Una voluntaria hecha peregrina

January 28, 2019

 

Semana 2 JMJ- Lunes 21 de enero de 2019 (6:45 p.m. hablando a mi voz interna): Mariee, hay un cambio de planes. ¿Recuerdas todo lo que idealizaste para vivir en esta JMJ con tu gafete de prensa? Olvídalo. Repito. Cambio de planes…

 

Por unas horas vi mi panorama borroso. ¿Cómo era posible que después de años de preparación y de haber elegido minuciosamente qué hacer y dónde servir para la jornada todo se vería brutalmente cambiado casi que sin avisar? ¿De qué sirvió saber desde el 2016 que sería voluntaria si un día antes no tenía funciones?

 

Mis planes de quedarme en la ciudad para la semana de jornada, eliminados.

Mi plan A, B, C y mejor dicho único de servicio del 22 al 27 de enero…eliminado.

¿Qué sigue? ¿Qué hago? Una llamada o un mensaje de voz, no recuerdo bien que fue, cambio todo.

 

Ambar: necesito voluntarios en transporte de la parroquia. Se encargan de ser asignados a una delegación y les toca literalmente velar por el cuidado de ellos y llevarlos y traerlos de cada evento JMJ. ¿Te parece ayudarme en eso?

 

Y así quede con mi nueva  asignación. Casual un día antes de que empezara la JMJ.

Podría decir qué pasó día a día en esa semana, contar sobre asuntos casuales y graciosos, perdidas, enredos de comunicación y largas filas por un bendito tiquete que a veces hasta molestaban para canjear. Pero en realidad, quiero centrarme en todo lo que apredí de esta jornada, más que una cronología, esto es una reflexión de una semana de bendiciones.

 

Había dicho que sería mi última JMJ como peregrina cuando viví el suplicio de caminar más de 10 km rumbo al Campo Misericordia (que de misericordia en temas de ubicación no tenía nada) y me había plasmado en mi cabeza el rótulo de voluntaria sin derecho a cambios. Me había proyectado como esas personas cómodas que viven la JMJ desde un monitor, tomando un chocolate caliente mientras el Papa se tira cualquier homilía digna de resaltar con brillantina o desde un centro de prensa con una laptop encendida por más de 8 horas mientras ponía a prueba mi retentiva o redacción, talentos que puedo decir que se van bien cuando me interesa el tema. Me había imaginado maquillada y conociendo a personajes ilustres y célebres, de esas personas que ves trabajar de lejos y que te emociona estrecharles la mano por los años bien merecidos de labor. Y así, mis expectativas iban por un caminito…un caminito que Dios vio y dijo: negativo, por allá no vas esta vez. Vuelve a intentar para la próxima.

 

Al contrario de eso, Dios me hizo peregrina de nuevo, de forma indirecta y bajo otro título, pero así lo hizo. Con 41 salvadoreños a mi responsabilidad todo apuntaba a una sola cosa: literalmente iba a ser peregrina, solo que con una delegación de extranjeros. Y estaba emocionada, porque en Cracovia me había pasado algo similar al separarme de mi grupo parroquial y ponerme de traductora con otra parroquia de panameños y polacos que hoy en día mantienen un espacio muy especial en mi corazón.

 

El primer día de JMJ los conocí y desde ese primer “feeling” en el bus supe que sería una semana interesante. Tan interesante que no la cambiaría por nada en el mundo. La JMJ se trata de eso, de dejar la rutina, lo normal, a lo que estás acostumbrado y que sabes que puedes llegar sin preocupación. E incluso se trata de dejar por unos días a tus amigos, a los que siempre frecuentas y experimentar la alegría de compartir la fe con jóvenes de otros países que al igual que tú, llevan esa esencia carismática de servicio y buscan alegrar a Dios desde sus imperfecciones, dudas y problemas. Y sí, la primera impresión o pensamientos siempre lleva un ligero cargo de temor porque piensas lo típico al conocer nuevas personas:

 

-¿les caeré bien?

 

-¿Serán divertidos?

 

-¿Serán obedientes?

 

Y así, una lista de dudas existenciales que no se resuelven hasta que te avientas y empiezas el lindo camino de conocerlos. En mi caso, aceptar que me dieran una delegación al azar fue la mejor casualidad que he experimentado desde hace buen rato.

Hoy puedo agradecer por su acogida, por prácticamente demostrarme que sólo basta una semana para forjar lazos de fraternidad que oro porque perduren sobre los años, me enseñaron que una comunidad en medio de sus diferencias siempre mantiene un espíritu de apoyo y de amor, velando por el bien común y buscando las flaquezas de cada uno para superarlas en conjunto.

 

Me demostraron que mi temor inicial por compartir una jornada con peregrinos desconocidos sólo duró un par de minutos porque no habíamos ni llegado al primer evento JMJ y ya me sentía como parte de su delegación. Y cada día que pasaba se me olvidaba que sólo era una voluntaria que buscaba ayudarlos y fui pensando más bien que era una peregrina adoptada por ellos como un regalo, esos regalos que cuando ves atrás te das cuenta que has vivio afortunadamente 3 JMJ de formas completamente diferentes e incluso con personas totalemnte diferentes. Amén por eso.

 

Al final, cada quién vivió su JMJ a su manera. Y oro porque desde su realidad la hayan vivido al máximo y al ver la semana concluir se sientan felices y orgullosos de lo que hicieron y vivieron. En mi caso, me siento dichosa porque Dios me demostró que sus planes son más que perfecto y que quizás era justo y necesario que yo viviera esta jornada más en “mood” de peregrina que como misma voluntaria. Algo hay que trabajar aún, hay más reflexiones que escuchar, más oraciones que hacer, más horas de sueño que reemplazar por trabajo con amor…y así, descubrir poco a poco qué dirección a través de sus mensajes me está señalando Jesús, qué camino tomar, con qué personas permanecer en cercanía, y así muchas dudas más.

 

Esta JMJ no sólo me regaló nuevas amistades y vivencias para compartir, me regaló la alegría de sentir paz una semana entera desvinculándome de tantas cosas tóxicas y poco necesarias que al tener una experiencia como esta te hacen cuestionarte: ¿por qué perdía mi tiempo con esta situación cuando he sido tan feliz esta semana sin tener eso presente?

El Papa nos ha invitado a construir puentes y destruir muros, yo invito a que construyas puentes de amor donde mires a todos como tu semejante y busques el bien común, destruyendo lazos tóxicos y muros de enemistad innecesarios para trabajar con paz y tranquilidad este proyecto permanente de la civilización del amor.

 

Puedo añadir asuntos “plus” como gritar como loca y llorar al ver una familia que admiro y quiero mucho como testimonio ante el Papa, puedo mencionar que ver a su Santidad de cerca varias veces era todo lo que necesitaba para sentir esa paz interior, que sea psicológico o no, allí estaba presente. Puedo decir que rebajé todo lo que comí con los casi 2 kilómetros bajo el sol lejano a la tranquilidad de la Toscana luego de comer comida rápida toda la semana. Y puedo decir que tuve que contener los gritos por 4 benditos minutos mientras Il Volo cantaba como los pinches “manes” elegantes, guapos y demasiado talentosos que se paran frente al Papa y la imagen de la Virgen de Fátima para deleitarnos con el Ave María.

 

Pero de todos estos detalles adicionales, es mi corazón alegre y completamente confirmado al vivir la JMJ con mi delegación asignada lo que verdaderamente me llena de gozo. ¡Gracias benditas casualidades! ¡Gracias cambios de último momentos! ¡Gracias Jesús por regalarme una vivencia de jornada como nunca antes la había vivido!

 

Please reload

Nuestra red de escritores"Como un granito demostaza" te da la bienvenida.

¿Tienes algún artículo que deseas publicar? ¡Únete a nuestra red de escritores! Envíanos tu escrito a comoungranitodemostazapty@gmail.com

  • Wix Facebook page
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon
Please reload

Recent Posts

October 22, 2019

October 15, 2019

October 4, 2019

September 26, 2019

September 24, 2019

Please reload