Memorias de una misión

April 29, 2019

 

 

No es tan relevante el cómo o el por qué llegué al lugar donde estoy, ni la razón por la cual para algunos al parecer perdí, pues me aventuré a lo que en ciertas épocas del año llaman misiones, siendo en este caso las de Semana Santa.

 

No voy a detallar lo que hice para llegar a la comunidad asignada, ni cuanto pesaba mi mochila, o lo que en ella había, pues estaba cargada mayormente de ilusiones, de un deseo de descubrir algo enteramente nuevo, diferente y aunque no es mi primera experiencia como misionero, debo recalcar que cada misión me vuelve un inexperto, alguien que tal vez ideó un plan perfecto para la evangelización, pero nuevamente y como si de una broma mística se tratara, todo lo ideado es cambiado por el Señor, desde con quien iría a misionar hasta el lugar.

 

Bueno, lo que si deseo intentar detallar es la comunidad y la experiencia en sí. 

Usualmente vemos cerros y montañas a la distancia desde la ventana del automóvil o autobús, esas montañas están ahí, inmóviles, casi eternas. La verdad no le prestamos atención a ellas, pues en parte nos parecen inalcanzables, pero cuando ellas te comienzan a rodear, ves las nubes abrazar la cima de ellas y los rayos del sol  escabullirse entre ramas, algunas secas a causa del verano, otras muy verdes que se agitan con sutil alegría cuando las corrientes de aire pasan cerca de ellas y nos traen una brisa fresca que nos renueva mientras caminamos por aquellas calles polvorientas, donde día a día las personas que ahí habitan la transitan diariamente.

 

El sol algunas veces no parece ser nuestro mejor amigo, pues la temperatura solo va en aumento, haciendo algunas veces nuestros pasos torpes, pero ágiles al ver a la distancia un árbol que se engalana con su majestuosa sombra, una sensación que a veces en las zonas más desarrolladas ya no se puede experimentar. 

 

Los pasos siguen, hasta llegar a las humildes casas, donde habitan las personas más magníficas, hombres y mujeres sin la cizaña hacia el extraño. Personas que acogen al misionero, con sus deficiencias buscan ser de utilidad, sirviendo algunas veces con una refrescante taza de te hirviendo, la cual es un complemento para el fuerte sol que nos acompaña, pero que recibimos con alegría, aún cuando esto extiende la visita, hasta refrescar el vital líquido.

 

É sigue donde debe estar y nosotros continuamos la marcha, la cual nos lleva al vía Crucis, el cual en un aire de comunidad se realiza con ilusión, pues algunos moradores dirán que hace años que no se realiza una actividad semejante y en una actitud contraria a sentirnos orgullosos, nos sentimos responsables de presentar los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el cual entre los rostros grises de los niños, a causa del polvo y la ceniza que usan en sus juegos, Él quien está en todo y en todos, nos acompaña en esta travesía.

 

Como en todos lados, la noche llega y la luna nos muestra un contraste entre sombras y luces. Entre las sombras de la noche se eleva una chispa que se transforma en fuego abrasador, el cual envuelve nuestros rostros evocando al mismo Cristo que desde el cirio pascual nos indica el camino a seguir.

 

Las cosas siempre son diferentes ; la casa donde nos hospedamos, las personas en sí, la naturaleza y nosotros mismos.

Finalmente cada comunidad tiene un tesoro, una joya a veces olvidada. Nuestros ancianos, aquellos testimonios andantes de otras épocas, quiénes con sus cabellos grises, su piel arrugada de tanto amar y dar, así como su mirada ya cansada por las décadas que sus pies han andado, son guardianes de una historia folclórica y humana, aguardan sólo ser visitados, para así salir de sus memorias y adentrarnos a nosotros en ellas. Los abuelos, los niños, los jóvenes, adultos en general, así como la mascota inquieta que amenaza con morder pero finalmente cae como un cachorro a tus pies, son y serán siempre una parte de la memoria y el corazón del misionero que día a día, año a año dirige sus pasos hacia donde el Señor le diga.

 

JmTulier

José M Fernández Tulier

El Guiri, corregimiento de la Pava, Distrito de Olá. Escrito el Domingo 22 de abril 2019

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