Se acabó el Año Santo, ¿y ahora?

November 24, 2016

Entonces, el Papa Francisco hizo algo extraordinario y dio inicio el pasado 8 de diciembre del 2015 al Año Jubilar de la Misericordia. Y justamente el pasado 20 de noviembre, fue la Clausura de dicho Año Santo. Parece mentira que ya ha pasado literalmente un año desde que recibimos ese llamado especial a vivir la misericordia desde las distintas obras espirituales y corporales, por la confesión, las miles de oportunidades para ganar la indulgencia y todos los jubileos que pudimos ver a nivel mundial. Definitivamente este año fue una bendición para acercarnos más a nuestra fe, reflexionar, compartir nuevamente una Jornada Mundial de la Juventud y descubrir que ser misericordiosos como el Padre no es tan complicado como creíamos. Aprendimos a escuchar, a perdonar, crecimos espiritualmente y nos enfocamos en esta palabra todo este tiempo: misericordia.

 

Sin embargo, ya las Puertas Santas están cerradas y de seguro el Himno del Año Jubilar ya no estará en nuestro playlist o en las emisoras católicas con la misma frecuencia, los jubileos ya terminaron y las peregrinaciones y documentales sobre este tema quedarán en la videoteca como recuerdo. Entonces, ¿qué hacemos ahora?

Pues, seguir con la misericordia. El Año Extraordinario de la Misericordia es precisamente eso, un llamado especial realizado por el Papa Francisco porque lo consideraba necesario para que todos entráramos en razón y comprendiéramos que no se necesita una fecha especial o en este caso, un año como tal para ser mejores personas. Pero a veces solemos enfocarnos demasiado en las fechas y olvidamos que el amor y el perdón es un acto diario. Así como dicen de forma cliché que el Día de las Madres es todos los días y que el Día de los enamorados debe expresarse cada vez que sea posible, el Año de la Misericordia es sólo una muestra o un símbolo para hacernos comprender que buscar la santidad es una labor diaria y que debemos desearlo de corazón para vivir a plenitud como Dios manda. De seguro este Año Santo buscaste hacer muchas obras de misericordia y estuviste pendiente de todo lo que el Papa decía sobre este tema, ahora que terminó, ¿lo seguirás haciendo? ¿Te seguirás preocupando por los más necesitados? ¿Seguirás buscando el perdón a través de la confesión? ¿Serás misericordioso?

 

Más que una fecha que acaba de pasar, creo que ha sido necesario un año completo para que como católicos recobráramos el sentido de lo que es ser buenas personas. No se trata de volver a la mentalidad de que hay que esperar un suceso o un llamado para actuar, se trata de buscar cada día ser mejores cristianos y evangelizar con todo el amor que Jesús busca transmitirnos día a día. Las fechas especiales son un buen recordatorio para hacer énfasis ante una situación, pero a la vez son una alerta de que todo lo que proyectamos en un día, o en este caso, un año, son la muestra viva de que así mismo debemos ser el resto del tiempo.

Entonces, tomemos todo lo aprendido en este Año Jubilar para ser evangelizadores y compartir todo esa misericordia y amor que hemos experimentado, no sólo con palabras o dando información teológica, sino con nuestros actos. Hagamos eco con nuestro propio ejemplo de que hemos conocido la misericordia de Dios y contagiemos (en buena onda) a los demás para que también experimenten esta gracia, porque quizás ya terminó el Año Santo, pero la misericordia de Dios sigue vigente y depende de cada uno conocerla.

 

 

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