Evangelio a la carta

January 10, 2017

 

(En algún restaurante mental)

 

Mesero: bienvenido, mi nombre es Lucas y atenderé su pedido.

 

Sujeto: Muchas gracias. Un placer. Solía  venir mucho aquí pero estaba en un viaje de negocios por buen rato y he olvidado el menú. ¿Podría traérmelo?

 

Mesero: por supuesto. Pero le recuerdo que en este local solo tenemos 2 opciones de menú.

 

Sujeto: ¿Sólo 2? Vaya, no recordaba eso. Pero está bien. Deme detalles de ambas opciones y elijo con mucho gusto.

 

Mesero: Bueno, son dos opciones como le comenté. Una tan diferente a la otra y generalmente es política del local que sus comensales tomen el menú de su preferencia y lo mantengan. Suele suceder que a veces cambian constantemente entre los dos menús, pero estamos trabajando en ello. En fin. Menú 1: Eucaristía (al menos los domingos), confesión cada mes, retiros pre cuaresmales, lectura de la Biblia y meditación del Rosario. Y lo más importante: ser coherente. Practicar lo que se predica siempre. Un testimonio fijo es lo que da la calidad de este menú. El menú 2 es más light: Eucaristías de vez en cuando, confesión cuando pueda, nada formal, puede ir a misa pero si prefiere irse de paseo en domingo o a carnavalear está bien y pues puede ir y venir cuando desee de la Iglesia. Muchos prefieren este menú la verdad, aunque siempre recomendamos el primero.

 

Sujeto: vaya, bueno, viendo la situación tomaré el segundo menú. Me parece el más indicado para mi situación actual.

 

Mesero: listo, se lo anoto señor. Pero se me hace raro sabe, porque ahora que lo veo bien, yo recuerdo su cara de antes. Usted solía venir aquí mucho. Pero hay algo extraño, ¿sabe por qué? Porque antes de irse a ese viaje de negocios que usted comenta, usted siempre elegía el primer menú…

 

Pausa. ¿A cuántos nos ha pasado así?

 

Es común aunque duele que muchas personas que en algún momento entraron animadas a la iglesia de repente sufran de algún bajón espiritual y terminen yéndose de la misma. O peor aún, hay personas que estamos en la iglesia, sin embargo, nos cuesta tomar el paquete completo y ya sea que volvamos de estar en un estilo de vida del mundo o que supongamos que la iglesia es un tema de temporadas, no se trata de volver o entrar al mundo parroquial sino que nos tomemos las cosas en serio. Tan en serio que de verdad te pido con la mano en el corazón que si vas a entrar a la iglesia a ser cizaña, mejor no lo hagas. La iglesia es un lugar donde miles y millones de pecadores vamos en busca de ser mejores y de alcanzar la Santidad. Pero hay personas que en lugar de buscar esto, se esmeran en crear divisiones innecesarias dentro de la iglesia y de afectar a sus alrededores. ¿Qué podemos hacer al respecto?

 

Creo que todo se trata de un tema de decisiones. Y cada decisión es tomada con respeto y se acepta, sin embargo, hay un par de asuntos que no podemos permitir. No podemos permitir que la juventud vaya en picada, que los jóvenes utilicen la iglesia para obtener permisos para ir a otros lugares mientras sus padres creen que están orando, no podemos dejar que entre lo tóxico en grupos juveniles sólo por no decir las cosas claras y defender la fe, no podemos aceptar ideologías erradas u opiniones que se alejan de la ley de Dios sólo para agradar a alguien y tenemos que ponernos firmes y definir de forma clara en qué lado estamos.

Al final, el evangelio a la carta o que tu vida se parezca a la del sujeto y su elección con el mesero nos identifica a muchos. Y es un llamado de atención serio. Tenemos que dejar de ser tan cómodos y conformes. Y de ser tan hipócritas. Somos católicos solo cuando nos conviene y cuando a todos les da la gana de ponerse cristianos, sin embargo en las batallas difíciles y cuando hay que sacrificar grandes cosas, allí huimos con la cabeza baja esperando que la marea baje y ser católica sea más sencillo. Más sencillo y menos costosos en todos los sentidos. Sólo hay dos corrientes: la fría o la caliente. O eres o no. O estás activo o ya te apagaste. Si sientes que estás lejos de Jesús aún estás a tiempo de volver a la casa del Padre y darle con amor tu vida, afrontando la batalla de la mano de la oración. Y si estás en el camino, mantente firme y sé una persona de palabra. No seas de esos católicos de dos caras o de esos cristianos cómodos que más aparentan que lo que hacen. No seas como los que se van sólo porque no pudieron solucionar las cosas como es debido o huyeron porque no estaban dispuestos a hacer las cosas como Dios manda. En el camino de Dios hay golpes, caídas y raspones que nos incitan a abandonar todo en algún momento, sin embargo estamos todos llamados a dejar de ver tanto a la carta y pedir el menú completo.

 

Y tú, ¿cuál menú escogerías para tu alimento espiritual?

 

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