25 enseñanzas por 25 años, ¡salud!

July 3, 2017

Mañana cumplo 25 años #ElCuaraDeMariee, parece mentira cómo pasa el tiempo pero la verdad es que yo me siento como si nada. A estas alturas muchos pueden estar colapsando en deudas, hijos, préstamos y demás mientras que otros pueden cuestionarse por qué siguen viviendo en casa de sus padresy por qué aún no dan pasos de mayor responsabilidad. A los 25 algunos ya tienen hijos, otros aún estudian y la mayoría sienten que el tren los está dejando si no tienen más de 4 cosas definidas. Y probablemente yo a los 20 años me hacía una idea súper adelantada de que a los 25 tendría carro, casa, esposo y quizás un hijo, pero mi realidad ha sido distinta, al punto que hoy quiero compartirte desde mi experiencia 25 enseñanzas que me ha dejado la vida hasta ahora en celebración de 25 años de alegría, tropiezos, hermosas casualidades y oportunidades.

  1. Cada quién  su ritmo: el tren no te está dejando porque hay rutas nuevas todos los días y a cada quien le gustan destinos distintos. Si un amigo cercano quiere estar casado a los 25 no quiere decir que ése sea tu destino, quizás a ti te cae la boda a los 34.

  2. Lo bonito se comparte: antes creía que publicar buenas noticias era algo narcisista, pero si no compartimos las buenas noticias nuestras redes estarán infectadas de negativismo y críticas. Por eso, publica lo que te hace feliz.

  3. ¿A quién le importa lo que pienses?: cuando tenía como 21 años quería que todas mis decisiones o acciones fueran aprobadas por un consejo de conocidos que al final no aportaban nada a mi vida. Toda decisión que tomes es válida siempre y cuando te haga feliz y no le haga daño directo a nadie.

  4. La mala onda se desecha: por pena, por culpa ajena, por razones tontas, a veces permitimos que personas tóxicas nos llenen la vida con críticas, negativismo y cero productividad. Pueden ser enemigos, conocidos o hasta amigos, pero el tiempo te enseña que vale la pena vivir feliz y a veces lo más sano es alejarse de esas personas que sólo buscan darte dolores de cabeza gratis.

  5. El amor verdadero sí existe: probablemente al terminar una relación puedes pensar que tu vida amorosa se acabó y que nunca conocerás a nadie igual. Meh. La verdad es que el amor es un tanto enigmático, pero siempre hay nuevas oportunidades para conectarse con otra persona y darnos cuenta que ese amor que dejaste ir no eran el indicado cuando conoces a alguien que te demuestra que amar es un sinónimo de paz, unión y de una sonrisota en tu rostro casi que 24/7, incluso cuando las cosas no están del todo bien.

  6. Sigue estudiando: nos la pasamos fijando metas claras en este aspecto. Cuando terminamos la escuela buscamos la Universidad y quizás después de la carrera tomamos una maestría o un doctorado, pero seguir estudiando va más allá de un curso universitario, se trata de siempre estar actualizándose en el campo de estudio que elegimos y dejar la pereza o el conformismo. Anímate a tomar talleres, cursos, seminarios y a mantener tu cerebro activado con las últimas tendencias.

  7. Vale la pena gastar a veces: siempre me enseñaron a ahorrar y es un hábito que tengo vigente, sin embargo, la sensación de cobrar en quincena debe ser de esos pequeños placeres de la vida que te mereces disfrutar. Por eso, sin despilfarrar tu sueldo, consiéntete cada quincena con algo significativo. Ve al cine, compra ese dulce de manjar que viste en el restaurante de al lado, regala un juguete a tu hijo, ten una tarde de spa, cómprate la blusa que viste en aquella tienda y entra al restaurante del hotel y complácete con una buena cena. Estos pequeños detalles harán la diferencia sin matar tu salario u ahorro.

  8. Toma riesgos: nunca fui fan de arriesgarme. Me da temor fracasar en el intento y aspiraba por lo cómodo y sencillo, donde no hubiese estrés. Después me di cuenta que mi miedo era inmaduro y me estaba afectando mi crecimiento profesional. Por eso, empecé a aceptar retos que me obligaban a estudiar más, a leer con anticipación y a sentir nervios, pero eran nervios buenos, de ganas de superación.

  9. Aprende a decir adiós: esto va ligado con el punto 5, si algo aprendí a punta de malos ratos fue a decir adiós. Muchas veces me convertí en la autora de las crónicas de una muerte anticipada al seguir intentando donde ya no había signos vitales. En momentos me convertí en un personaje posesivo, con ganas de controlar y mi miedo a perder algo o alguien hacía que actuara de forma incorrecta, la mayoría de las veces lograba mi cometido, pero en el fondo sabía que sólo aplazaba algo que de igual forma iba a terminar. Aprender a dejar ir, a soltar, a alejarse de que lo que no está destinado es un paso difícil, duele y a primera impresión no es muy gratificante, sin embargo, el tiempo nos abre los ojos para darnos cuenta que es la mejor decisión que podemos tomar si queremos sonreír a largo plazo y sin arrepentimientos.

  10. Amigos serios: me da risa poner esto de título pero literal se necesitan amistades serias y fuertes. En la vida conocemos muchas personas y cometemos el error de llamar a todos “amigos”, pero el tiempo se encarga de hacernos ver que la amistad es un estado de la vida demasiado serio para darle el título a cualquiera. Por eso este punto en especial se lo dedico a mis amigos, quiénes pese a rayos, truenos y diluvios luchan conmigo por fortalecer el hermoso vínculo que tenemos. Salud por eso.

  11. Familia es familia: esa mentalidad de que a medida que creces alejas a tu familia o ya no quieres salir con ellos es un estado mental pasajero, al menos para mí lo fue. Recuerdos que entre los 16 y 21 no quería convivir mucho con mis padres, me creía demasiado grande para eso, pero ahora con 25 siento que son un regalo tan hermoso de Dios y cada oportunidad que tenemos de salir de compras, a comer o de tener una plática en los sillones de la sala son de bendición. El tiempo que nos consume entre el trabajo, lo extracurricular y los afanes diarios disminuye el chance de vivir momentos en familia. Por eso, hoy en día valoro mil veces más el tiempo que paso con ellos.

  12. No hay que adelantarse: a título profesional cometí errores garrafales a mis inicios como empleada. Tenía tantas ganas de salir y comerme al mundo laboral que no me di cuenta que mis actitudes inmaduras aún les faltaban tratamiento y acepté oportunidades que no supe en su momento aprovechar. Y aunque no me fui de ninguna de estas experiencias laborales en malos términos, con mejores actitudes quizás alguno de esas increíbles empresas que me abrieron sus puertas de recién graduada hoy sería aún mi lugar de trabajo. De cada experiencia aprendí mucho y son esos recuerdos brillantes ‘para decir: “yo estuve ahí laborando”.

  13. Elimina lo que no necesitas ver: lo admito, era muy “stalker” de adolescente. Seguía cuentas de conocidos o “amigos” no precisamente para comentarle cosas lindas o para darle “me gusta” a sus publicaciones, incluso seguía personas que no me agradaban sólo para saber qué hacían con su vida y en efecto, criticarles. Después me percaté que no tenía sentido alguno, ya que ver sus publicaciones de críticas me enfadaba, no estaba siendo madura y mucho menos coherente por seguir allí de masoquista viendo cosas que no me agradaban. Entonces decidí dejar de seguir dichas cuentas y aunque algunos me tildaron de inmadura, mi paz mental estaba tranquila y eso es lo que importa. No importa lo que hagas, siempre habrá alguien que no lo aprobará, así que “relax”.

  14. Nunca se deja de aprender a nivel espiritual: era de las que se creía la gran cosa por tener 4 años en la pastoral juvenil. Veía a los retoños ingresar a PJ y me sentía como esas veteranas que tienen placas de oro en las vidrieras de las instituciones y me hacía la sabia. Me sentía superior y no veía necesario asistir a encuentros, retiros o formaciones con chicos menores a mí si yo ya tenía varios años de camino espiritual. Qué mal que estaba. Resulta que siempre hay que seguir aprendiendo y que aunque hayamos recorrido un sendero, hay actualizaciones y cosas que no vimos bien en el momento, por eso, la formación es un proceso permanente al que estamos llamados, al igual que ser testimonio de vida porque de nada sirve tener conocimientos si somos unos absurdos como personas.

  15. Viajar purifica el alma: no es que sea la que tiene más sellos en su pasaporte, pero estos últimos años he tenido la bendición de viajar  por las dos últimas entregas de la JMJ y porque Dios es bueno y tiene lecciones de vida para mí en el extranjero. Viajar purifica el alma, te desconecta de todo para abrirte un nuevo horizonte de culturas, idiomas y de conexiones de fraternidad. ¿Quién diría que ahora tendría amistades en Brasil, Estados Unidos y Polonia?

  16. Saber perdonar: ¿podemos vivir con cargas de culpa o sin aceptar las disculpas de alguien? Yo no, la verdad es que soy súper dura conmigo misma y cuando sé que cometí un error no me siento en paz hasta que arreglo todo. Muchas veces no pude retornar a cómo era todo antes, pero saber que cuento con el respeto y amabilidad de la persona es más que suficiente. De igual forma, aprendí que por más que me duela algo que me hicieron, si la persona se disculpa de corazón debo perdonarla, independientemente que los lazos de amistad ya no sean igual de fuertes a futuro.

  17. Tus actitudes condicionan tu futuro: ya quisiera yo haber tenido la perspectiva que tengo hoy de la vida cuando tuve situaciones pesadas y feas por el 2013 y 2014. Para esos años mi madurez aún estaba durmiendo un cálido sueño y mi sensibilidad representaba una muralla demasiado fuerte para superar obstáculos o solucionar conflictos de la manera correcta. Por estas actitudes erróneas del pasado perdí a personas, dejé ir oportunidades y causé un par de estragos, pero hoy en día al mirar atrás me siento bien porque he mejorado muchísimo mis actitudes y mi pizca de fortaleza se ha incrementado de forma significativa. Ahora sé que muchas de las cosas que dije o hice en el pasado no se repetirán para nada y aunque aún tengo mucho que corregir de mí, estoy orgullosa de los pasos agigantados de crecimiento personal que he tenido.

  18. Las experiencias que dejan lecciones: uno podría decir que si volviera el tiempo atrás optaría por no haberse enamorado de “X” persona o no habría tomado “X” decisión, pero viéndolo bien, sin esas vivencias no tendríamos valiosas lecciones de vida que hoy nos han forjado seres humanos más fuertes y sensatos. Es por eso que a pesar de tener recuerdos dolorosos, cada cosa que me pasó era necesaria para ser quién soy hoy. Y estoy agradecida con Dios por cada tropieza, risa, llanto, decepción y enredo que pasé, porque entre las caídas me dio las herramientas para superar cada obstáculo y estar hoy de pie y más firme que nunca. ¡Ánimos!

  19. 24 sonrisas al día: ¿cuánto te cuesta sonreír? Te asombrarías de la cantidad de veces que caminamos o tenemos una mirada perdida con cara de pocos amigos. Cuando vamos en el bus, mientras nos estresamos por el tranque, cuando estamos en la fila del banco o mientras almorzamos solos, se nos olvida sonreír. He aprendido a sonreír más, ya sea porque veo más “memes”, leo más chistes, escucho música alegre y cuando me doy cuenta que llevo buen rato con cara larga, sonrío. Es excelente terapia y verás que llegarás a un punto en que sonreír costará menos de lo que piensas.

  20. Ora sin perder la fe: ante situaciones difíciles me cuestionaba si Jesús de verdad estaba conmigo, pero con el tiempo me di cuenta que yo era una lista interminable de peticiones y favores y si no me pasaban las cosas enseguida ya sentía que Dios la tenía de mala onda conmigo. Ahora comprendo que debemos ser pacientes y aceptar la voluntad de Dios, no siempre es lo que queremos lo que nos conviene y cuando sí lo es debemos poner en práctica la paciencia, eso sí, siempre ser constantes en la oración. Dios siempre escucha.

  21. Cero estrés: yo puedo auto catalogarme como una de las 10 personas más estresantes que conozco. Lo digo con propiedad porque todo me estresa, el colegio, la Universidad, el trabajo, la falta de responsabilidad de los demás, etc. Pero ponerme así solo trajo que mi frente se arrugase, que mi sonrisa se desvaneciera y que tuviese crisis de caída del cabello. ¡Vaya manera! Por eso, le fui perdiendo el hilo al estrés y no me desconecté de mis deberes, mas si dejé de meterles tanta mente. Anticipar demasiado me generaba una carga innecesaria de estrés por mantener un nivel óptimo de excelencia, sin embargo, de nada sirve velar por cada detalle si estás desatendiendo tu propia salud y paz mental.

  22. Dios es mi guía: jamás creí que la decisión de entrar a pastoral juvenil cuando recién cumplí 18 años fuese ese punto clave para el resto de mi vida. Siempre digo que el Señor me llamó justo en ese instante cumbre de mi vida por algo y es un tema que sigo descubriendo mientras lucho por caminar firme en esta aventura de fe y sorpresas. Todos los días doy gracias a Dios por ese paso que me permitió dar de entregar mi juventud a Cristo, porque gracias a eso soy una mujer que se siente orgullosa de sí misma pese a los conflictos que atravieso a diario. No soy perfecta y nunca lo seré, tengo miles de limitaciones y hay actitudes de las que no estoy conforme, pero quién sabe qué sería de mí si no hubiese empezado de forma seria un caminar de fe. Y aunque dentro de la pastoral he tenido quizás los momentos más dramáticos y retadores de mi vida, han sido esos momentos los que han traído después una oleada de alegría, buena onda y maravillosos amigos.

  23. Escucha consejos de sabios, pero por experiencia busca estrellarte también: mi mamá quería tenerme en una burbuja protectora desde niña. Me cuidaba demasiado y hacía todo para evitar que yo experimentara malos ratos. Eso estuvo bien al principio, pero después me hizo falta tener esas vivencias porque estaba demasiado sensible e ingenua para enfrentar el mundo. Por eso, me prometí a mí misma que sí, escucharía consejos de mis padres, pero si mi instinto me decía otra cosa y no implicaba un peligro mayor, tendría mis propias vivencias, aunque eso implicara fallar en el intento. Y sí, en efecto llegué a casa llorando varias veces, le hice caso a las personas equivocadas, fui a fiestas que no debía y hasta salí perjudicada por malas decisiones que ya sabía que estaban mal tomadas, pero gracias a eso pude despertar con convicción de mis falsas realidades y ahora ya sé qué cosas no haré más nunca ni permitiré que me sucedan.

  24. Vivimos en un juego de la máquina del tiempo: ¿por qué vivimos ciertas experiencias? Pues simple, para ser los preventivos de las futuras generaciones. He perdido la cuenta de cuántos consejos he dado a jóvenes menores que yo donde pongo experiencias propias de ejemplo. Y así mismo recuerdo que ante cada dolor de cabeza que tuve por problemas emocionales o académicos, había un adulto de confianza para darme consejos a base de su propia vivencia en el pasado. Entonces, sí, el pasado siempre será parte de nuestra vida y no es una opción aunque lo intentamos el hecho de borrarnos los recuerdos. Lo que sí podemos hacer con éxito si nos lo proponemos es recordar lo lindo, superar lo feo y utilizar las experiencias no tan buenas para no cometer los mismos errores y ser buenos consejeros para los chicos que aún no han pasado por dichas situaciones.

  25. Sea lo que sea que hagas igual te van a criticar, por eso, ¡vive!: críticas siempre habrán, por eso aprendí a dejar eso de lado y simplemente vivir y ser feliz. Soy feliz evangelizando a través de los carismas que Dios me dio, soy feliz bailando, escribiendo y subiendo fotos a redes sociales. Soy feliz como comunicadora o un intento de eso mientras comparto con grandes hermanos en Cristo y soy feliz con lo que soy y pongo en manos de Dios mi futuro, para que siempre se haga su voluntad. Estos 25 años que llevo han estado llenos de todo tipo de emociones, pero sobre todo, cada situación me ha hecho fuerte y hoy puedo decir con firmeza: soy feliz.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

 

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