Un relevo generacional

March 20, 2018

Inicié mi caminar en la fe dentro de pastoral juvenil en el 2011. Acababa de terminar la secundaria y me sentía como una persona “libre” a nivel social. Mis padres aún me limitaban en ciertas cosas pero en general, podía disponer de mi tiempo y tomar el camino que quisiera. ¿Qué hice? Pues lo que menos pensaba, entrar a un grupo juvenil recién cumplida la mayoría de edad.

 

Lo que pensaba que serían noches de fiesta o discotecas se convirtieron en noches de reuniones, ensayos y vía crucis. En otros tiempos litúrgicos eran noches de jornada de oración o de formación eclesial. Mi vida en pastoral juvenil fue como la de cualquier otro joven: salía a fiestas, tuve novios, llegaba tardea casa en ocasiones por las actividades que había y conocí un montón de gente que al igual que la vida diaria, con algunos cree lazos de hermandad y con otros prefería la distancia por las diferencias. Y así fui creciendo a nivel personal y podía ver a jóvenes mayores a mí dentro de la pastoral como guías e iba aprendiendo de ellos. Los retiros espirituales sanaron muchas heridas que tenía, cambié para bien y fui dejando atrás actitudes y miedos que me habían sucumbido lo suficiente.

Entre luces y momentos de oscuridad, estar en pastoral juvenil me hizo reaccionar como persona y darme cuenta que debía romper la burbuja extraña que tenía como escudo ante muchas situaciones. Aprendí a que mi voz se escuchara, a ser líder y a defender mis ideales, porque la vida parroquial también tiene sus demonios andando y esto es por el simple y lógico hecho que la Iglesia está formada por seres humanos, todos pecadores.

Ahora, miro atrás y veo fotos y vídeos donde recuerdo tantas experiencias y de frente tengo una nueva generación. Ahora con 25 años puedo ver a chicos con uniforme de colegio o que llegan de sus clases universitarias para venir a servir en la Iglesia. Y me recuerdan a mí y a los chicos que ahora tienen mi edad. Parece mentira, pero el tiempo sí va cambiando las realidades, solo depende de cada uno aprovechar cada etapa y sacarle todo lo positivo mientras se aprenden de las caídas que normalmente tenemos. Ahora con  más horas de responsabilidad y otros enfoques acorde a mi edad, puedo decir satisfecha que mi camino por pastoral juvenil casi termina. Gracias a estos 7 años he descubierto mi  carisma y a la vez me he conocido a mí misma como persona. Aprendí a valorarme, a protegerme y a darle importancia a las cosas positivas, dejando atrás todo lo que no edifica ni te acerca a Dios. Y aunque aún tengo mil cosas que mejorar y que aprender, la pastoral juvenil fue la mejor escuelita de formación que pude haber tenido, porque justo cuando creía que era la persona más madura, me di cuenta que mi pensamiento aún estaba en etapa prehistórica.

Por eso, para todos esos jóvenes que están iniciando su caminar de fe desde la adolescencia, les invito a poner toda su confianza en el Señor. No será fácil, te enamorarás de alguien en tu grupo y quizás no funcione, seguirás teniendo conflictos en tu familia, no todos son buenos dentro de la Iglesia y las tentaciones te atacarán más que nunca, sin embargo, aprender de todo y salir adelante te harán una persona fuerte, valiente y capaz de lograr todo y lo más importante, te permitirá darte cuenta de que la voluntad de Dios es lo que necesitamos. Exhortemos a la juventud a entrar a algún grupo juvenil, permitamos que ellos sean parte del plan de salvación conociendo a Jesús desde esa etapa tan hermosa de la vida.

 

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