¿Con quién estamos conectados?

May 15, 2017

 

Hace unos días la aplicación de Whatsapp se fue a la porra por unas horas. Al principio muchos pensaron que su datta estaba mala o que quizás no tenían mensajes nuevos, pero luego de un par de minutos varios se percataron de que en efecto, la comunicación por la aplicación había muerto parcialmente.

 

¿Reacciones? Redes sociales inundadas de estados y mensajes sobre la caída de Whatsapp y los más birriosos empezaron a escribirse con sus contactos por otras redes sociales. Al rato, la aplicación se normalizó y todos suspiramos de alivio porque la conexión estaba de regreso y podíamos continuar con nuestra vida normal y sin estrés. La verdad es que entiendo en parte todo el colapso y estrés de los demás porque hoy en día el Whatsapp es como el medio de comunicación interno por excelencia. Yo en lo personal estaba en plena conversación en un grupo sobre un evento muy importante que tenía en la noche y no sabía cómo resolver para hablar con todos.

 

Analizando después la situación me di cuenta de algo muy peculiar: ese par de horas estuvimos desconectados de todas las personas por la aplicación y casi que se viene el mundo abajo, pero… ¿por qué no estamos igual de colapsados cuando nos desconectamos tanto tiempo de Cristo?

 

Semanas, meses y hasta años para algunos. ¿Por qué no nos sentimos pésimo cuando faltamos a la Misa dominical o tenemos rato sin visitar el Santísimo? ¿No sentimos esa conexión con Jesús de verdad?

 

Sí, Jesús siempre está con nosotros, pero si no oramos, si no vamos a la Eucaristía y no tenemos ese momento íntimo de diálogo con Él, es como si se cerrara sesión con Cristo. Y la verdad es que duele ver que la juventud no le interesa hablar con Jesús. Y a todos nos pasa. Revisamos cada 2 minutos el celular para ver si hay alguna notificación, pero damos mil vueltas antes de sentarnos en el silencio a meditar la Palabra de Dios u orar. Estamos en clase, trabajando en algo importante y aun así nos las arreglamos para ver disimuladamente el buzón de mensajes, ¿no crees que Jesús quisiera esa misma intensidad hacia Él? Que buscáramos con emoción participar de la Santa Misa, que contáramos las horas para visitar el Santísimo, que si tenemos tiempo sin confesarnos sintiéramos ese fuego interno de querer buscar la reconciliación y que no pasara ningún día en que no oráramos con fervor y devoción.

 

Esta ligera situación del Whatsapp sólo fue un suceso clave para hacerme reaccionar y darme cuenta que la conexión más importante no es con tu vasto historial de contactos, sino con Jesús. Él quiere hablarnos, escucharnos y darnos esas señales que tanto buscamos y que muchas veces ignoramos porque nos pasan de frente mientras le damos “me gusta” a un perfil desconocido en redes sociales. Hoy quiero invitarte a despertar y salir de esa burbuja dónde piensas que estás comunicado con todos de forma eficiente. Puedes tener miles de contactos, muchos “likes” en tus fotos y hasta centenares de grupos de Whatsapp, sin embargo, la verdadera conexión se vive a diario junto a Jesús, quién resucitó y está con nosotros para siempre. Dispongamos nuestro corazón para estar atentos a su Palabra y dejemos de ser tan dependientes de la tecnología. A veces, la misma puede conectarnos de personas lejanas, pero a la vez nos puede alejar de aquellos que vemos a diario y con quiénes más estrecha debería ser la relación. No seas un esclavo de la comunicación, Jesús está para escucharte 24/7 sin tanto embrollo.

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