Sombras de bolsillo

October 4, 2017

 

Todos tenemos cosas que nos persiguen. Traumas pasados, personas venenosas o recuerdos que aún afectan nuestro ser a pesar de tener casi una fecha de expiración aplazada. En mi caso, siento que tengo sombras que me persiguen. Y no, no son fantasmas, porque el único que he visto en mi vida se quedó entre las paredes de un hotel en El Valle de Antón… o al menos espero (porque no la he visto desde los 12 años). Pero lo que sí me persigue es una sombra que es propia y que me dice constantemente que soy demasiado sensible o que no tengo las agallas para lo que anhelo o lo que suelen ponerme como prueba.

 

Les explico…

 

De pequeña era lo más sensible del mundo, lloraba por cualquier cosa, tenía baja autoestima y me dejaba guiar por lo que todos pensaban de mí. Era de esas niñas que creía que solo se podía vivir en paz si le agradabas a todo el mundo. Y sí, mi sentido común no estaba muy bien en ese entonces.

 

Las experiencias de la vida, los golpes emocionales y demás situaciones me fueron enseñando que no importa lo que hagamos, siempre estaremos en la lista negra de alguien, a veces por ser muy correctos, otras veces por simplemente diferir en opiniones y en situaciones más complicadas, por tener momentos tensos que no se saben superar con madurez. Y es que solemos combinar lo personal con lo profesional a grandes cantidad, a razón de eso, he descubierto en los ambientes menos esperados a personas que hoy puedo llamar: mis dementores. ¿Dementores? Sí, como los de Harry Potter. Los que con su presencia convierten tu entorno en algo gris, incómodo y hasta triste.

 

Los conocí gracias a otras personas porque los que me conocen saben lo aérea que soy para darme cuenta que le caigo mal a alguien. Soy la típica chica que se entera de que es el hazmerreír de un grupo de personas o el blanco de críticas de alguien porque otra persona me lo comenta, porque si fuese por mí, todos son amables y cariñosos. Llámenlo ingenuidad, ser una persona distraída o hasta muy tonta, pero es lo que es. Y algo cambia cuando te enteras que estás en el blanco de alguien. Para algunos resulta un factor clave para cambiar de actitud, para estar a la defensiva o para crear un ambiente de rencor hacia la persona cuando la tiene cerca. En mi caso, al inicio… era la razón perfecta para ponerme más sensible y bajar las revoluciones de lo que hacía, porque en efecto, tal y como se lo decía a mi director espiritual en una ocasión mientras lloraba como reina de telenovela, sí me afecta lo que piensen los demás. O al menos así me sentía hace un par de meses.

 

Siempre la cuestiono a Jesús en mis visitas al Santísimo por qué tengo enemigos cuando trato de hacer las cosas bien, luego caigo en cuenta que Jesús mismo fue mandado a matar por el propio pueblo después de haber enseñado y hecho tantos milagros, entonces siento que todo esto tiene sentido. Si las cosas que yo hago y defiendo fueran del agrado de todos, el caminar de fe fuera demasiado simple. Fuese un paseo, con aplausos, reconocimientos y de seguro estaría haciendo algo garrafal al querer cumplir los caprichos y pensamientos de todos, incluso cuando considero que no son los adecuados. Y a veces me siento como esas personas que ahora son parte de la historia por defender lo contrario, lo que debe ser lo correcto mas no lo aceptado por los que se benefician de un estado de las situaciones. Y creo que eso es lo más hace que tenga mi nombre en las listas negras de muchos. Me siento una defensora de lo que debe ser justo, sin lugares favoritos, sin beneficiarios especiales y mucho menos con los mismos puestos de renombre cuando hay una gama de talentos desperdiciados por la falta de oportunidad.

 

Sí, sé que cometo muchos errores. Sé que tengo actitudes pesadas y que mi primera impresión generalmente es complicada, fría y de agrandada, pero no puedo consumar el hecho de que haya personas que no se acerquen a mí para conocerme bien y estén generando comentarios o una imagen de mi persona que no es. Agradezco a todos aquellos que en algún momento hablaron de mí o que seguirán haciéndolo, antes eso resultaba el impedimento principal para continuar haciendo lo que amo y eran sombras de bolsillo que no me dejaban ser feliz ni creer en mí misma. Hoy, esas sombras las he sacado de mi ropa y están en algún basurero de mis recuerdos, porque ahora me siento capaz de mucho y defiendo cada pensamiento que tengo. Sé que hay personas que no les agrado, pero aquellas que me apoyan y me ayudan a ser mejor persona con sus críticas constructivas son las que me inspiran a dar lo mejor de mí y seguir dando la lucha en este camino de fe que trae de todo.

 

Nunca permitas que las críticas destructivas de otros apaguen la buena onda que tienes y los talentos que puedes ofrecer, simplemente no te dejes.

 

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