Confesiones de corazones nobles

September 28, 2018

Creo que es la primera vez que me inspiro en escribir luego de hacer zumba, aunque supongo que es algo bueno si estamos ampliando los panoramas base para obtener un escrito, aún si se trata de las 10:45 de la noche.

 

He estado muy distante últimamente. De mis pasiones, de lo que me inspira, de mí misma. El motivo es simple: me había tomado unas vacaciones de la realidad para armarme una película sin derecho a secuela, de esas que tienes un guión listo pero al final no se ejecuta porque te quedas sin protagonistas. Me había sumergido en un pensamiento crítico que no considero ni siquiera apto para mis 26 años pero que me brindaba un poco de ilusión en medio de una rutina bastante caótica en el nivel más sedentario posible. Y eso me había frenado de escribir, de pensar más allá y de encontrar en pequeñas cosas la fuente divina de inspiración para traducir mis emociones en letras… todo eso hasta hoy, hasta esta noche.

Quiero hablar sobre algo que me tiene dando vueltas desde hace mucho: hablemos un poco sobre el afecto y el valor a los demás. No, no voy a utilizar este espacio para hablarles de Dios ni de mis confusos sentimientos que no se ponen de acuerdo aún (eso será en otra ocasión), vamos a hablar de algo tan simple como el hecho de sentir una reciprocidad a la hora de pedir algo de atención. Y es que hablando por mí misma, siento que todos merecemos y somos felices con un poco de atención. Apenas hace un par de años me reía en silencio de una chica que decía que se sentía pésimo porque nadie le preguntaba cómo estaba o que hacía o no mostraban interés por conocerla. Yo me decía: “pero qué dependiente es”. Y no comprendía qué pasaba por su mente y corazón, hasta ahora.

 

No sé ustedes, pero a veces pasa que somos los nobles de corazón que queremos estar pendientes de todos. Buscamos conversación, queremos ver a nuestras amistades, estamos allí para hacer presencia o responder a lo mínimo y simplemente nos hacemos notar en el sentido de que estamos allí para lo que sea. La otra cara de la moneda muestra cómo muchas veces somos la oveja perdida que nadie se interesa en buscar. Y aunque suene bastante dependiente a nivel digital, un día hice un experimento social de desconectarme de mis redes sociales para ver si alguien me escribía por primera instancia, y mi sorpresa fue tan decepcionante que empecé a cuestionar que tipo de conexión real estaba yo estableciendo con los demás para recibir tal atención. Y luego lo comprendí, al final del día, somos unos meros dependientes de los demás, solo que no lo vemos mientras tengamos a alguien allí constantemente. Veo parejas sumergidas en su propio mundo y al otro extremo veo personas que si no es por los grupos de whatsapp no tienen con quién conversar. Hay muchas emociones que no soy capaz de expresar en letras pero que se resumen es una indignación por no prestar atención a quiénes te rodean por estar enfrascado en una burbuja que tarde o temprano va a explotar y te hará caer en el mar donde todo se lo lleva la corriente que no perdona. Estas cortas oraciones solo son un recordatorio de que allá fuera tienes muchas personas que necesitan una mano amiga, un saludo, una salida real a cenar para hablar o un momento de compartir para expresar tantos demonios que traen dentro. Las frases: “por ahí nos vemos”, “yo te aviso”, “un día salimos”, solo son una máscara de excusas para decir: “la verdad es que no le estoy dando mucha importancia a esto”, ¿cuándo va a cambiar eso? ¿Hoy, mañana, nunca? Solo piénsalo…

 

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