Lo que no sabes que no sabes

November 8, 2017

Hay 3 opciones en esta vida según Yago de la Cierva (Director de Comunicación Internacional de la JMJ Cracovia): está lo que sabemos, lo que no sabemos y el peor, lo que no sabemos que no sabemos. Si bien es cierto todos somos ignorantes en esta vida, solo que cada quién decide en qué serlo. En mi caso me hago la aérea a muchos temas, pero en el particular caso del magisterio de la Iglesia y el ámbito eclesial como tal me gusta aprender todos los días, aunque a veces pierda de norte lo más básico por pensar que ya pasé esa etapa de aprendizaje.

 

Y justo tomé mi lección en vivo y a todo color en el retiro de pastoral juvenil de mi parroquia. Lo he dicho ya incalculables veces: me siento bastante grande para seguir en pastoral juvenil. Y sí, algunos dirán que estoy en el rango de edad todavía pero la verdad es que mi actividad constante en todos lados me tiene con esa mentalidad de que ya pues, mi tiempo allí pasó. Lo bueno es que quiero seguir sirviendo en la Iglesia y me encuentro en esa etapa de dirección espiritual para descubrir mi siguiente camino a tomar, lo malo es que combinando mi tiempo en PJ y mi edad a veces me siento un tanto veterana para tantas cosas de chicos. Lo divertido del asunto es que cada vez que se me están subiendo los humos del egocentrismo algo me pasa para bajarme de un solo golpe y así caer en cuenta que mis años de vivencia pastoral no son nada en comparación con todo lo que tengo que seguir aprendiendo.

 

Les cuento: en el pasado retiro de pastoral juvenil puedo decir con certeza que era de las mayores, sin embargo, soy líder en mi comunidad juvenil junto a dos amigos más y juntos la pasamos genial organizando y acompañando a los chicos. Un requisito de ser miembro de la pastoral era asistir al retiro y obviamente fui con muchos ánimos pero con el leve sentir de que probablemente todo lo que fueran a decir sería algo que ya yo sabía o tenía en mente. En parte, así fue. Veía a los chicos llorar a cántaros ante el Santísimo y para mis adentros me decía: “ya pasé por esto”, los temas relacionados a la orientación vocacional o la importancia de conocer el sentido biológico y espiritual del ser humano no resultaban temas nuevos para mí y la misma temática de las dinámicas y preguntas capciosas eran para mí un poco de la misma medicina de años anteriores. Ya me sentía bastante conocedora del tema en general pero hubo un pequeño detalle que me dejó en el aire y me dio una gran lección.

El último día de retiro estábamos en el momento de la prédica o tema y el que estaba dirigiendo la sesión pidió que buscáramos una cita bíblica. Efesios. Empecé a rebuscar por toda la Biblia y quedé en la parte de atrás del índice para ver qué página era, yo estaba sentada algo atrás y seguramente el predicador no estaba viendo mi acción pero sí soltó el siguiente comentario:

 

“¿Todavía no lo encuentran? No quiero pensar que están buscando en el índice, eso se llamar no conocer la Biblia”.

 

Auch, justo al hueso. Tenía toda la razón. Yo no tenía ni idea de dónde estaba Efesios. Sentí mucha pena con su comentario pero me hizo ver que es una triste realidad: a veces tenemos mucho tiempo en un grupo o movimiento pero nuestro conocimiento no va acorde con esos años. Algo tan básico como saber dónde están los libros de la Biblia se me hacía súper difícil y no era un tema al que le había metido mente o corazón para aprenderlo. Y eso decía mucho de mí en un mal sentido. ¿Cómo te haces llamar cristiana católica y no lees la Biblia?

Fue allí donde aprendí la lección; siempre estamos aprendiendo, incluso cuando pensamos que sabemos mucho, descubrimos que no sabemos nada. A partir de ese momento me dediqué a prestar el triple de atención a los temas y pude sacar muchos detalles que desconocía para guardarlos en mi mente y anotarlos. Definitivamente esta vivencia se suma a lista de momentos claves de mi vida donde el Señor me da una lección valiosa de humildad: los años de estar en un grupo o pastoral no determinan necesariamente tu crecimiento espiritual. A veces pasan los años y el fruto sigue estancado. Y ejemplo de eso es que en ese mismo retiro vi a un monaguillo de unos 10 años con su Biblia totalmente identificada por libro (como una estrategia para aprender el orden de los mismos) y eso me pareció tan genial que me dieron ganas de copiarlo para aprender yo también. Los chicos aprenden de nosotros, pero nosotros aprendemos el triple de los más pequeños, porque cuando pensamos que lo sabemos todo, ellos llegan con una nueva lista de situaciones que jamás les habíamos prestado atención.

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