los extraño. Quizás la vida nos ha demostrado con el paso de los años que tenemos personalidades, gustos y corrientes diferentes, sin embargo, esos lazos de amistad que cimentamos en tantos años no debieron haberse cerrado apenas dejamos de vernos. Probablemente no sea demasiado tarde para mirar atrás y trae a colación tantos buenos recuerdos que tenemos en común. Los paseos escolares, los constantes días civiles, las veces que dañamos los abanicos del salón, las visitas casi semanales en la dirección para quejarnos de alguna situación, las fiestas nocturnas recién entrábamos en la adolescencia y cada dolor que compartimos como las despedidas y las personas que ya no están físicamente con nosotros para poder fortalecer nuestros vínculos. Y así mismo a aquellos que compartieron por años una pasión y un regalo de Dios o talento como lo es la danza, salud por tantas horas de ensayo, por los problemas de vestuario, por las discusiones de última hora y los abrazos grupales después de cada presentación. Ustedes no sólo fueron un hermoso recuerdo de mi adolescencia sino que contribuyeron a forjarme como la adulta que hoy en día soy y aunque no nos frecuentemos ya, cada uno de ustedes tiene un espacio demasiado importante en mi corazón. Por los buenos recuerdos, por las enseñanzas, por la red de contactos y de amistad que tuvimos y por la esperanza de que dichos lazos puedan unificarse más en el futuro, salud.

 

 

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