Hey! No chifees tu misión

July 8, 2018

 

Creo que nunca había salido tan rápido de una Misa para volver a casa y poder escribir esto. Pero antes de entrar en el tema, debo decir que esto se siente extraño. Extraño como cuando sabes que llevas mucho tiempo sin hacer algo a lo que estabas acostumbrado y repentinamente vuelves al ruedo. Extraño como cuando tienes temor a haber perdido el toque de bailar, picar la pelota o hacer ese doble pirouette simplemente porque llevas meses sin practicarlo. Sentarme en mi laptop después de 2 meses casi sin publicar nada en el blog es una sensación de desilusión conmigo misma por no haber encontrado inspiración para escribir antes, pero a la vez es una señal de esperanza al poder comprender el por qué no me sentía en “mood” de plasmar algunos pensamientos por aquí antes. Entonces, vayamos primero al meollo de este retorno inesperado pero gratificante…

 

Me había alejado mucho de Dios. Y para quiénes lean esta parte con algo de desconcierto o con una cara de meme extraña les puedo explicar abiertamente a que me refiero. No, no me fui de la Iglesia por estos 2 meses ni tampoco dejé de ir a Misa, pero en cierta parte, mi vínculo espiritual se había puesto en modo avión, andaba de vacaciones sin siquiera yo percatarme porque mi cuerpo y hasta mi mente seguían cercanas a la Iglesia, solo que sin ninguna evidente reacción. Iba a Misa pero no estaba 100% concentrada en las lecturas o las homilías, oraba todos los días pero de forma muy superficial y me tomó buen tiempo darme cuenta que sí estaba causando un terrible efecto el hecho de que no me estaba formando en ningún grupo por haber declinado mi puesto de coordinación de comunidad juvenil hace un tiempo (aunque era justo y necesario ya hacerlo). El problema no era el cambio de rol, ni mi nuevo empleo ni mucho menos un tercero, se trataba de un estado propio donde yo misma no me daba cuenta que mis acciones, pensamientos y ligeros cambios de vida no estaban bien coordinados con mi parte espiritual, la principal de todas.

 

Entonces se trató primordialmente de un estaco caótico mental que estuvo conmigo por estos dos meses donde sentí erróneamente que era normal que quisiera estar algo alejada de la Iglesia, que se trataba de “una etapa”. ¡Mentiras! Se trataba de una Mariee totalmente ciega por ciertas opciones que aparecieron de la nada en mi vida y que estaban haciéndome creer que era hora de desvincularme un poco de todo lo espiritual para ser una persona más feliz y acorde a mi edad. Sí, lo sé, suena totalmente desfasado y hasta estúpido, pero es precisamente lo que aprendí hoy mientras escuchaba la magistral homilía del Padre Jhassir Pacheco con respecto a las lecturas lo que me hizo unir todos los benditos cables sueltos que tenía y descifrar el laberinto extraño en que estaba metida, laberinto que hoy he podido completar y sentirme viva y motivada de nuevo.

 

Tres cualidades que no estaba teniendo que van de la mano con las lecturas de este domingo: disponibilidad, humildad y perseverancia.

 

Disponibilidad: no hay que chifear nuestra misión. Y muchas veces lo hacemos porque tenemos temor, porque no nos creemos capaces o simplemente porque hay un mundo de personas sin nada que hacer que están como la cizaña, allí pendientes a tus caídas para no permitir que haya frutos de tu parte, lo peor es que no son ellos los que causan el verdadero problema, pero sí son lo suficientemente válidos en tu pensamiento para que lo que ellos digan te afecte al punto de pausar tus metas o servicio por miedo al qué dirán o para no ser perseguidos o señalados por servir al Señor. ¡Error! Estamos llamados a una misión y no podemos permitir que la falta de disponibilidad nos gane.

 

Humildad: porque a veces se trata de hacer notorias nuestras debilidades para ser personas humildes, que aceptan sus errores y que demuestran que somos católicos cristianos no para figurar o llevar una banda de honor que diga que somos los ejemplares, sino que somos llamados a aceptar nuestras faltas y pedir perdón para que los demás vean que nuestra actitud es de escucha y corrección fraterna, que no buscamos los primeros lugares sino ir aprendiendo día a día a ser mejores cristianos.

 

Perseverancia: porque la misma palabra denota motivación, es un llamado a no desfallecer y es precisamente la unión de estas 3 cualidades lo que a mí me hacía falta para volver a sentir la energía e inspiración que tengo al escribir esto justo salida de Misa como un signo de alegría por poder hacer algo que quizás no cambie al mundo pero sí aporte una pizca de esperanza, reflexión e inspiración en quienes lo leen.

 

Entonces, mi punto con este escrito es sencillo: tenemos vendas en los ojos que a veces nosotros mismos nos ponemos y no nos queremos quitar, pero siempre hay algo o alguien que nos hace ver más allá de la oscuridad y nos hace caminar con ánimos de retomar ese caminar de fe que nos hace verdaderamente felices. Me siento muy contenta de volver a escribir, de sentir nuevamente esa inspiración al escuchar una formación o una homilía y ver plasmado en letras un pensamiento que ha llenado mi corazón de alegría. ¡Ánimos!

 

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