Los "haters" de la moral

February 13, 2017

De la moral, de lo correcto y de lo que Dios quiere. Bah. Probablemente ni haga efecto este artículo porque estarán siendo tan haters que no lo leerán. Y si lo leen lo criticarán. Sin embargo, hoy quiero expresarme de forma muy personal ante una situación que me parece tan complicada que no tengo idea de cómo va a ir progresando. Hay un montón de gente que se ha vuelto hater de lo que involucra a Dios. Y no me refiero a los verdaderos renegados que desde tiempos remotos detestan la religión y al menos son coherentes con ese ideal, sino de aquellos católicos que en algún momento de su vida fueron laicos activos pero ahora de la nada se han convertido en haters de un montón de cosas pero dicen ser todavía católicos. Y esto es peor que ser de dos caras. Y antes de entrar en el tema, déjenme decirles que yo era una hace un tiempo. Decía ser católica pero no tenía disciplina ni obediencia, quería hacer las cosas a mi modo y habían cosas de la Iglesia que sentía que eran demasiado anticuadas para el liberal mundo que tenemos enfrente. Pero gracias a algunas personas, a las críticas y demás, me di mi bofetada y aprendí en el proceso.

 

¿Quiénes son los haters de la moral? Son aquellos que estuvieron en la Iglesia de forma activa pero se decepcionaron por algo, por alguna acción humana y se fueron, sin querer comprender que estamos en la Iglesia por Jesús y no por los hombres que la conforman. Son aquellos que querían estar en la Iglesia pero se dieron cuenta que el camino era difícil y no querían renunciar al libertinaje, a las drogas, al consumo alcohólico desenfrenado y les costaba demasiado sacrificar su juventud para entregársela al Señor. Son los que se fueron de la Iglesia porque la consideraban anticuada, y ahora promueven prácticas o ideales que van en contra de la misma. Y son aquellos que se fueron y tras eso ahora son los críticos #1 de todo lo que sucede en la Iglesia y por ende, de lo que hacen sus laicos, como si tuviesen un nuevo objetivo: destruirla.

 

Puede que todo esto suena exagerado y hasta caiga mal, pero es la pura realidad. Si no me ahorraría el escrito. Y es aquí donde quiero acotar también que me parece absurdo como estas personas disfrutan criticar y burlarse de la labor de aquellos que continuamos luchando por ser mejores personas. Tenemos millones, millonadas de defectos y estamos conscientes de eso, pero ahí seguimos trabajando. Seguimos dando nuestro tiempo que al final es de Cristo para evangelizar y ayudar a los demás aunque pecamos y caemos en el abismo muchas veces.

 

Entonces, quiero expresar que a todas esas personas que no tengo derecho a juzgar pero sí de comentar que sus acciones repercuten y confunden totalmente, si no desean estar en la Iglesia, al menos oren por ella. Y oren por los que estamos en ella. Este artículo quizás suena también un poco hater, pero ante una sociedad tan inundada por el consumismo, el odio, la guerra y las ganas de hundir a los demás, creo que fomentar el amor debería ser lo primordial. Pero si entre nosotros mismos estamos atacándonos o molestos porque alguien recibe más atención que tú  o porque alguien tiene un talento para explotar y evangelizar, o estamos por ahí promoviendo la competencia o envidia, ¿adónde vamos a llegar?

Antes creía que debía caerle bien a todos, pero es imposible. Es una falacia siquiera intentarlo. Siempre habrá alguien que critique lo que haces, lo que piensas y hasta sacará tiempo para hacerte sentir mal o tratar de afectarte. Las redes sociales son el principal instrumento para difamar, hundir y exponer a los demás, sin embargo, dedicarse a esto es solo un reflejo de la patética corriente de pensamiento y negatividad que cargan muchos en su vida. Una negatividad tan pesada que ni siquiera ellos mismos pueden vivir en paz.

Empecemos a promover la paz, a trabajar en conjunto, a sacrificarnos, a dejar la comodidad y a hacer líos de verdad. No estamos para gente falsa o que sólo piensa en criticar el esfuerzo de los demás. Y para terminar de aclarar, dejemos de odiar tanto o de emplear el valioso tiempo que al final es de Dios para ver cómo dejamos mal a otros. Si eres bueno en algo, explota tu talento. Y si es para evangelizar, mejor. Si alguien es bueno en algo que tú no, apóyalo u ora por su carisma. Si dejáramos de ver tanto las bruscas que hay en los ojos de los demás podríamos empezar a trabajr por nuestros propios problemas sin tratar de afectarle la vida a otros.

 

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