Y después de la JMJ...¿qué?

January 3, 2019

Me he hecho esta pregunta mil veces, en algunas circunstancias me emociona conocer su respuesta y en otras simplemente prefiero dejar el tema en el aire. Lo sé, la JMJ ya está aquí. No es un tema de un par de meses o de semanas, son pocos días donde cada amanecer representa un punto menos en el conteo regresivo y donde podemos sentir desde cualquier perspectiva que el evento país más grande que hemos tenido hasta ahora se asoma y dice: voy.

 

Y okei, que venga. La verdad es que con todo estos años de preparación desde el anuncio en Cracovia 2016, basta decir que ya a estas alturas del partido lo que se hizo se logrará y lo que no, pues quedará de lección. Que la JMJ sea en nuestro país Panamá no es sólo un reto o un regalo como dicen muchos, es una muestra de la misericordia de Dios. ¿Saben cuánta gente en este país necesita una leve muestra de amor? Vemos tanta violencia, personas que divagan las calles enojadas, con rencor, llenas de ese odio que enferma a otros, el ambiente no es enérgico, sino es un fastidio completo de tener la rutina a la orden del día y seguimos siendo testarudos y no nos gusta ir al encuentro del Señor, simplemente sabemos que existe pero no nos atrevemos a buscarlo. Entonces, esta JMJ va destinada a eso: a ser una nube de calma y alegría que contagie el país por dos semanas, pero que con el favor de Dios y la acogida de todos deje un aroma de paz y de motivación al cambio que perdure como una huella imborrable en nuestra querida patria.

Y vamos, con todo el tema de la logística yo también tengo temor. Participar de dos jornadas en países enormes donde de igual forma las calles colapsaban, la gente se perdía y la logística tenía cambios repentinos me deja más que claro que acá no será la excepción. Porque toca también ser realista antes de salir con el veneno a criticar cada cosa. En toda circunstancia se cometen errores, pero este evento no sólo ha impactado en tantos estamentos que se han unido para organizarlo, sino que ese temor de que todo salga bien y la expectativa generada ha hecho que nuestro país incremente su eficiencia y rol de coordinación de forma magistral. Y aunque podemos anticipar cierto caos, sé que la JMJ ha causado hasta en los menos creyentes al menos un reto de trabajo en dejar una buena imagen del país ante el mundo.

 

Ahora, he dicho muchas habladurías sobre la organización y todo el perfil externo del evento, pero…yo quiero hablar de algo que me tiene bastante preocupada, su capital humano. Hay tantas personas trabajando fuertemente en este proyecto, pero no podemos cegarnos ante el hecho de que sus protagonistas son los jóvenes. Peregrinos, voluntarios y aquellos que tienen esa energía, tiempo y dedicación para ayudar.

Todo suena muy bonito, pero hay algo que no podemos dejar escapar y que al final, toca aceptar. La JMJ ha sacado a relucir un par de cuestionamientos con aquellos que trabajan en el evento. Entre actitudes, problemas de ego y el pensamiento erróneo de que servir en la jornada es mínimo un sinónimo de volverse famoso a costa de la misma. No se trata de ganar protagonismo o ser una cara conocida para hacer referencia a la JMJ, si quieres promoverla, lo haces sin querer algo a cambio. Y es algo que podemos cuestionar una vez termine este proyecto en el país: ¿qué será de los jóvenes luego de la JMJ? ¿Serán testigos de una aventura espiritual inexplicable y continuarán su caminar de fe? ¿O serán acaso de esos típicos ejemplos de personas que sólo están por la emoción del momento y por toda la taquilla que pueden generar? O peor aún, serán de esos jóvenes que les interesa más generar contenido personal y taquillar en cada rincón posible pero al final su fe está bastante alejada de todo lo que dicen en sus publicaciones (a pesar de que son lo que participan de todos los eventos que organiza la Iglesia = los temibles trabajadores vacíos a nivel espiritual).  

 

No me tomen a mal, queremos que todos estén emocionados con la JMJ, pero si se va a convertir en un escenario para ver quién tiene más seguidores, quién estuvo en más actividades, quién hizo más amigos extranjeros o quién ganó una mejor posición en su parroquia o a nivel eclesial (porque sí, eso pasa), entonces no le veo el sentido en cuanto a resultados internos a la JMJ. Al final, sólo espero que este evento sea una oportunidad para reencontrarnos y desde el rol que tengamos no perdamos la verdadera intención de todo esto: acercarnos más a Jesús a través del mensaje del Papa y compartir nuestra fe y alegría con jóvenes de todo el mundo. No importa si eres coordinador, jefe, voluntario, peregrino o lo que sea, no permitas que un puesto o una comisión te cegue a pensar que todo lo que haces es para beneficio propio, porque al final, si ves esto como un trabajo dónde vas a engrandecerte: ¿cómo te atreves a hacerte llamar servidor?

Y esas personas que tanto hacen eco de sus responsabilidades, que sean los primeros después de la JMJ barriendo en sus parroquias, apoyando en pastoral juvenil, formando jóvenes, asistiendo a misión, ser ese ejemplo que el Papa tanto pide en sus reflexiones: jóvenes que se levantan del sofá a cambiar el mundo, no a cambiar o mejorar su status social eclesial.

 

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