Una inyección de fe llamada ENRJ

January 30, 2018

 

Tengo tanto que contar sobre este encuentro que tuve que ordenar mis ideas por varios días antes de escribir esto. Veamos que tal…

 

Mi primer ENRJ fue en el 2012 bajo el lema: ¿Qué quieres que haga por ti? Y me parece bastante irreal pero maravilloso verme 6 años después en este encuentro dando gracias y aprendiendo mucho más sobre mi relación con Jesús. Pero en este escrito no quiero hablar sobre como tal, sino que quiero enfocarme en cómo llegué a estar en los Terrenos de la Feria de Azuero cuando en realidad no era algo planeado.

 

Todo comenzó cuando los problemas se asomaron una semana antes del encuentro. En mis planes originales estaba asistir con un grupo de amigas para disfrutar del ENRJ, ya tenía separada la fecha, habíamos buscado hospedaje y teníamos las cuentas claras de los gastos para poder ahorrar de allí a la fecha. Sin embargo, situaciones de último minuto como horarios y ciertas restricciones me frenaron los ánimos para ir hasta Chitré. ¿Por qué? Pues porque pasé de ir los 4 días a solo tener el chance de asistir el sábado, esto debido a que era el único día que no tenía compromisos de fuerza mayor. Entonces imaginar el hecho de viajar hasta Chitré y volver al día siguiente me ponía de un humor un poco gris. Además, los gastos se habían incrementado y mi bolsillo estaba pasando por una situación algo cruel por gastos extras que había tenido de último hora. Me acosté el jueves en la noche sin tener maleta lista y con la decisión a un 90% tomada de que mejor me quedaba en terreno seguro y no iba al encuentro por este año. No sé qué ocurrió entre las 11:00 p.m. del jueves y las 5:30 a.m. del viernes, pero al levantarme para arreglarme escuché una voz en mi interior, algo que me decía: “tienes que ir al encuentro, necesitas ir”. Me quedé sentada en mi cama por unos 10 minutos mientras meditaba lo que pasaba. Me ocurría a veces que tenía ciertas inyecciones de impulsos que duraban poco, por eso me había quedado meditando antes de tomar cualquier acción, a ver si en un rato la fiebre de ir repentinamente al encuentro se apagaba, sin embargo, seguía allí latente. Entonces fue cuando me decidí. A las 6:00 a.m. del mismo viernes 26 de enero decidí que pese a todo en contra, iría al ENRJ. ¿El plan? Simple, salir del trabajo, ir a la terminal y tomar el bus y llegar a la casa de mis amigas (que ya estaban allá desde el jueves). Iba con poco dinero, estaría agotada y quizás sonaba loco ir por un día ya que el domingo debía estar a primera hora en La Chorrera, pero he aprendido que mis intuiciones son de fiar y debo hacerles caso…y esta en particular había sido tremenda mente fuerte. En menos de media hora arreglé mi maleta, avisé a mis padres (quiénes no captaron la idea hasta la tarde cuando me escribieron para saber si de verdad me iba a Chitré de la nada) y salí de casa decidida a ver porque carrizo Dios me había motivado de la anda a irme hasta allá. Atención, lo que viene a continuación es algo que puedo denominar: una serie de eventos afortunados y perfectamente alineados por “Dioscidencia”.

 

Mientras iba en el bus camino al trabajo revisaba los estados de Whatsapp de mis amigos y vi que una ex compañera de trabajo y ahora amiga tenía puesto disponibles en su auto para viajar al encuentro de noche. ¡Aleluya! ¡Primera señal! Le escribí de inmediato y aún tenía asientos libres, por lo que me puse de acuerdo con ella para irnos juntas. No solo me ahorré dinero con esta acción, sino que pude visitar mi antiguo trabajo, saludar a tantas personas que extrañaba y viajamos a las 10:00 p.m. para Azuero mientras echábamos cuentos y cantábamos con Cielo Abierto. Sí, llegué tiradísima en plena madrugada a la casa de mi amiga y sólo dormí unas 4 horas, pero la verdad es que valió la pena.

 

Ya llegado el sábado, fuimos a los terrenos de la feria y aunque estábamos algo tarde, llegamos justo en hora para escuchar el tema del predicador y prepararnos para la Misa. Les diré algo, yo iba serena y tranquila, todavía algo dudosa de qué hacía yo en Chitré con sueño, pero apenas pisamos el área del encuentro y escuchamos la prédica, mis lágrimas brotaron. Sentí como si solo estuviese esperando que yo llegara para darnos una tremenda paliza emocional y espiritual. Yo me decía: “caramba, son las 9 de la mañana, es muy temprano para estas emociones tan fuertes”, pero fue allí donde comprendí que si apenas con 10 minutos allí ya mis emociones estaban a flor de piel, algo bueno quería el Señor conmigo allí. Definitivamente iba a ser una jornada de bendición. Y así fue, la Misa fue hermosa, hubo interacción de JMJ por su organización, cantamos, bailamos, compartimos con amigos que teníamos rato sin ver y creo que la cereza del pastel fue la vigilia. A vigilias u horas santas voy en ciertas ocasiones, pero esta fue como una sesión entre Jesús y yo de cuentas por cobrar. Aunque mi persona se renegaba a que tenía problemas emocionales o situaciones sin resolver, muy en lo profundo yo sabía que necesitaba ponerme de rodillas ante Jesús y hablar con Él seriamente. Y así lo hice. Entre relajos y muy en lo serio, le dije a mis amigas que en la vigilia no me hablaran, que tenía que concentrarme y que lo que venía bajando sería un efecto boomerang de “dime que te diré” para sacarme un par de fantasmas espirituales y emocionales que llevaban semanas atormentando mi paz mental. Como no puedo estar arrodillada por un problema que tengo en la rodilla derecha, me senté y cerré los ojos mientras mis manos se apoyaban con mi cabeza para entrar en algún tipo de trance. Y allí todo tuvo sentido. Las horas de sueño, el viaje largo de madrugada, el hecho de solo estar ese día en el ENRJ, todo se resumió en esa vigilia. Me recordé cuando fui a mi primer encuentro y lloré como si fuese María Magdalena en casting para la Pasión de Cristo. La misma niña de hace 6 años que lloraba desconsoladamente ahora lo hacía por nuevos problemas, quizás más de gente adulta pero era la misma escena, allí, sentada, frente a Jesús Sacramentado. Me desconecté del mundo durante esa hora y solo éramos Jesús y yo. Y fue precioso. Las lágrimas cesaron y una sonrisa llegó de forma involuntaria. Jesús lo había hecho de nuevo, había tomado mis dolores y dudas y me había hecho sanarme en medio de 10,000 jóvenes que alababan al Señor. Qué hermoso cuadro si fuese capaz de pintarlo. Al final, la vigilia concluyó con música alegre y nos fuimos a casa tranquila, o al menos sé que yo estaba muy en paz. A la mañana siguiente partimos a nuestro destino: La Chorrera y yo me fui de esa hermosa tierra que año tras año acoge a tantos jóvenes con amor con la plena convicción de que Jesús no hizo anda sin razón, Él fue dándome señales claras para sacarme de mi zona de confort y llevarme a como dé lugar al Encuentro Nacional de Renovación Juvenil 2018. Gracias por eso.

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