Crónicas con aires españoles: ¿dónde estaba Jesús?

March 7, 2018

Lo admito, no soy nada discreta. Ni con mis sentimientos, ni con lo que pienso ni mucho menos con lo que hago. Por eso, en cuanto salió hace un año la oportunidad de irme a España por un corto tiempo a estudiar mercadeo digital, creo que fui la auto relacionista pública en dar a conocer la noticia. Para bien o para mal de reacciones de los demás, al final lo bueno siempre se comparte y más si se trata de una realización personal que te hace sentir muy bien. Pasaron los meses, tomé las clases virtuales y llegamos al punto cumbre de todo el asunto: el famoso viaje a España por tres semanas. ¡La cuenta regresiva más larga de mi corta vida hasta ahora!

 

Ahora bien, estar tres semanas fuera de casa y dependiente de un horario escolar pesado sólo podía significar una cosa: bye bye rutina eclesial. Tenía que comprender que esos fines de semana sería casi imposible ir a Misa, pasaría miércoles de ceniza lejos de casa y sin opción a ir al Templo por mi itinerario español y vamos, los paseos turísticos se apoderarían del reducido tiempo libre de los fines de semana. Suena como un reto casi qué perdido, pero quiero en estas líneas contarles como esta experiencia me acercó mucho más a Jesús.

Debo empezar por agradecer a un par de chicas que conocí en el paso Encuentro Nacional de Renovación Juvenil en Chitré, justo un par de semanas antes de viajar. Íbamos caminando por los terrenos de la Feria de Azuero en uno de los recesos y dos chicas muy sonrientes y que cargaban a duras penas una cajeta se nos acercaron y preguntaron si teníamos ya nuestra nueva edición de “Misericordia día a día”. Dijimos que no… ¿y qué creen? De la enorme cajeta sacaron 3 ejemplares, uno para cada una y nos los regalaron. Luego siguieron su camino, de seguro para seguir repartiendo ediciones. ¡Qué regalo! Literal caído del cielo, o más bien de la caja. ¡Bingo #1 ganado! Justo ese libro fue el que me lleve al viaje y pude meditar la Palabra cada noche antes de dormir y tener ese momento de oración personal mientras trataba de lidiar con el frío y la regulación de la habitación del hotel.

Bien, es cierto que no pude ir a Misa el miércoles de ceniza porque estuve todo el día dando clases y las parroquias más cercanas estaban completamente fuera de nuestro alcance en distancia y horas para ir a Misa, sin embargo si hay algo que tiene España es que sus ciudades albergan y conservan Catedrales cuyas estructuras son preciosas y por ahí mismo su espiritualidad también. No se trataba solo de subir 207 escalones para llegar al Campanero de la Torre de Miguelete en Valencia (que en efecto, sí subí) o de asombrarnos un poco más con cada nueva Catedral que descubríamos, se trataba de comprender que a miles de kilómetros de distancia de casa, había un par de hermanos que compartían la misma fe. Y vamos, esa es una sensación increíble. Entre los horarios turísticos de los fines de semana, pude visitar una parroquia en Madrid para ir a Misa (sí, al final sí pude ir aunque fuese un domingo a Misa) y la paz que emanaba esa celebración era única. Quizás el estilo de la Misa no era como en mi tierra natal Panamá ni estaba rodeada de mis amigos, pero recuerdo que en el momento de darnos la paz pude sentir esa calidez y cariño de cada persona que saludé porque en ese justo momento estábamos allí compartiendo la alegría del evangelio en pleno domingo de invierno en Madrid. Y suena lindo, pues experimentarlo fue mucho mejor.

Al final, me llevo de reflexión que la fe trasciende fronteras, que estés donde estés, puedes mantener viva tu conexión con Jesús y aunque a veces cueste adaptarse o encontrar los tiempos para asistir a lo que nos une más a la Iglesia, siempre tenemos instrumentos, lugares y oportunidades para orar, ir a Misa y hasta conocer a fondo cómo cada país vive su fe, teniendo en cuenta que tenemos más cosas en común de lo que pensamos. De España también me llevo una contra parte que me intriga y hasta entristece, me llevo una imagen de un país asumido por el mundo, rodeado de una vibra que condena lo bueno y enaltece lo malo, donde el libertinaje es cada vez más aplaudido y mostrado públicamente como un nuevo estilo de vida que debe ser no sólo aceptado sino imitado para ser una sociedad más avanzada y que apuesta por cambios que a veces ni siquiera comprendemos. Oro por España y su hermosa gente, doy gracias a Dios por cada reto que me dio estando 3 semanas lejos de casa, lejos de la zona de confort, donde estuve a prueba en alma, mente y cuerpo para hacerme una persona más independiente, fuerte y que pudiese sobrellevar todo sola. Gracias Señor por esta oportunidad y te invito a acercarte más a Jesús, sea donde sea que estés y sin importar tu realidad. ¡Ánimos!

 

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