Procesión sí, ¿y Misa?

February 20, 2017

Ayer escuché sobre este detalle en la homilía dominical y sentí que debía comentar al respecto por este medio. El mal de muchos. La típica situación. Ya sea por fiestas patronales, Semana Santa o alguna festividad popular a nivel religioso, las procesiones siempre mueven gente. Y vienen acompañadas de prácticas peculiares que algunos defienden, otros critican y algunos simplemente no comprenden. Si bien es cierto, las procesiones son una forma visible de expresar la devoción a algún santo, el compartir de fe entre feligreses y hasta la penitencia por favores recibidos o por peticiones que esperan ser cumplidas a futuro. Ya sea por caminos pedregosos o por las calles de la ciudad, las procesiones son parte de nuestra cultura. Y eso está bien. El hecho de caminar largas distancias pese al sol, la edad y el cansancio representan un acto de fe y de compartir que es digno de admirar. Además, muchas personas caminan estas procesiones por pago de mandas, agradecimiento o por ser un santo de devoción o por tratarse de una fiesta importante dentro de la Iglesia Católica. En Semana Santa se realizan procesiones casi todos los días y asistir a las mismas es genial, sin embargo, hay algo que veo que sucede y que lamentablemente muchos consideran que está bien.

 

Hay feligreses que van a todas las procesiones, no se pierden una fiesta patronal y hasta pagan mandas completamente riesgosas y dolorosas, sin embargo, cuando llegan a la entrada de la Iglesia se dan la media vuelta y se van. Hacen grandes escándalos y llaman la atención de todos los caminantes por sus peculiares expresiones de sacrificio, pero apenas termina la procesión dan por concluida también su actividad espiritual. ¿Misa? ¿Para qué? ¿Para qué ir a Misa si ya caminé toda la avenida y me arrastré por 4 cuadras mientras me echaban cera caliente en la espalda? ¿Misa para qué? Y es aquí donde está el error.

Se ha perdido en la mente y el corazón de estas personas el hecho de que no hay nada más valioso que la Eucaristía. Que por más kilómetros que se caminen y por más que uno ore durante una procesión, nada reemplaza la Santa Misa. ¿Por qué? Porque es allí donde está la presencia de Jesús ante el altar. Porque después de caminar por fe y por una celebración, es en el Santísimo Sacramento donde podemos experimentar ese intenso amor de Jesús. Y porque en la Santa Misa vivimos el rito de la palabra y la Eucaristía de forma integral. Entonces, está bien asistir a las procesiones, pero no está bien hacer las cosas a medias. Si vas a asistir a una celebración, haz ambas cosas. Acude a la procesión y luego quédate en la Misa. O si te cansas muy rápido, asiste a la Misa más temprano si está la opción y luego participa de la procesión. Pero no confundamos las prioridades ni vayamos buscando una espiritualidad falsa o dominada por una práctica tradicional sin encontrarle el verdadero sentido a la celebración.

 

Ante todo, Jesús es lo primero y aunque el hecho de caminar una procesión y orar en la misma está bien, no podemos olvidar el verdadero núcleo y razón de todo lo que profesamos: nuestra fe sólida en Cristo.

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