Enfrentando nuevos caminos

July 24, 2017

 

Las benditas etapas de la vida. Naces, aprendes a caminar, a hablar, a comer e incluso a ir al baño. Luego entras al colegio, te vas desarrollando y aprendiendo y luego llegas a ese punto cumbre en que sin darte cuenta eres todo un adulto. Sí, con cédula en mano, una tonelada de responsabilidades y deudas (sí, las deudas también). En la vida eclesial es algo similar. Naces, te bautizan, haces la primera comunión, te confirmas y si todo sale bien terminas en algún movimiento o grupo juvenil. Y si todo continúa bien pese a las dificultades o retos que eso conlleve igualmente pasas una buena cantidad de años en la pastoral juvenil mientras aprendes, te formas, compartes con otros jóvenes y experimentas un formidable crecimiento espiritual. Sin embargo, como todo tiene su final tal como decía Héctor Lavoe, no podemos ser jóvenes de forma física toda la vida y la pastoral juvenil sólo es una etapa en nuestra vida en la iglesia. ¡OJO! He dicho que es una etapa, más no representa el final de tu acción o servicio en la iglesia. Muchos se confunden en esta delicada línea. Que ya no vayas a estar en la pastoral juvenil no significa que te vayas a alejar de la iglesia. Y obvio, tiene que llegar ese momento en que dejes de sentirte identificado con lo que sucede en la pastoral juvenil. No es lo mismo tener 15 o 16 a tener 27 y de seguro tus pensamientos, preocupaciones e intereses han cambiado bastante entre los años. Ya con cierta edad no te sientes relacionado con los temas de los retiros, necesitas que te hablen de vocaciones, de profesiones, de cómo sobrellevar un noviazgo en crisis o cómo prepararte para el matrimonio, ya no te identificas con los temas de los problemas con los padres de familia ni mucho menos con la charla de tu primer amor. Entonces, tienes otras dudas y otros temas espirituales un tanto más profundos que no van acorde con la juventud quinceañera. Y esto es normal, es parte del proceso de madurez tanto personal como espiritual. De seguro ya no tienes los mismos ánimos de ir a ensuciarte en un retiro ni de asistir a los talleres con chicos que son la mitad de tu edad. ¿Y ahora qué hago?

 

Pues sencillo, descubre tu vocación de servicio dentro de la iglesia luego de la pastoral juvenil. Es más, es algo que puedes ir descubriendo desde que perteneces a la misma. Terminar esta etapa de tu vida eclesial no representa el fin de tu servicio o asistencia a algún grupo en la iglesia. Al contrario, es apenas la preparación para entonces ponerte a trabajar de forma ardua y constante en tu parroquia. Hay miles de opciones para servir y un montón de pastorales genéricas que ya no van acorde a la edad sino a lo que sientas como vocación. Entonces, si no estás llamado a ser religiosa o sacerdote, puedes aspirar a ser catequista, asesor de pastoral juvenil (si existe dicho cargo en tu parroquia), pertenecer al coro o ser voluntario en la limpieza del Templo o arreglo de las flores. Si nada de esto te hace clic, existen pastorales presentes en casi todas las parroquias dónde puedes sumarte, tales como:

  • Pastoral social

  • Pastoral de la salud

  • Pastoral familiar

  • Pastoral educativa

  • Pastoral de medios de comunicación

  • Adoradores del Santísimo

  • Sagrado Corazón de Jesús

  • Apostolado de la Divina Misericordia

  • Catequistas ya sea de primera comunión, confirmación, cursos pre matrimoniales, preparación para bautismo en charlas, etc.

 

Y aparte de esta lista, existen parroquias con movimientos de misioneros, logística de encuentros y muchas más opciones que de seguro te harán sentirte identificado al menos en una. Lo que trato de decir con todo esto es que obviamente siempre es difícil terminar una etapa y decir adiós a las acciones rutinarias que nos hacían felices y a compartir de lleno con personas geniales, pero la labor eclesial es tan amplia que en verdad siempre habrá un nuevo grupo de personas para acogerte y un montón de opciones para seguir trabajando en la iglesia. Quizás es una despedida como esas al graduarte del colegio donde el sentimentalismo y el cliché de decir adiós a unos buenos tiempos vividos te pueda reprimir, pero no dejes que eso pause tus ganas de emprender nuevos rumbos en otras pastorales, al contrario, es justo en ese momento cuando debemos ser más valientes y buscar líos como lo dijo el Papa Francisco en Brasil (JMJ 2013) y encaminarnos en nuevos proyectos y actividades que nos ayuden a continuar creciendo espiritualmente y la vez impactar de forma más intensa y positiva al mundo.

 

Sigamos cosechando bellísimos frutos en pastoral juvenil y contagiando esa alegría a más jóvenes para que se sumen, así seremos más y más jóvenes con ánimos de gritar a los cuatro vientos y más allá de las 4 paredes del Templo que somos del equipo de Jesús y que estamos aquí para dar nuestra hermosa juventud a Cristo y vivir felices con dicha decisión. Y cuando este ciclo acabe, seguiremos desde otro lugar, otra pastoral y otro enfoque sirviendo al Señor y compartiendo la alegría del evangelio.

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