"Diarios de Semana Santa (Mariee): Un samaritano en la 5 de mayo"

April 12, 2019

Detesto los Metro Bus cuyas rutas no son directas. Yo siempre voy directo y parece que eso no lo entienden a la hora de organizar los horarios de bus…

 

 Eran las 4:45 p.m. del jueves (sí, esto recién me pasó hoy y la verdad sentía que no podría dormir si no lo escribía hoy mismo) y estaba agotada. Dos días seguidos de feria universitaria sólo se resumen en un par de realidades: una voz cansada de repetir el mismo “speech” a más de 150 chicos, hambre y un terrible dolor de espalda por las reconfortantes sillas que nos dieron a cada expositor (dicho en el sentido más sarcástico posible).

 

La ausencia de estudiantes a esa hora ponía todo en orden para retirarnos del stand y dar por finalizada la jornada del día. Había sido productiva, pero agotadora. Caminar hasta la parada ya representaba un delirio y sabía que por la hora la misma estaría repleta. Y tenía razón. Más de 25 personas esperaban un bus para dirigirse a su destino, incluyéndome ahora. Con una laptop camuflageada, mi bolso que siempre está lleno de cosas innecesarias y mi cuerpo en estado casi que automático buscando donde sentarme, esa ruta del bus sería eterna. Luego recordé un detalle más, las rutas donde estaba todas apuntaban a un trayecto largo, de más de 10 paradas hasta antes de mi destino final: Albrook. ¿Y por qué lo digo abiertamente? Pues porque es el destino por excelencia de cualquier chorrerano que busca llegar de una forma u otra a casa en día de semana.

 

Ahora teníamos un paranorama mucho más caótico: una parada llena, una chica tiradísima por la jornada de trabajo, un cargamento extra y una ruta de Metro Bus totalmente absurda y cargada en paradas que representaban 0 interés en mi persona.

El bus de Avenida Balboa se hizo esperar. Media hora…30 contables minutos de agonía y cansancio hasta que el dichoso transporte llegara y de hecho quedara de pie hasta que alcanzamos la parada previa a la 5 de mayo. Allí logré tomar un asiento que daba a la ventana y me permití descansar el brazo al menos por 2 paradas más hasta Albrook.

 

Y no me malentiendan, me da igual por donde pase el bus, pero siempre he tenido cierta intriga hacia Calidonia y la 5 de mayo. Más que áreas populares o llenas de historias tristes del pueblo, lo veo como lugares sombríos, llenos de penas inundadas por la mala vida y la falta de oportunidades. Un suburbio a un costado de una ciudad imponente y llamativa, que resguarda vidas totalmente devastadas y humildes, con ánimos de prosperar pero sin guías claras, de niños con sueños pero con bases familiares alteradas y de ancianos que ven pasar los años con más rapidez, solo porque cada día es una rutina triste donde levantarse es lo único que tienen en duda cada vez que se duermen la noche anterior. Soy honesta, no es mi lugar favorito para pasar, ni uno ni el otro. Sin embargo, es un área donde ya sea que vayas de ida o de regreso de tu punto de partida, vas a tener que pasar (a menos que te lo esquives tomando un directo). Y fue entre mis pensamientos mirando a la venta y mientras escuchaba “Consejo de amor” de Tini Stoesel que los vi. Un samaritano llevando a otro, como una visión anticipada de cómo sería en nuestro mundo actual recrear ese pasaje en que un buen samaritano es quien ayuda a un pobre hombre que había sido golpeado por asaltadores mientras bajaba a Jericó. ¿Quiénes eran?

 

Un hombre ciego, de esos que andan por la vida como almas deambuladoras dependientes de un alma noble que pueda socorrerlos cada día, era llevado de la mano por un vendedor de galletas, esos que suben a los Metro Bus y a veces sus voces y cantos repetidos molestan, ese hombre cuya vida debe ser mucho más difícil que la mía o la tuya como para estar buscando sustento diario en ventas de calle, ese hombre era el buen samaritano de mi historia en ese preciso momento. La imagen de ambos caminando entre el tumulto sólo duró unos segundos, el bus avanzó a tal velocidad para llevarse la luz roja que se avecinaba y luego ambos personajes se perdieron entre la muchedumbre. Quizás solo fue una simple imagen, pero me impactó. Me hizo analizar: cuantas veces quiénes menos tienen son quiénes más dispuestos a ayudar están, porque simplemente es parte de su naturaleza…porque su estilo de vida difícil y las circunstancias de lucha constante los hacen más humanos y les hacen valorar lo mínimo. Así pues, y sin querer extender más este escrito porque ya es bien de noche…que esta imagen que te invito a que intentes imaginar en tu mente sea un ejemplo valiosos previo a este inicio formal a la Semana Santa, un recordatorio de que finalizando esta Cuaresma, no dejemos el cuento de la oración, ayuno y limosna como un proyecto hasta el próximo año en que repetimos acciones tradicionalistas sin encontrarle sentido, sino que sea una motivación para tomar acciones concretas en nuestro caminar espiritual ahora mismo y que queden a largo plazo para hacer más obras de misericordia y de amor hacia el prójimo.

 

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