Los católicos cómodos del siglo XXI

December 27, 2016

 

Creo que todos podemos entrar en esta categoría, o quizás en algún momento fuiste parte. Hace unos días escuchaba una homilía en Misa y me quedó resonando esto en la cabeza. Viendo hacia las historias de vidas de santos o de personas que dejaron una huella memorable en la historia de la Iglesia podemos apreciar personas que de verdad dieron su vida por Cristo. Algunos murieron a costa de defender su fe, otros fueron señalados, apartados y desterrados y otros se llenaron de valor en medio de los rechazos para formar congregaciones y guiar grupos que hoy en día aún están vigentes. Y aunque en la actualidad la libertad de expresión en cuanto a la fe (al menos en Panamá) no es nada que ponga tu vida en peligro, tenemos que admitir que nos hemos quedados en ese escalón leve de ser católicos cómodos, que eligen como vivir su fe, tal y como quién ve un catálogo y toma lo que le conviene para hacerlo práctico.

 

¿A qué me refiero?

 

Que prácticamente elegimos qué cosas hacer como católicos y no tomamos el paquete completo. Vamos a Misa los domingos pero nos cuesta pensar siquiera en ir a Misa en la semana. Oramos de forma individual antes de dormir o hacemos la bendición de los alimentos, pero cuánto nos cuesta sentarnos una media hora a meditar la Palabra o por lo menos leer las lecturas del día. Visitamos al Santísimo de vez en cuando, pero qué difícil decir que vamos a acompañarlo una hora o más en silencio (y sin dormirnos). Nos sentimos felices porque hay grupos parroquiales en nuestro Templo, pero eso es para otros, porque nuestro tiempo es demasiado valioso para dedicar el poco tiempo libre en asuntos eclesiales. Queremos ver veladas navideñas, obras de Semana Santa, el Templo limpio y aire acondicionado, pero no damos nuestro apoyo en ninguna actividad, ni siquiera en tiempo u oración. Decimos ser católicos, pero solo en fiestas selectas, ya saben, tiempo de Semana Santa, la fiesta del santo patrono y cuando pasa algo extraordinario como la JMJ. Pero en carnavales, Año Nuevo y fiestas que coincidan con cosas más chéveres del mundo, estamos ocupados. Y lo más vigente en los jóvenes: aparecemos cuando nos conviene. Cuando la situación pinta en participar a beneficio propio y cuando las luces se encienden porque es algo solemne, los muertos resucitan y todos somos católicos. Para el resto del año, existe MasterCard y los jóvenes que se toman la labor como algo más serio y constante.

 

Yo debo admitir que muchas veces he entrado en este clan. Nos cuesta demasiado tomar lo que conlleve ser jóvenes verdaderamente entregados al servicio del Señor. Esto no lleva contrato y no se trata de algo que hacemos cuando nos plazca, ser testimonio de Cristo es a tiempo completo. O lo tomas o lo dejas. O eres o no eres. Así de simple. Y ojo: se trata de ponernos los pantalones y decir ¡hey!, soy católico a tiempo completo. Tomemos el ejemplo de vida de Jesús para actuar conforme a su voluntad y comprender que en serio si queremos que las cosas cambien positivamente, tenemos que empezar por nosotros mismos. No se trata de elegir a la carta y decir: esto sí lo haré, esto no. Estamos llamados a tomar todo lo que conlleve ser testigos y misioneros de la Buena Nueva y expresar eso a los demás.

Este siglo está llevándonos un mensaje bastante confuso sobre cómo vivir y nos está dando a comprender que lo bueno es malo y lo malo es bueno. ¿Qué estamos haciendo para hacer frente de forma sincera y directa el mensaje de Jesús?

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