"No soy yo, eres tú"

October 9, 2018

 

¿Quién llora en una homilía sobre el matrimonio sin siquiera tener pareja? Well, ladies and gentlemen…yo. Y a mucha honra.

Suena como el ambiente más inadecuado que en plena misa de 11 de la mañana del domingo, con semejante calor y hambre yo estuviese cautivada por una homilía que quizás aún ni me compete. El padre estaba inspirado… como de costumbre. Siempre he dicho que sus homilías tienen una esencia cautivadora y de verdad sientes que Dios habla a través de dicho siervo llamado sacerdote, pero en esta ocasión, más que una homilía cautivante era un poema lleno de cruda, amarga, dulce y deseosa verdad, todos esos sentimientos en un mismo lapso de 45 minutos.

 

El tema central: el matrimonio. No es un asunto trillado, ni mucho menos pasado de moda. Es una decisión sólo válida para valientes y para quiénes realmente están llamados a compartir su vida y acercar más al otro a Jesús por medio de esa relación. Y pues en la homilía hubo de todo, desde el hecho de comprenderse, apoyarse, de arreglarse, incluso cuando ya hay demasiada confianza o amarre de que por nada del mundo van a separarse y también la clave mágica de siempre recordar los detalles, que son lo más lindo y sencillo para mantener el amor a flor de piel y la vez es lo que más se olvida con el paso de los años. Pero, la verdad es que no me puse emotiva con el tema del matrimonio, como les dije, a falta de pareja pensar en eso es casi que absurdo (a menos que le estés haciendo una novena a San Antonio por el futuro novio o novia), pero de allí, es como esos sueños a futuro que tenemos pero que aún están en lista de espera…muy de espera.

 

Pero si hay algo que tengo claro es que el matrimonio no es mágico, no es algo con lo que despiertas debajo de la cama como el dinero del hada de los dientes sabiendo el nombre de tu amad@ ni son regalos que llegan precisamente en Navidad. Se trata de algo que se cultiva y trabaja desde el noviazgo…por ende, si sus matemáticas son efectivas…para matrimonio se necesita primero un novio o novia. Y es aquí donde está el talón de Aquiles en la sociedad actual, no le estamos dando la importancia, respeto ni mucho menos seriedad necesaria a esta preparación al matrimonio. Sí estimados, leyeron bien, PREPARACIÓN AL  MATRIMONIO. Y es que muchos piensan que llevar el título de “novios” es la etiqueta popular que dice: “hola, gracias a Dios a alguien le gusto en este marginal planeta”; sin embargo, después andan destrozados con dudas, lágrimas peores que las de Myrtle la Llorona y con ganas de desaparecer sólo porque su química solo era para un par de caprichos físicos o emocionales pasajeros y no para un compromiso de amor y unidad real. Y esto que acabo de escribir sonó tan dramático que me gusta como suena y todo, porque la verdad, estamos cegados en un mundo donde tener novio es como ir a comprar pan, es decir, de llegar y pedir a quién creemos que nos gusta y si no pues alf día siguiente pedimos otro,  donde creemos que por una plática, por un beso o por una noche intensa ya el amor es para siempre o podemos sentir que nos sacamos la lotería. Y el padre lo dijo en la homilía: el amor no es algo de a suerte, es algo que se decide trabajar y hacer funcionar.

 

Resulta fácil soltar algo cuando pinta difícil, dejar ir cuando ya la chispa está apagada o poner excusas más baratos que un producto de “Todo a dólar” cuando hay un panorama más entretenido pasando frente a tus narices y sientes que tu pareja actual ya perdió gracia o no está tan “wao “ como cuando la/lo conociste. Y este pensamiento es lo que nos lleva a mi punto cumbre donde las pinches lágrimas salieron solas y yo me dije: “amén, amén, amén”. Luego de casi 30 minutos hablando de esposos y dilemas maritales, el padre habló de algo mucho más enfocado a nuestra realidad como jóvenes adultos: apego, juegos peligrosos y una ceguera de amar vs divertirse.

 

Presiento piedras del tamaño de meteoros aproximándose…cuidado…

 

Para no hacerles larga la historia el padre hizo un tremendo, magistral y real llamado a la juventud para dejar de jugar con las emociones:

 

“Si tu peor es nada, tu cualquier cosa o tu amig@ especial no está pensando en algo serio, en un compromiso a futuro o en buscar algo fijo, no pierdas el tiempo”. No sé ustedes, pero eso fue como un mensaje caído del cielo o de esas frases que te salen en las galletas de la fortuna, directo al hígado, al hueso, adonde más te duela. Somos seres que nos hemos vuelto dependientes al amor, dependientes de atención y por eso nos emocionamos con poco o a veces hasta con nada.

 

¿Mi consejo? Paciencia. Y no es la vieja confiable de que el tiempo de Dios es perfecto o que aún no llega el indicad@…se trata de algo más profundo. Es amarnos al punto de cuidarnos y de no aceptar tratos express o caprichos egoístas de otros a cambio de un momento de ensueño o placer. Ya estamos grandes para jugar y andar por ahí sin medir consecuencias. Un dolor de estómago o cabeza se cura con reposo y medicamentos, pero el dolor del corazón ni siquiera tiene un remedio fijo, con todo y que sabes que Jesús te ama un montón.

Entonces, seamos realistas y amémonos, esperar en Dios al que piense como tú y quiera un verdadero compromiso de amor, por ese o esa vale la pena dejar de jugar y besar entre tantos malos jugadores mientras esperamos a un verdadero ganador. Al final, en esto del amor, si tú quieres de verdad algo serio: no soy yo, eres tú querido intruso del corazón el que necesita arreglo de pensamiento.

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