El diario de Marilin: No soy lo que ves...

May 12, 2019

 

Mi vida parroquial siempre ha sido pública. Desde que me dieron la coordinación de la comunidad juvenil he estado pendiente de cada detalle y poco a poco ese rol se ha convertido en mi más preciado regalo. La Universidad y las relaciones en casa son prioridad, pero pisar la capilla cada domingo es como un suspiro de aire fresco. Y que digo domingos, últimamente puedo decir que vivo en la capilla. Cada evento, cada celebración, cada solemnidad, allí estoy.

Soy de las chicas con las que siempre pueden contar, estoy sumergida en ese lago de actividades que me dan energía, me hacen sentirme bien y a la vez, me consumen.

 

Sí, me consume pero es como un amor masoquista, aún así deseo seguir allí. Responder que sí ante cada llamado que hacen se ha convertido en mi frase distintiva. Siempre estoy dispuesta, sin importar más. Es más, creo que esto es un ensayo para cuando trabaje, si así soy de dedicada en mi puesto de trabajo en un futuro, de seguro tendré a la empresa ganada. He ayudado a organizar solemnidades, en arreglos, limpiando, casi que salgo de la Universidad para ayudar en alguna reunión o pre celebración y mis días libres son para ir a la capilla. Lo sé, aunque somos pequeños tenemos miles de actividades y eso me agrada.

Pero en medio de todo este activismo y demás, hay un lado que nadie ve…un lado de mí que no sale a flote hasta que piso la oscuridad de mi cuarto, hasta que en medio de la soledad, me doy cuenta que ya no tengo a la capilla de guarida o protección. Después de todas esas jornadas de trabajo y a pesar de que me he ganado al grupito que siempre está organizando todo y ahora me toman en cuenta (lo cual es genial), algo no me cuadra.

 

Sé que no le caigo bien a algunos de la capilla, quizás porque ando metida en todo…o porque ya no quiero sugerir a nadie cuando piden refuerzos para distribuir el trabajo. Me duele un poco ver que ya no me escriben quienes antes eran mis amigos, ni me invitan a sus salidas de la tarde, pero es que a esa hora generalmente estoy ayudando en la capilla, eso me limita.

Estoy siempre allí, pendiente, pero quisiera que también estuviesen pendientes de mí. Cuando regreso a casa después de una labor ardua, lloro, lloro demasiado. Llevo meses sin poder volver al psicólogo y me cuesta sobrellevar mi soledad, desde que Lucas cortó conmigo me siento tan sola cuando llego a casa, no tengo con quien hablar, ni quien me pregunte si cené o si ya estoy mejor. Me cuesta mucho estudiar porque mis ánimos no están equilibrados. Hay días grises, donde sonreír es el reto más grande y hay días en que hay tanto que hacer en la capilla que lo único que recibo de llamadas o mensajes es para saber a qué hora voy a ir a ayudar o hasta qué hora puedo quedarme.

 

He descuidado al grupo juvenil. Hace unos meses pensaba que ser su coordinadora era lo mejor del mundo y de verdad me daba en alma y corazón por esos chicos. Supongo que estar tan involucrada en trabajos organizativos me ha desconectado de ellos. Últimamente se reúnen por su cuenta con el chico que también coordina, él tiene más tiempo para esas cosas. No siento la misma buena onda ni el interés de ellos por acercarse a mí, sé que tengo culpa de eso.

Y estar tan cansada me impide incluso prestar atención en Misa. Voy todos los domingos, sí, pero estoy tan pendiente de otras cosas que aceptó que muchas veces solo estoy allí parada, con mi mente divagando en otros asuntos. No me preguntas de qué trataba la lectura porque puede que no lo sepa...con todo y que muchas veces voy a varias Misas en un solo día porque tengo diversos compromisos o asuntos que resolver. He pensado en pedir ayuda o seguir el patrón de distribuir todo entre los demás líderes, pero prefiero hacerlo sola. 

 

Y debo admitirlo, todo el tiempo estoy tan cansada. Con hambre, agotada, preguntándome si alcancé un nivel inferior en mi hemoglobina o si es que necesito más horas de reposo en casa. Pero no me voy, sigo allí en la capilla, vigilante. Temo que irme unos días o tomarme un descanso me quite todo el rango que me he ganado. Y vaya que no quiero dejarlo. Prefiero seguir al pie del cañón que desfallecer y ser un feligrés más. Me costó un par de caídas estar donde estoy y ganarme la confianza de muchos, solo espero que estas acciones que estoy teniendo no me repercutan en negativo más adelante…

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