¿A quién iré Señor?

May 10, 2017

El desafío de la vida te lleva en los malos momentos a circunstancias que nunca pensaste pasar. Dejamos todo por temor pero duele más sentirte sola, sabiendo que hay muchas personas a tu alrededor; pues le quiero contar la historia de Gabriela durante la Cuaresma, Semana Santa y Vigilia Pascual.

 

Iniciaron los viernes de Cuaresma y Gabriela hacia todo lo posible por asistir, pues le encanta vivir aquellas experiencia; pero antes de seguir con la historia quisiera decirles quien es Gabriela, ella era parte activa de iglesia, pero tuvo de abandonar aquello que hacía, pues sentía que no daba mucho en su trabajo dentro de la iglesia, que sus opiniones no eran tomadas en cuenta y por otras circunstancias la llevaron a tomar aquella decisión sin pensar que pasaría tantas cosas en dos meses.

 

Cada vez que iba a los vía crucis por las calles, ella quedaba triste o llorando y se sentaba en la banca que se encontraba al frente de la iglesia; al ver aquellos jóvenes como se reían, a esas personas que Gabriela pensaba que le importaba como amiga, pues en ningún momento se acercaron a preguntarle que le pasaba.

 

Solo dos personas se a cercaron a ella, pero Gabriela les decía que no era nada, que solo era cansancio. Así paso todos los viernes de cuaresma. Ella nunca pensó que por no estar ayudando aquellas personas no la saludarían como antes. Cada vez que llegaba a una estación del vía crucis sentía un dolor, una de las preguntas de reflexión que la destrozó al punto de querer irse de allí fue: ¿a qué le  tienes miedo, no confías en mí?

Pasaban los días y se acercó la Semana Santa, Gabriela estaba algo enredada con algunos trabajos de la escuela y se quedó en casa y miraba las redes sociales de algunos hermanos en comunidad y observa lo que hacían, como se preparaban para el Triduo Pascual. Y cada vez se entristecía más, unos amigos durante la Cuaresma abrieron un grupo de Whatapps para reflexión de las lecturas de la semana, Gabriela trataba de dar lo mejor de sí y dejar que Dios le hablara.

 

Llegó la Vigilia pascual, ella ya había comprado el vestido y zapatos para esa noche, pero no quería ir, sentía un vacío pues sabía que había tomado una mala decisión al irse sin meditarlo, pero no pensó que las personas que consideraba sus amigos no le hablaran.

Gabriela tuvo unos meses algo extraños y triste, pero aprendió a dejar todo atrás, aún le duele no haber vivido su Cuaresma y Semana Santa como debía ser y pensaba: ¿por qué? ¿Cómo llegó al punto de su tristeza? Cada pregunta que reflexionaba entraba a su corazón, recordándole que la vida no es fácil y que debemos llevar nuestra cruz.

Al mirar la llama del cirio en la vigilia pascual recordó su confirmación y aquel sí que la llevó a su aventura de fe en la iglesia.

 

¿Saben por qué les cuento esta historia? Algunas veces tomamos decisiones que nos dolerán mucho y nos preguntaremos lo mismo que Gabriela. A veces decimos que confiamos en Dios, pero no dejamos que Él actué en nosotros, algunas veces hay que tomar un tiempo para responder aquellas dudas. Que el mundo no nos absorba como jóvenes, que la vida es difícil, ¡sí lo es!, nadie dijo lo contrario; pero no te rindas por eso.

 

 

 

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