3 brujas en mi habitación

July 31, 2017

 

Cuando era niña tenía muchos miedos, algunos los conservo aún y otros se fueron esfumando con la brisa del tiempo. Los payasos, la oscuridad, el fracaso, perderme en un supermercado y las películas de terror con aires a noches de pesadillas eran de mis principales temores. Poco a poco fui enfrentando cada uno de ellos por situaciones que yo misma buscaba y otras porque llegaban sin avisar, pero de estos miedos mencionados, un par fueron más fuertes que yo y se quedaron rondando en mi vida, el detalle es que yo no lo sabía.

 

Fue entonces en una noche de invierno, de esas donde la tormenta se encuentra con la soledad cuando 3 brujas del pasado me fueron a visitar. Era una noche tranquila, había llegado de mi último día de trabajo en la antigua empresa donde estaba y me sentía lista para cortar las ligas y tomar otras cuando empezara en mi nuevo trabajo el lunes siguiente. Estaba agotada, a pesar de ser viernes y de tener un leve ánimo de planear algo, mi propio cuerpo fue acomodándose en el sofá de la sala y la inusual programación del cable tenía varias opciones para pasar un par de horas frente al televisor. Así que opté por no hacer planes, solo seríamos mi almohada, la televisión y yo.

 

No habían pasado ni 30 minutos cuando de repente… la luz se fue. Así tal cual, a las 9:00 p.m de un viernes la luz dijo: “me tomo unas vacaciones de un par de horas”. Mi casa estaba en penumbras y sola, mis padres estaban en la ciudad haciendo compras y mi hermana se había ido desde la tarde a la casa de su mejor amiga a ver series en Netflix. Yo, por otro lado, estaba allí sin opciones en casa y aunque ya no le tengo miedo a la oscuridad, estar sola en esa casa de 3 niveles y en un área que no es tan residencial no suena muy tranquilizante.

Dejé la almohada en el sofá y me dirigí a mi cuarto, después de todo lo único que podía hacer era dormir y chatear con la poca carga que me quedaba en el celular. Me tendí en la cama mirando boca arriba la oscuridad (si es que es posible ver la oscuridad) y traté de quedarme dormida pero era imposible. La última semana había sido tan poco estresante por mi pronta salida del trabajo que había dormido bastante bien, por lo que dormirme tan temprano resultaba algo totalmente contradictorio a lo que quisiera estar haciendo. Entonces me quedé allí…pensando. Y fue precisamente la mezcla entre la oscuridad, el silencio y el vacío abismal en mi mente que recibí una visita inesperada.

 

Sin darme cuenta quedé rendida en un sueño profundo, pero era un sueño peculiar, se sentía muy real. Yo seguía tendida en mi cama mirando los rasgos diferenciadores del techo cuando sentí que el borde de mi cama se hundía. Eso sólo podía significar una cosa: tenía compañía. Una mujer vestida de blanco con cabellos largos me miraba fijamente mientras leía un libro de cuentos. Quedé fría, no grité ni salí corriendo, sólo quedé petrificada ante lo que estaba viendo. La mujer cerró el libro de cuento con delicadeza y me lo extendió para leerlo. Era la historia de Rumpelstiltskin, un duende que convertía la paja en oro para ayudar a una doncella en apuros y que luego de que esta doncella se convirtiera en reina y tuviese una hija, el duende volvía para llevarse a la niña para cumplir un juramente hecho por la doncella. Teniendo 3 días para adivinar el nombre del duende y romper el hechizo, la doncella lograba dar con su nombre y solucionar todo. Este era uno de mis cuentos favoritos de niña, por más raro que fuese. Ahora, ¿por qué esta mujer me lo daba? Tenía años sin leerlo.

 

“Estoy aquí porque siento que estás empezando a sentirte anti vulnerable a cualquier cosa. Tratas de ser demasiado correcta. Te he visto y sé que ocultas muchos miedos sólo para mantener tu imagen de niña prudente y acertada. No lo eres”

 

Primera pausa. Era verdad. Había tenido en el pasado vivencias pésima a nivel emocional que me había dejado expuesta muchas veces ante los demás. Era común verme llorando entre mis amigos o encerrándome en los baños para responder mensajes que me hacían mal o para escaparme un rato del embrollo que sentía. Ahora, con años de estar tranquila y sin esos lapsos me sentía con la necesidad de mostrarme siempre fuerte, sin vulnerabilidad. Y aunque no había tenido situaciones fuertes cerca, muchas veces me hacía la fuerte sólo para no cambiar esa perspectiva de mí de ser ahora la que todo lo tenía bajo control. A menos escala pero con igual importancia, tenía que dejar de querer llenar un estereotipo que nadie puede tener, el de ser el perfecto que toma las mejores decisiones.

Cerré mis ojos y al abrirlos la mujer ya no estaba. En cambio, había una niña totalmente arreglada y con lindos rizos parada al lado del espejo. Me miraba con una sonrisa hermosa y sus ojos azules sobresalían en medio de la oscuridad. Pero su mirada tierna no duró mucho. Se dispuso a hablar:

 

“Así que vas a empezar un nuevo trabajo, ¿no tienes miedo? ¿Acaso crees que será perfecto? ¿Darás la talla o serás un fracaso? ¿Y si se pone todo tenso, saldrás huyendo de nuevo? ¡Risa me das!

 

Luego soltó una risa tan fuerte que estremeció mis sentidos del miedo. Y después de eso se fue. Empecé a llorar, esa parte de mis temores seguía latente y acababa de volver a tocar mi puerta. Mi falta de madurez y quizás profesionalismo en el pasado había hecho que ciertas oportunidades laborales no fuesen tan exitosas como esperaba por mis actitudes poco valientes y llenas de sensibilidad. Acababa de salir de una zona cómoda donde ya estaba adaptada a las personas y tenía miedo de que las cosas no fuesen como esperaba en esta nueva experiencia que iba a iniciar. Fracasar no sólo en el aspecto laboral sino en las relaciones interpersonales y la timidez me estaba carcomiendo la mente y no lo quería aceptar. Finalmente, vi una carta. Estaba en el suelo del cuarto y al tomarla, una voz sin paradero me susurró: “el pasado siempre será parte de nuestra vida, deja de huirle”. Por motivos personales y por no exponer todo mi sentir personal, solo yo conozco lo que esto significa, pero mis lágrimas se intensificaron al darme cuenta que en efecto, le estaba huyendo a cosas de mi pasado y creía que eso me estaba sanando, pero en realidad me mantenía en un estado permanente de temor a encontrarme con cosas o personas que habían condicionado mis sentimientos hace un tiempo atrás, por más lejano que ya fuese.

De repente, desperté y ya la luz había regresado. Mis padres tocaban la puerta del cuarto para anunciar que habían vuelto de su reunión y mi hermana yacía en la sala viendo videos de YouTube. Bajé las escaleras algo confundida y aérea y me di cuenta que todo había sido un mal sueño. O quizás había sido real, porque de otra forma, 3 brujas habían visitado mi habitación esa noche para hacerme comprender que tenía mucho en mí que trabajar aún. Oro cada día para ir superando estos 3 temores y ser una mejor hija, profesional, estudiante, amiga, hermana y ser humano.

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