"Dime quién te gusta y te diré qué quieres..."

August 6, 2018

No, no soy ninguna adivina ni tengo dotes mágicos para sentir propiedad al hablar de esto…pero vamos, todos sabemos un poco sobre el tema amoroso y las relaciones de pareja. Cuando empecé en esto del mundo sentimental y tuve mis primeras experiencias amorosas, sentía que todo era bastante claro. Los nervios, las ganas de saber de la persona y las risas tontas hasta por chistes sin sentido eran un signo casi que vital de que había amor esparcido en el ambiente, al menos así era de mi parte, ya tocaba después con artimañas e indirectas saber si era mutuo el sentimiento, pero era bastante sencillo reconocer los sentimientos propios y tirarlos al campo de batalla del amor.

 

Pero eso fue hace como 5 años…ahora siento que todo es muy diferente y puedo explicarles por qué. Creo que a estas alturas no tan altas pero igual de significativas de la vida todos hemos pasado por la temible situación de enamorarnos de alguien al punto del colapso y luego verlo partir. Ya sea porque se fue con otra persona, se aburrió de todo, pelearon demasiado o simplemente no era la persona indicada y habías demorado mucho en descubrirlo, es de esas heridas abiertas que te dejan sin derecho a curar…puedes sobrellevarlo, puedes vivir con eso sonriendo, pero es algo que queda marcado y nunca se irá. ¿La razón? Porque fue la persona que te enseñó literalmente a amar de esa forma, a entregar, a llorar, a dejar el egoísmo natural que tenemos de pensar sólo en nosotros y quizás es la persona que sacó de la coraza todas las emociones e ilusiones que tanto nos hablan de niños y que suponemos que una vez experimentadas seguirán intactas y cuidadas en una caja de cristal cuyo príncipe o princesa custodiará con amor para toda la vida…blablablablabla…Sigamos.

 

Ahora, cuando ya hemos pasado por esa temible situación (que debo aclarar que no todos experimentan y dichosos los que conocen al amor de su vida y todo funciona de una vez) el hecho de enamorarnos se torna un poco más complicado. Dejamos de ver el lado infantil dónde sólo valían los sentimientos y las mariposas o el insecto de tu preferencia que sientas en el estómago y reemplazamos nuestra lista de ideales en algo más seguro. Y aunque suene algo feo, es la cruda verdad. Si el bichito de las emociones se va asomando, antes de lanzarnos al vacío como antes hacemos un “scan” profundo de otros asuntos (que no mencionaré porque cada quién verá en que se fija). Pero ahora, este análisis donde el sentimiento como tal no es el protagónico puede trae muchos dolores de cabeza…y de eso sí podemos conversar con confianza.

Conozcan a mi alter ego Alicia. Una chica soñadora, llena de responsabilidades y con un sentido del humor bastante terco. Alicia es bastante segura de sí misma y suele buscar el lado positivo de todo, de todo menos de su vida amorosa. Verán, hace un par de años Alicia vivió un momento difícil en su “status” sentimental, había terminado una relación de un par de años que le había robado la calma, las lágrimas, el sueño y hasta el apetito. Ya estaba recuperada de todo el asunto, pero su corazón había reactivado esa coraza de protección que tenía cuando estaba en primaria y no quería andar fantaseando con nadie, ahora Alicia se había vuelto algo fría y hasta torpe para elegir de quién enamorarse. Y aunque escuché en mi nueva serie adicta de Netflix (Las chicas del cable) que no elegimos de quién enamorarnos, pero sí de quién dejamos quedarse en nuestra vida, Alicia ni siquiera tenía claro qué sentía. Y por culpa de sus emociones mixtas y las malas experiencias del pasado, salía de vez en cuando de su caparazón y buscaba el amor, el problema de buscar es que muchas veces no estamos seguros de querer encontrarlo aún. ¿Cómo funcionaba todo este enredo? Fácil… Alicia conocía a alguien (o muchas veces ya lo conocía de antes) y emprendía este viaje sin rumbo de escribirle a la persona, frecuentarse, salir, e incluso ilusionarse, el problema era que esta fase sólo duraba un par de semanas o meses y luego moría sin siquiera llegar a algún intento de algo formal… ¿por qué pasaba esto? Pues porque ella era inestable emocionalmente, o al menos eso creía. La verdad era que Alicia estaba buscando algo que aún no le correspondía encontrar, había buscado entre prospectos, había tratado de ilusionarse y sobre todo, quería que las cosas funcionaran con alguien cuando dentro de sí sabía que no se trataba de algo espontáneo, sino de un esfuerzo en vano sólo para sentir algo de atención por un tiempo, como las crónicas de una muerte anunciada. Error, error, error, terrible, casi como para cortarle la cabeza como su tocaya del país de las maravillas. No solo ilusionaba a alguien que quizás sí tenía buenas intenciones y quería algo formal, sino que se enredaba y hacía daño ella misma al estar en una constante situación de “ON/OFF” emocional. Sí, había que admitir que Alicia era muy enamoradiza, se ilusionaba rápido y hasta hacía fantasías de familia, viajes, hijos y éxito junto al prospecto sin siquiera tener una cita real. Alicia tenía problemitas (serios) y lo único que ella necesitaba era darse cuenta que su felicidad no dependía de las mil plegarias a San Antonio de Padua sino que era un tema personal de ser feliz consigo misma, a la espera de esa señal divina que le mostrar si su vocación era el matrimonio o si estaba siendo demasiado torpe en buscar y buscar cuando el amor en realidad llega tocando la puerta en el momento menos esperado. Entonces un buen día Alicia lo comprendió, debía detenerse. Basta de ilusionar a chicos, basta de buscar prospectos que llenaran sus supuestos ideales, basta de esforzarse por enamorarse y basta por querer que algo potencial funcionara como si se tratase de una dieta relámpago. Tocaba orar, amarse a sí misma y encontrar la felicidad en estar por ahora sin pareja, porque precisamente no estaba lista para amar a alguien si sentía que eso era demasiado necesario para sentirse plena. En resumen, quizás por la edad, la desesperación o los miles de años literal estando solteros nos hacen pensar y tratar de convencernos de que necesitamos sí o sí una pareja para que la vida la tengamos solucionada. No seamos egoístas y trabajemos en nosotros mismos antes de recibir con alegría a quien Dios tenga dispuesto para cada uno. Y por favor, dejemos de andar actuando conforme lo primero que sentimos, los impulsos sentimentales existen…y no todos son precisamente por amor.

 

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