2x1 de emociones: Cuando atraer no basta...el tiempo dirá

November 14, 2018

 

Cuando atraer no basta...

 

La verdad es que nunca ha sido suficiente. Entre las líneas temporales de atraer y amar, existe un abismo que casi que no puede medirse de lo distante que está uno del otro. Y para hacer más claro todo esto que advierto que este escrito puede sacar a relucir malos recuerdos, sensación de culpa y hasta rabia por quién escribe esto o a quién te recuerda todo este asunto, por eso,  quiero hacerlo lo más explícito con un personaje: Camilla.

 

Camilla tiene muchas dudas en su cabeza. Aún se pregunta por qué cuando tuvo al chico que amaba en secreto a su merced no lo valoró y a cambio se comportó como una total inepta insegura y sin una pizca de madurez, provocando que a la larga el amor intenso que él le profesaba se tornara en una débil hoja de árbol que con el viento de los problemas terminó alejándose. Se pregunta por qué a estas alturas de su caminar y con casi todas sus limitaciones emocionales levemente corregidas no consigue pareja. Analiza una y otra vez todo: sus actitudes, cómo se proyecta, qué ropa usa y hasta cómo habla y escribe por Whatsapp, pero nada de eso parece llevarla a una respuesta clara.

 

Camilla siente que debe hacer algo al respecto. Probablemente es su temor intenso por relaciones anteriores lo que la lleva a encerrarse en una burbuja donde todo está más tranquilo si simplemente no se estresa, enreda ni dedica tiempo o mente a nadie. Pero esa misma posición tranquila también le genera frustración. Quizás Camila aún no esté lista para caminar al altar o para vivir en un apartamento mientras da de comer a unos gemelos y dormir sólo 4 horas diarias, pero sí está lista para entregar su corazón a otro chico. A uno que la valore (esta vez sí), porque ya mucho ha sufrido y aunque su etapa de duelo post ruptura se acabó hace rato, Camilla siente que algo está mal en la ecuación para que esto de “conseguir pareja” realmente funcione.

 

Todo este asunto se vio meramente afectado al conocer a Gael. No hay que describir que le gustaba hacer a él, ni su edad ni dónde vivía, solo basta decir que Gael era un buen chico. Despertó el interés de Camilla desde el primer instante en que pisó la cafetería de la Universidad y le sonrió mientras hacían fila para pagar el almuerzo. Y cuando supo que asistían al mismo círculo de lectura, las miradas se transformaron en sonrisas y un Gael bastante lanzado pero valiente le pidió su número.

 

Camilla estaba impresionada. Él era buen mozo, tenían gustos similares y era muy guapo. Sus pláticas por Whatsapp se fueron prolongando y convirtiendo en el día a día de ambos, donde poco a poco se iban conociendo y se daban cuenta de lo mucho que se parecían. Tenían amistades en común, frecuentaban sitios similares y ambos parecían interesados. O al menos eso proyectaban…

 

Para Camilla las cosas fueron cambiando cuando las recesivas conversaciones por “chat” se tornaron un intento de poder salir personalmente, de conocerse mejor a través de una plática por el parque o de mirarse a los ojos y ver si existía la llamada chispa del amor. Y entonces, ella se alejó…

 

¿Sentido? A simple vista no, pero para Camilla había una explicación lógica. Y es aquí donde los que han pasado por esto pueden sentir rabia, dolor, angustia y hasta ganas de cobrar venganza con el karma.

 

Camilla había estado tan desesperada y frustrada por conseguir pareja que había armado toda una película de amor sin siquiera haber aprobado al co - protagonista. Se había interesado tanto en el tema de tener a alguien y sentir nuevamente lo lindo de las conversaciones hasta tarde, las llamadas inesperadas y los halagos, que no le había prestado atención a lo más importante: saber si ella de verdad sentía algo más que una simple atracción. El paso que había dado Gael para empezar a salir y frecuentarse más no sólo había asustado a Camilla, le había hecho reaccionar que en realidad ella no sentía algo fuerte por él. Sí, le parecía lindo, le gustaba hablar con él y se reía mucho, pero hasta allí. Y entonces, como por arte de magia, Camilla dejó de tener interés en los chats y las palabras bonitas y sólo pensaba en cómo podía hacer para alejar (sin lastimar) a Gael. Pero en medio de la confusión había una realidad clara: había un involucrado inocente y un corazón roto por culpa de la desesperación de alguien que no sabía lo que sentía y quizás ni siquiera sabía lo que quería. Camilla personifica a muchos que conozco hoy en día y también me hace identificarme con ella en su momento, nos dejamos cegar por la frustración interna de estar solos que nos hacemos una idea sin bases de que alguien nos puede parecer interesante…pero hasta allí. No resulta como algo que fluye sin problemas como cuando nos enamoramos o cuando sentimos que estamos en el camino correcto junto a otra persona. Entre atraer y amar existe una distancia tan lejana que nos convierte en seres insípidos y algo tontos porque muchas veces no sabemos diferenciar estas dos palabras. Y cometemos un error garrafal: prometemos amor cuando no sentimos algo ni parecido a eso. Entonces, la situación es clara: no nos dejemos atormentar por la soledad y dejemos de hacer daño a los demás sólo porque nuestras emociones no están claras ni en paz.

 

Y cuando comprendemos esta parte, entonces podemos ver que...

 

 

El tiempo dirá…

 

El tiempo dirá si estaremos juntos o no. Dirá si debo dejar que mi cabello crezca o si debo cortármelo. Dirá si tendré ánimos de emprender una nueva meta o si simplemente me estancaré en la conformidad actual. Dirá si tendré una casa con niños corriendo o si viviré sola en un apartamento mientras veo el mar o un edificio vecino. El tiempo dirá si estaré contigo en un mes o si nos reencontraremos en 10 años…

 

Y sí, el tiempo puede decir muchas cosas, pero es en estos momentos donde reflexiono de que nos corresponde hablarle al tiempo. ¿Cómo? Sí, hablarle. Decirle: ¿sabes qué? Aunque tú tienes ciertos planes que ocurren como arte de magia y sin ningún esfuerzo de mi parte, hay un par de cosas que yo misma puedo decidir si se hacen o no. Y es ese el punto que quiero rescatar de este adjunto de letras antes de que se conviertan en un pensamiento perdido y sin sentido.

 

Somos más fuertes de lo que el tiempo puede determinar para nosotros. Y voy a explicarles por qué…

 

Siempre sueño despierta cuando el momento es propicio, es decir, cuando llevo más de 30 minutos en un Metro Bus (sentada) o cuando estoy dando vueltas en la cama para poder dormir (porque sí, solo me duermo cuando pienso en algo específico que me guste o cuando tengo demasiado sueño), y es en estos momentos donde mi mente empieza a jugar al cuento de : si yo fuera…si yo hiciera…si yo tuviese…y la lista se va en emocionantes situaciones que yo podría estar viviendo, desde ser famosa, tener más dinero, participar de una entrevista con Ellen o simplemente despertar al lado de mi crush en un hotel en Bali, son cosas que se pueden pintar definitivamente como sueños. Y aunque algunos sueños (como conocer a BTS) no dependen específicamente de mí, hay otros que si yo no me levanto y doy el primer paso, nadie lo hará por mí, porque precisamente depende de mí. Muchas veces nos sentimos cómodos y hasta nos reconformtamos emocionalmete de a momento porque soñamos algo y la idea nos alegra, pero caer en la realidad posterior de que no va a pasar de eso nos hace darnos ese golpe de desesperanza que hace que nos quedemos allí, sin abrir la puerta de la aventura sólo porque el cuarto conforme nos resulta algo tranquilo y sin tantos peligros o futuras decepciones (es aquí donde pinto la decepción como la manzana de la discordia entre aventurarse a algo vs quedarse quieto). Y sí, soñar no cuesta nada, pero transformar un sueño en una realidad requiere de mucho más que una bonita imaginación, requiere de un alma dispuesta y que no se deja vencer por el cliché del destino y sus casualidades no tan efectivas en ocasiones. Y es aquí donde notamos la diferencia entre las personas que han pasado por sacrificios, decepciones, dolores de cabeza y llevan consigo un morral de vivencias por contar debido a todo lo que han hecho, pero que se sientes tranquilos porque lograron su cometido o están viendo un mejor panorama ahora…vs.. los que están en el mismo lugar desde hace años, sin nuevas aspiraciones, quizás sin tantos problemas, pero son esos mismos los que se llenan de cólera cuando ven a alguien conocido alcanzar una meta o llegar a una posición más arriba en que este susodicho sólo mira con recelo desde la planta baja porque nunca hizo nada extraordinario para superarse ni salir de la temible zona de comfort.

 

Entonces es simple, hay que dar el primer paso. Y no sólo hablo de sueños de emprendimiento o a nivel profesional, hablo de eso que tanto anhelas o que te quita el sueño durante la madrugada. Hablo de dejar de esperar  a que ese chico te escriba sólo porque él debe dar el primer paso. Hablo de dejar las excusas para ir al gimnasio y definir una agenda de responsabilidades de entrenamiento. Hablo de dejar de huir a lo que sientes, de enfrentar que quizás allá afuera hay alguien que sí va a quererte de verdad y no como el inseguro e inconforme de tu ex que no supo valorarte y te dejó con mil inseguridades encima que te impiden avanzar a nivel emocional. Hablo de enfrenar tus miedos, de comprender que tu destino está más allá de un título profesional, se trata de darte a conocer, de dejar el miedo a crecer, de tomar las riendas de tu vida y dejar de quejarte de que no tienes lo que quieres y empezar a trabajar por ello. El tiempo no dice nada, porque pueden pasar años y puedes seguir afectado por el mismo detalle que al final no es el fin del mundo sino que es una pequeña piedra de todo un camino con vistas más interesantes que puedes encontrar. ¿Y sabes qué? Se trata de dejar de creer que todo llega solo, de que todo depende de las acciones de alguien más, cuando sabemos que somos nosotros mismos los que nos truncamos las oportunidades o no sabemos actuar por miedo a fracasar. Entonces, empecemos a no esperar a que sea muy tarde para lograr algo cuya fecha de vencimiento puede ser más pronto de lo que pensamos.

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