"Quien dice verdades, pierde amistades"

October 27, 2017

 

Lo dijo Santo Tomás de Aquino y hoy yo lo retomo. Hace unos días veía que varios amigos compartían esta imagen en sus estados de Whatsapp y un amigo en particular, Luis me retó a escribir sobre esto. Bueno, aquí vamos…

 

Lo he vivido en carne propia muchas veces. El término amistad se va condicionando al paso de los años y lo que inicia como un compartir, tener gusto similares y hablar de temas personales se traslada a un sentir de empatía, apoyo incondicional y comprensión en momentos críticos de la vida. Damos paso a una amistad basada en la confianza, la paz y el sentir de familia y dejamos de lado el pensamiento de tener muchos amigos como sinónimo de que algo estamos haciendo bien. Y puedo hacer válida la frase de San Agustín al ingresar a la pastoral juvenil hace unos 6 años, cuando mi perspectiva cambió y deje de ser la chica que intentaba caerles bien a todos mientras hundía mis propios pensamientos. Puedo traducir esto como una experiencia de la cual no me arrepiento, una cronología donde he conocido personas maravillosas, de distintas corrientes y personalidades, pero al final, algunas se van, otras solo quedan como conocidas y un porcentaje mínimo es el que podemos ver como amigos hoy en día. Y eso está bien, no somos una fábrica de amistad ni tenemos el deber de ser miss simpatía, porque eso significaría que corremos los gustos de todos. Y estando en este caminar de fe puedo comprender que esta frase toma vida día a día. ¿Cuántos amigos hemos perdido porque escuchan verdades que no les gusta? Porque no estamos de su lado o porque nuestro pensar no nos permite apoyar sus criterios. Entonces allí queda claro que al final no eran amistades, sino personas que querían un SÍ a todo lo que decían o pensaban. Y esta es una reflexión corta para simplemente dar gracias a Dios por los verdaderos amigos, por esas personas que no se van por cualquier pleito y que prefieren arreglar las cosas antes de cerrar el portal y decir “adiós” sin explicaciones concretas. Hoy doy gracias a Dios porque los amigos que la vida me ha regalado a pesar de las circunstancias, la distancia y el estrés cotidiano es una muestra del inmenso amor de Dios para con nosotros. Y no, no tengo amigos que piensan igual que yo, pero hemos aprendido a sobrellevar la marea. Hemos aprendido a respetarnos, a saber hasta dónde llegan las palabras y a decir la verdad de forma constructiva, siempre buscando el bien del prójimo y no cavando sus propias tumbas de reputación o conflictos.

 

Si pudiese brindar ahora lo haría, porque la amistad pura y que se mantiene viva con los años requiere que se celebre siempre, porque los recuerdos del ayer son bendición para más experiencias en el futuro y nuevas historias que contar. Es cierto, hemos visto partir a personas que considerábamos importantes, pero a la vez hemos visto llegar personas que cambian nuestra vida y nos recuerdan que aunque nadie es indispensable en este mundo, siempre habrá alguien a quien le importemos y nos sepa valorar.

 

 

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