Alicia y su familia en el valle escondido

November 29, 2017

-Alice mañana vamos al cine, ¿te parece?

 

-Qué va, ya tengo planes.

 

-¿En serio? ¿Con quién?

 

-No te emociones mucho. Mariee en serio, ¿tan desesperada estás con qué salga con alguien? Lo de Harry acaba de pasar. Cálmate.

 

-¿Qué? ¡No! Sólo era una pregunta. Cálmate tú. ¿Segura que estás bien o feliz con tu salida?

 

-Disculpa. La verdad no. Es un paseo familiar. Supuestamente para fortalecer lazos de unidad, tú sabes, el típico pensamiento de mi mamá en su lucha continúa por convertirnos en una familia feliz.

 

-Alice, no hables así. Tus padres se están esforzando en serio. Dales una oportunidad sincera.

 

-Mamá insiste en que será divertido pero no tengo ánimos. Preferiría quedarme en casa.

 

-Vamos, no debe ser tan malo. Trata de divertirte y cualquier cosa desahógate después de la mejor forma en que lo haces. Escribiendo.

 

Nuestra conversación por Whatsapp duró unos 10 minutos más y de allí no hablé más con Alicia. Al día siguiente hice planes con mis primos para visitar el Biomuseo de la ciudad y comernos unas buenas hamburguesas, incluso uno de mis primos cumplió un reto que pone el restaurante de tratar de comerse 3 hamburguesas gigantes en 15 minutos. Lo logró y se ganó 50 dólares.

De vuelta a casa y mientras encendía la computadora recibí un nuevo correo de Alicia. Una nueva historia de seguro. Ya eran las 6 de la tarde y probablemente su salida familiar ya había acabado. Era eso o se la había pasado escribiendo mientras estaba con ellos. La historia me pareció cómica, típica de ella y con una enseñanza muy poderosa: tal y como dice Rubén Blades, familia es familia y cariño es cariño. Aquí les va.

 

(Por Alicia)

 

Quiero dejar en claro que nunca he sido muy hogareña, sin embargo, no es mi culpa como tal. Si bien es cierto mis padres han sido súper trabajadores toda la vida y me han dado más de lo que podía soñar. Gracias a ellos estoy tomando una licenciatura y a la vez estoy en una gran academia de baile. Siempre he tenido facilidades y pues no tengo mucho por dónde quejarme por esa área. Por el otro lado, el lado afectivo y emocional que tanto importa, las cosas no han ido por el mismo patrón positivo. Muchas reuniones, horas de trabajo en la oficina, constantes viajes de negocios y llamadas a toda hora del día les cuestan a mis padres su hermoso salario, pero a la vez desgastan nuestra pobre unidad y comunicación. Entonces, en un intento casi desesperado por recuperar algo de tiempo de calidad, mis padres se han organizado por meses para sacar un fin de semana libre en común y así irnos de paseo. ¡Vaya! Tanta cosa para un bendito fin de semana libre. Debo admitir que su elección de lugar me impresionó. Unas mini vacaciones en el valle escondido más grande del país eran el destino perfecto para relajarnos, sin embargo, el simple hecho de imaginarme el fin de semana entero solo con ellos no inspiraba mucha diversión ni temas interesantes. Verán, el hecho de no vernos mucho y de sólo ser una familia por un grupo en común de Whatsapp limitaba bastante los posibles temas de conversación. Prácticamente tendríamos que sentarnos a preguntar:

  • Bueno, ¿y qué has hecho estos últimos años? ¿Qué es de tu vida?

No exagero, tal cual sería así. Mis papás no se habían enterado de qué había terminado con Carls. Mucho menos sabían que estaba saliendo con Harry pero que eso ya había terminado también y no tenían idea de que había repetido un módulo de baile por faltar a la sesión final del curso porque me había ido de paseo con mis primos a la playa (y que conste que perdí el módulo porque mi profesor en efecto se enteró de mi escapada y no se creyó que estaba enferma). Entonces, como ya veía venir un aura bastante pesada e incómoda, me limité a equiparme con un par de buenos libros nuevos recién salidos del horno de la librería, un buen cargador portátil de celular y dos pares de audífonos por si algo pasaba.

¿Les comento qué viví en ese viaje?

 

Fue todo lo contrario a lo que esperaba. Mis padres de verdad se esforzaron y valió la pena faltar al cine con Mariee y tener esa vivencia con ellos después de tantos años. En parte, fue como viajar al pasado, como cuando sus trabajas aún eran livianos y normales, sin tantos cargos y títulos importantes y divertirse era el principal objetivo. Nos perdimos varias veces, probamos comidas extrañas pero riquísimas, subimos a la cima de la montaña que estaba en aquel pequeño pueblo y compartimos en familia, cosa que no hacíamos desde hace años, prácticamente desde que la vida del mundo y lo laboral se habían adueñado de nosotros.

En un intento de unirnos más y en efecto lograrlo, pudimos hacer una leve catarsis, dónde entre los tres expresamos nuestro sentir con respecto a la situación familiar. En ese fin de semana conocí de nuevo a mis padres. Supe por qué mi papá estaba yendo a terapia de la espalda y por qué le había cambiado el puesto en la empresa. Descubrí que mi mamá estaba trabajando en un nuevo proyecto de bienes raíces para la construcción de un centro infantil o guardería. Y ellos me conocieron a mí. No sólo les hablé de Carls, de los compañeros de la academia y de mi participación en el blog de Mariee, sino que les hice ver que como padres eran maravillosos y que había sido culpa de los tres habernos alejado tanto. Quizás un abrazo y un “te amo” hubiese solidificado todo antes, pero ahora lo que nos tocaba hacer como familia era de verdad unirnos y salirnos de esa triste realidad de vivir juntos pero sin vernos. El fin de semana fue sereno, divertido, cálido, en familia. No abundaron los vídeos para Instagram o las fotos con filtro del paisaje (aunque tome un par porque el lugar era bellísimo), pero si abundaron los abrazos, las risas, los chistes malos que tanto extrañaba de mi papá y las sorpresas (de las buenas). Aquel fin de semana valoré a mi familia como no lo había hecho desde que había crecido y desde que ellos habían adquirido compromisos que los habían hecho olvidar las verdaderas alegrías y prioridades de la vida. Gracias a su insistencia y a su despertar desde casa para tratar de unirnos más, mis padres se habían convertido en los héroes de la casa al proponer esta experiencia.

 

Definitivamente los días en la casa han ido cambiando para bien. Hablamos más, reímos más y como novedad, empezamos a hacer algo que cada quién hacía por su lado pero no habíamos logrado unificar: oramos juntos. Cada vez que podemos nos sentamos en la sala o el cuarto de mis padres y oramos. Nada extravagante, sólo conversamos como familia con el Señor. Y vaya que nos ha ayudado. De este fin de semana que pasó puedo sacar una grata experiencia, un reencuentro emocional que hace mucho anhelaba y una alegría en mi corazón que espero que siga latente gracias a la oración, el amor y las ganas de unificar una familia tan linda como la que tengo. Amen a sus padres, amen a su familia.

 

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