A poner la otra mejilla

July 19, 2017

Cuando entré a pastoral juvenil mi asesor fue bien claro en decirme a mí y un grupo de nuevos miembros que seríamos señalados y criticados por seguir a Jesús, que probablemente perderíamos amigos y que el camino no sería color de rosas, tendría piedras que nos golpearían duro y que los retos se intensificarían, sin embargo, si de verdad queríamos ser felices, valdría la pena cada obstáculo.

 

Yo lo tildé de exagerado. Para ese entonces y con 18 años recién cumplidos tenía un círculo social bastante amplio y era como la oveja mansa que por mi sensibilidad y ternura en ese entonces tenía esa imagen de chica amigable que no mata ni una mosca. En realidad tenía un poco de esa descripción, sin embargo mi mentalidad sobre el choque que iba a tener con mis amistades y estar en la iglesia no me resultaba aterrador o intimidante. En efecto, mi estilo de vida hizo que me alejara de algunas amistades pero no era por un tema de ideales o pensamientos encontrados, simplemente no teníamos los mismos gustos o puntos de encuentro y la amistad se enfrío con el tiempo. Actualmente me encuentro a muchos de mis amigos de la infancia y puedo saludarlos, conversar y pasarla chévere sin ningún tipo de problema. Lo cómico fue ver dónde se generaron los verdaderos problemas: dentro de la misma iglesia.

 

Y bueno no es algo de que asombrarse, al final somos humanos llenos de errores y la vista se nos nubla varias veces a la hora de querer defender opiniones, sobresalir o quitarnos créditos por asuntos que en realidad deben buscar evangelizar y no generar marcas personales eclesiales. Y algo muy peculiar que experimenté dentro de pastoral juvenil es que varios jóvenes que iniciaban su caminar de fe entusiasmados, alegres y con toda la buena onda terminaban yéndose por uno u otro motivo. A veces eran asuntos personales, otras veces porque su constante guerra con el mundo y Dios se los llevaba a un estado de pensamiento liberal que no podían vivir dentro del grupo y en el más absurdo de los casos se trataba de algún problema con fulanito que los hacía irse y echar pestes fuera del Templo para dejar mal el grupo en el que no decidieron continuar. Al principio todo eso me afectaba mucho, me estresaba y cuestionaba por qué las cosas también eran turbias dentro de los grupos, me tocó alejarme de personas que creía mis amigos, enfrenté la realidad de recibir críticas muy feas por asuntos que no tenía culpa y me han señalado de indiferente, fría, anticuada, sensible, dramática y la lista podría seguir. La verdad todo eso me afectaba mucho, pero al ver que todas las personas que soltaban sus dedos en redes sociales para tirar veneno eran personas que en efecto, se habían alejado de la iglesia porque estaban “decepcionados”, me daba cuenta que yo no tenía nada que perder, salvo un par de entidades sociales que al final no me afectaban en lo absoluto. ¿Y por qué terminaba en la mala mira de estas personas? Pues por hacer lo correcto, por defender lo anticuado y espiritual y por denunciar lo que no me parecía bien. Y fue en esos momentos grises donde me acordé de las palabras de mi asesor, comprendiendo entonces que sí, seguir a Jesús tiene su cruz pero hay que cargarla con amor.

 

Entonces, a partir de esa filosofía empecé a concentrarme en lo que me edificaba y fortalecí mi barrera de críticas para recibirlas con amor. Si alguien se burlaba o criticaba por redes simplemente seguía haciendo mi trabajo con amor. Y sí, tiro mi par de indirectas, pero es porque como humana, tengo mis momentos en que la rabia le gana a la calma.

Si algún contacto empezaba a tirar cizaña o escribir barbaridades para causar desconcierto, dejaba de prestarle atención y si era necesario, lo eliminaba. ¿Por qué? Pueden pensar que es inmadurez, pero yo lo llamo depuración. Si tengo algún contacto que no me aporta nada edificante y que en efecto no es mi amigo, ¿para qué tenerlo? Las redes sociales son para comunicarnos, no para ser acosadores virtuales que quieren saber la vida de los demás aunque ni se hablen. Y habrá quienes critiquen esto también, pero al final todos sabemos que no podemos caerle bien a todos, ni siquiera Jesús pudo hacer eso.

 

Y con todo esto quiero dejarte una breve reflexión: hay que ser agentes de paz, ejemplos de bien y sobre todo, aprender a poner la otra mejilla. Si nos sentimos felices con nuestros ideales, no nos dejemos consumir por los malos tratos o críticas, las personas que buscan hacerte sentir mal ganan cuando ven que eso te afecta y la mejor medicina no es devolver el mandado con rencor o venganza, sino demostrar que eso no interfiere en nuestra vida y mucho menos en nuestras ganas de seguir haciendo lo que amamos. Por eso, haz lo que te haga feliz y no permitas que nadie condicione como debes vivir ni como debes afrontar tus situaciones, los que te aman te ayudarán de buena fe y a los que no les interesas realmente, buscarán hundirte. Tú decides si aprendes a nadar o si continuas dependiente a los individuos errados.

 

 

 

Please reload

Nuestra red de escritores"Como un granito demostaza" te da la bienvenida.

¿Tienes algún artículo que deseas publicar? ¡Únete a nuestra red de escritores! Envíanos tu escrito a comoungranitodemostazapty@gmail.com

  • Wix Facebook page
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon
Please reload

Recent Posts

October 22, 2019

October 15, 2019

October 4, 2019

September 26, 2019

September 24, 2019

Please reload